- Si dejan el pacto con el embaucador, esa regla no tendrá que ser respetada nunca más –soltó Stefan mirando a su alrededor-. ¿Alguna vez se ha puesto a pensar cuántos más de los suyos tienen a sus predestinados entre los sobrenaturales, y no pueden ser completamente felices porque se les niega esa posibilidad?
- El amor, muchas veces, es un limitante –soltó Anastazja con una mirada de tristeza que ella misma no entendió por qué empezó a sentir esa emoción cuando dio su opinión sobre el amor.
- Lideresa Walczak, permita que mi hijo Viktor le explique el plan que el Dios Supremo tiene para los vampiros, y el por qué accedió a que la Madre Luna bendiga a esta especie con la predestinación y el nacimiento de hijos con alma y dones especiales –pidió Stefan, ya que entendió que ese era el momento preciso para que Viktor manifieste su poder divino.
- ¿Qué me podría decir una tierna criatura que aún no ha dejado de ser un niño? –preguntó con burla Anastazja para dejar la tristeza que empezó a sentir ante el comentario que hizo.
- Más de lo que imagina –dicho esto por Stefan, se hizo a un lado y permitió que Viktor se adelante unos cuantos pasos y se pare a su lado izquierdo.
- Estimada señora, gracias por permitirme esta oportunidad de presentarme ante usted y los suyos –la serena y melodiosa voz puberal empezaba a cautivar a los vampiros reunidos en el salón-. Soy Viktor Höller –y el joven dios hizo una venia ante Anastazja-, hijo de Stefan y Amelia, el Puro y la Luz, el primer híbrido de licántropo y vampiro –al escucharse lo último, todos en el salón mostraron asombro, ya que no tenían idea que ese jovencito podría tener madre vampira, ya que su olor no lo delataba-. Y si estoy aquí es porque le traigo el mensaje que el Dios Supremo quiere entregarle a usted y los suyos.
- Niño, tu dios no es el mío –interrumpió Anastazja a Viktor-, por lo que no me interesa lo que tengas que decirnos sobre ese ser que no ha hecho nada por nosotros.
- Estimada señora, se equivoca –refutó Viktor a la par que sonreía con amabilidad y mucha gracia-. Nuestro Padre tiene un plan para que los vampiros por conversión vuelvan a ser sus hijos. Solo tienen que dejar el pacto con Satanás, lo que hará que se unan al resto de pueblos sobrenaturales, llegando a ser una sola gran nación que empezará a manifestar su existencia ante los humanos, ya que el Juicio Final se acerca –lo dicho por Viktor llenó de duda a todos los vampiros en el salón.
- Explícate, jovencito de enigmática mirada violácea –así invitó Anastazja a que el joven dios empezara hablar.
- Gracias, pero antes, quiero entregarle este pequeño y significativo presente que mi hermana le envía –Viktor sacó de entre sus ropas la muñeca de trapo que Viktoria le entregó, detalle que Stefan y los demás desconocían que traía con él-. ¿Puedo? -preguntó Viktor para saber si podía acercarse a la lideresa Walczak, cosa que esta permitió, aunque el general a su lado opuso resistencia.
«Déjalo, es solo un encantador niño», fue lo que dijo la vampira polaca para calmar al general que comandaba el ejército de su clan. Con movimiento firme y respetuoso, Viktor se acercó y entregó la muñeca de trapo, la preferida de Viktoria. Cuando Anastazja vio de lo que se trataba, sonrió gratamente, pero segundos después la tristeza se dejó ver en su rostro. Si la lideresa Walczak pudiera llorar, hubiera empezado a soltar lágrimas por sus rojizos ojos.
- Niño, ¿por qué? –preguntó Anastazja a Viktor. El general, creyendo que algo le había hecho el joven dios a su ama, dejó rápidamente su asiento para golpearlo, pero no pudo porque con un simple movimiento de sus dedos, Viktor sometió al vampiro, manteniendo el cuerpo de este pegado al suelo del salón, sin posibilidad de levantarse. De inmediato la lideresa se explicó-. ¿Por qué veo esta muñeca y siento un profundo dolor que me hace sufrir?
- Cuando dejas tu humanidad al convertirte en vampiro, gran parte de tus recuerdos se pierden, quedando solo lo que promovió el deseo de obtener poder. En su caso, excelencia, fue la venganza lo que hizo que quisiera dejar su mortal existencia para conseguir una que le permita hacer, lo que usted llamó, justicia por sus propias manos. Sin embargo, no recuerda qué es lo que ocurrió para querer vengarse. Ahora yo la haré ver la verdad –y con el toque de su mano derecha sobre la frente de Anastazja, Viktor hizo que los recuerdos llegaran a la mente de la vampira polaca.
Anastazja no nació siendo una Walczak. Cuando era humana se llamaba Danuta y fue parte de una de tantas tribus eslavas que se desarrollaron a las orillas del Mar Báltico, en la zona conocida como Pomerania, entre los ríos Vístula y Oder, en pleno siglo XII, durante el tiempo en que se desarrollaron las Cruzadas Bálticas –serie de guerras religiosas que los reyes católicos de Suecia y Dinamarca y las órdenes Teutonas y Livonia ejecutaron contra los pueblos paganos de Europa nororiental y la cuenca del Mar Báltico durante la Edad Media-. Ella era hija de pescadores, y heredó ese oficio junto a su esposo, Jakub, con quien tuvo una niña a la que llamó Halina. Danuta no conocía la opulencia, pero tenía una vida feliz al lado de su pequeña familia, hasta que un día atacaron a su tribu.
Ya se había corrido la voz entre las tribus eslavas sobre la presencia de caballeros del Reino de Dinamarca que estaban presionando a los lugareños a acogerse al cristianismo, creencia que no querían asimilar por tener muy arraigadas sus creencias paganas. Las historias sobre la violencia que estos “soldados de Dios” ejercían contra los poblados que no accedían a su petición eran aterradoras, ya que mataban a todo poblador sin prestar misericordia a mujeres, ancianos o niños. Ante esto, Jabuk había decidido dejar la tribu junto a su familia para huir de la inminente muerte a la que serían sometidos, pero Danuta le pediría esperar un poco antes de partir, ya que ella no quería dejar a sus padres, por ser la única hija que quedaba viva de la pareja.
Acceder al capricho de su esposa ocasionó la muerte de Jabuk defendiendo a Danuta y Halina del ataque de un supuesto cruzado danés. A diferencia de los relatos que habían llegado a oídos de la tribu, las fuerzas danesas que arribaron esa noche no buscaron doctrinar a los lugareños, sino acabar con ellos. Sin embargo, no serían humanos quienes atacaron la tribu de Danuta, sino magos oscuros que, aprovechando el caos por la cruzada iniciada por los humanos, andaban por los pueblos de la zona haciendo destrozos al querer capturar brujos y hadas entre los eslavos que habitaban esa margen del Mar Báltico. Quien irrumpió en la pequeña choza donde Danuta vivía con su familia fue un mago oscuro, quien molesto por la reacción de Jabuk al repeler su ingreso, hizo que un orco, hecho de los restos de un cruzado danés, ataque al joven esposo, matándolo de un solo golpe.
Ver el cráneo roto de su esposo hizo que Danuta tomara a su hija en brazos, una pequeña niña de cinco años, y saliera despavorida del pequeño hogar que estaban destruyendo. Ella no pudo llegar muy lejos con su hija en brazos porque el orco la alcanzó y golpeó en la cabeza, haciendo que cayera aparatosamente. Danuta sangraba abundantemente, y el que menos pensó que le faltaba poco para morir, pero su deceso no llegaría tan rápido, por lo que pudo ver a ese orco ultrajando a su hija, quien gritaba por el miedo y el dolor que sentía por el asqueroso y cobarde ataque. Tras morir la niña en pleno macabro abuso, su cuerpo fue despedazado y sirvió de alimento para su violador. Danuta lloraba, pero no se podía mover al sentirse demasiado débil, por lo que vio completa la desgarradora escena que terminó con la vida de su amada Halina, una niña de hermosos ojos azules y cabello dorado que trenzaba cada mañana. Del blanco vestido y el delantal verde que su hija lucía esa noche, solo quedaron pedazos rasgados de tela regados por el enlodado suelo. Antes de cerrar los ojos, pensando que ya faltaba poco para morir, lo último que vio fue el escudo del Reino de Dinamarca en la espalda del perpetrador del asesinato de su hija, por lo que Danuta pensó que quienes mataron a su esposo e hija, así como acabaron con su poblado, fueron caballeros daneses que se saltaron el protocolo de invitarlos a formar parte de la Iglesia Católica para arremeter con violencia contra los paganos.
Sin embargo, Szymom, un vampiro de ostentosa cuna, encontraría el cuerpo moribundo de Danuta, y hallar en su rostro el recuerdo de la hija que perdió años atrás, haría que rescate de la muerte a ese despojo humano al hacerla beber su sangre. Una semana después, Danuta despertó siendo una vampira, y recordando un inmenso odio contra los caballeros del Reino de Dinamarca que caminaban por esa parte de Europa nororiental, olvidando el resto de su vida como humana, así como el recuerdo de Jabuk y Halina. Su salvador, Szymom, era el señor del Clan Walczak, quien años atrás perdió a la única hija que su amada Agata había parido siendo humana. Al haberla convertido junto a ellos siendo una adolescente de apenas quince años, la hija del líder Walczak no era capaz de controlarse, atacando cada poblado que encontraba cada vez que la sed por sangre empezaba a quemarle la garganta, por lo que fue exterminada por la Manada Höller. Así fue como Szymom y Agata adoptaron a Danuta, quien, al no recordar su nombre, fue llamada Anastazja, como la hija que perdieron.
Esta nueva Anastazja, quien era una mujer de unos veintidós años, no dudó en expresar su odio por los cruzados daneses a quien ella creía su verdadero padre. Szymom conocía quién había perpetrado el ataque a la tribu de su ahora hija, ya que acompañó al grupo de magos oscuros y orcos hacia esa zona cerca del Mar Báltico en busca de brujos y hadas. Sin embargo, no participó de la espeluznante masacre, ya que un par de días atrás había saciado su sed. El señor Walczak nunca reveló la verdad a su nueva hija, simplemente calló y aceptó darle gusto al ir tras cuanto caballero cruzado apareciera por esas tierras que eran suyas. Así la leyenda sobre la cruel Anastazja se extendió por toda Europa, intentando las manadas acabar con ella, pero su sed de venganza contra aquellos humanos que se creían con el derecho de obligar a otros a creer en un dios que permitía el abuso y la destrucción, hizo que fuera mucho más inteligente que aquella de quien heredó el nombre, por lo que pudo continuar con su existencia durante varios siglos, heredando el liderazgo del Clan Walczak cuando Szymom y Agata fueron exterminados tras enfrentamientos contra los licántropos.
Tras recordar la verdad, Anastazja desató su sufrimiento destruyendo el mobiliario que había en el salón, enfrente de los visitantes y vampiros que conformaban el clan que lideraba. Nadie sabía qué había despertado esa intensa ira en la lideresa Walczak, solo miraban calmados o temerosos, según lo que la poderosa vampira despertaba en quienes la observaban. Tras darse cuenta que la muñeca que tenía en sus manos se le había caído, la buscó desesperada.
- Halina, mi pequeña y hermosa niña –decía Anastazja sumida en el dolor tras recuperar la muñeca y observarla con tristeza y ternura.
- Ella está bien –dijo Viktor, interrumpiendo los pensamientos de la vampira-. Tras morir, su alma regresó a su espíritu, sanó todo el dolor por la repentina e inesperada muerte, ya que ella debió tener una larga vida, y volvió a encarnar. Actualmente está en su quinta vida terrenal –explicó Viktor expresando ternura y comprensión.
- ¿La volveré a ver? –preguntó con temor Anastazja. De algún modo sabía la respuesta.
- No –dijo Viktor y la vampira se dejó caer lamentando su desdicha, abrazando la muñeca de trapo como si de una bebé se tratara-. Perdiste tu alma al ser convertida en una vampira, por lo que, al dejar de existir, el recuerdo que he compartido contigo no llegará al espíritu al que perteneces, y así olvidarás definitivamente a Halina –dicho esto por Viktor, el lamento de la lideresa Walczak se intensificó-. Sin embargo, el Dios Supremo tiene un plan para que los vampiros convertidos puedan recuperar sus almas.
Anastazja dejó de sufrir, se levantó y corrió hacia Viktor. La vampira lucía ansiosa, pero no agresiva, por lo que el joven dios no hizo nada en contra de ella. Con una mirada llena de tristeza, apretando la muñeca contra su frío pecho, esa imponente vampira, líder de uno de los clanes más sangrientos entre los hijos de las tinieblas, se arrodilló enfrente del Híbrido. Todos los vampiros que conformaban el Clan Walczak se sorprendieron al ver la sumisión de su lideresa ante el hijo del Alfa Höller.
- Dime, por lo que más quieras, ¿qué tengo que hacer para poder formar parte de ese plan? –preguntó Anastazja con ruego en su voz.
- Rechazar el pacto con Satanás, arrepentirte de todo el mal que has hecho y cambiar el modo en que has llevado tu existencia durante todos estos siglos que has sido una vampira –dijo Viktor mirando con ternura a Anastazja-. Sé que no es fácil dejar de ser quien has sido por tanto tiempo, pero debes reconocer que, de no habérsete ocultado la verdad, no hubieras cometidos los atroces delitos contra la humanidad y sobrenaturales, ya que los causantes de haber perdido a tu familia, a tu tribu, tu vida y felicidad fueron aquellos que siguen por su propia voluntad al señor del Inframundo, a Satanás.
- Reconozco que no eres un sobrenatural común, joven Höller –dijo Anastazja aún lamentando lo que le había ocurrido a su hija-, por lo que me gustaría conocer tu procedencia antes de entregarte mi respuesta.
- Soy el Híbrido de licántropo y vampiro que nació de la unión del Puro y la Luz, la representación del Dios Supremo entre los sobrenaturales –dicho esto por Viktor, la sorpresa en los ojos de Anastazja y del resto de miembros del Clan Walczak no se hizo esperar.
- Entonces, hago bien en humillarme ante ti –expresó Anastazja agachando la cabeza en medio de continuar con su lamento-. ¿Podré encontrar la paz? –preguntó la vampira al no hallar consuelo al dolor que despertó al recordar su vida como humana y el final de esta.
- Sí. Tras arrepentirte del mal cometido y unir tu clan a La Nueva Alianza, serás una de las primeras en recuperar su alma perdida, con lo que estarás en completa paz.
- Entonces, así será –dijo la lideresa Walczak, para luego dejar su postura sumisa y dirigirse a los suyos-. Clan Walczak, por siglos hemos vivido en una mentira. Satanás y sus seguidores nunca han sido nuestros aliados, sino nuestros opresores. Los magos oscuros siempre se han dirigido a nosotros con soberbia, creyéndonos menos que ellos o que los mismos demonios que por medio de orcos logran tener la experiencia encarnada de este mundo. Ahora, el Dios Supremo nos da una oportunidad de recuperar lo que perdimos por míseras migajas. Es hora de ser mejores –dicho esto, Anastazja alzó la mano derecha, señal de que ella quería el cambio. De a pocos, los brazos derechos de los vampiros polacos empezaron a verse levantados. Todos, sin excepción, aceptaron rechazar el pacto con Satanás y empezar una nueva existencia al lado de los sobrenaturales-. ¿Qué es lo primero que tiene que suceder para iniciar nuestro proceso de ser uno con los aliados? –preguntó Anastazja, y Viktor sonrió.
- Recibir consuelo de nuestra amada madre –dijo Viktor, y mirando a Baihu, el felino entendió lo que tenía que hacer.
Un enorme portal se abrió en medio del salón. La intensa luz que salía de este era tan brillante que los vampiros buscaron alejarse de ella, ya que temieron que pudiera acabar con ellos. Sin embargo, esa luz provenía de Los Cielos y no tenía el propósito de aniquilar a nadie, por lo que ningún hijo de las tinieblas fue lastimado. Unos segundos después, una hermosa y gigante mujer vistiendo un blanco vestido con un manto celeste cubriendo sus cabellos cruzó el portal. Era la Madre Luna.
En el plano terrenal, Los Celestiales y la divinidad se materializan presentándose con cuerpos parecidos al de los humanos, pero con una estatura que sobrepasa por mucho la de la especie moradora por excelencia de La Tierra. La Madre Luna superaba los seis metros, lo que impactó a todos, hasta a la comitiva de sobrenaturales, ya que esa fue la primera vez que se presentó en su estado físico, pero el asombro no duró mucho, ya que la energía divina que proyectaba hizo que todos aquellos que la observaban sintieran una profunda calma en su interior. Acercándose a Anastazja, la deidad de los sobrenaturales empezó a modificar su tamaño, llegando a mostrar la estatura de una hembra humana promedio. Al tenerla enfrente, la lideresa de Los Walczak mostró sumisión arrodillándose ante ella y bajando la mirada, pero la Madre Luna hizo que levante el rostro al tomar la cabeza de la vampira entre sus manos. Con todo el amor que la divinidad guarda para sus hijos, la Madre Luna dirigió unas palabras para Anastazja y Los Walczak.
- Todo lo que pasaste nunca fue el deseo de la divinidad. Sin embargo, de alguna manera somos responsables porque le permitimos a Satanás que influya en la humanidad, y lo que ocurrió contigo y tu familia, cuando te llamabas Danuta, es un ejemplo del daño que el embaucador quiere para el hombre, que entre hermanos se aniquilen, ya que los magos oscuros nacieron entre los hijos del Dios Supremo y fueron los culpables de tu desdicha. Ahora, que abres los ojos al caerse la venda de la mentira, yo cuidaré de ti y de los tuyos, con el mismo amor con el que amaste a Halina, el de una madre dedicada –y el brillo que salió de las manos de la Madre Luna hizo que la tristeza de Anastazja se calme, volviendo a lucir poderosa la vampira polaca.
- Perdón por todo el daño que hice –dijo Anastazja sintiéndose conmovida por esa muestra de amor puro y verdadero, uno que había olvidado cómo era capaz de reconfortar hasta el corazón más herido.
- Se te entrega el perdón por completo –respondió la Madre Luna, y las ganas de sonreír nacieron en la lideresa Walczak-. Ahora debes ayudar a Viktor, quien proviene de mi Luz y es el representante del Dios Supremo, a llegar a otros como tú, que viven engañados por el embaucador.
Tras manifestarse ante Los Walczak, para que sean ellos quienes den testimonio del amor proveniente de la divinidad y la oportunidad que se otorga a los vampiros para recuperar lo valioso que perdieron, la Madre Luna regresó a Los Cielos. Ileana, una vampira que por su acercamiento a la divinidad desde que nació no conoció la maldad, ayudó a Anastazja a dejar la postura sumisa, y la abrazó, demostrándole lo feliz que se sentía al haber contemplado su redención. Así Los Walczak se unieron a La Nueva Alianza y Anastazja se convirtió en la vocera de Viktor entre los vampiros.