Prefacio Parte 2

3298 Words
A las afueras de la Mansión Hagi, en Futako Tamagawa, Setagaya, Tokio, j***n. Cargando una gran cantidad de flechas con punta de piedra de luna, el Alfa y la Luna Höller cruzaron el portal que los llevaría a j***n. Ravi con ayuda de Ania -quien tras el ataque sufrido por el mago oscuro y los dos orcos que llegaron con Mammon a la mansión en busca de Calipso, experimentó un aumento notorio en su poder como bruja, aunque ella no recordaba absolutamente nada de lo ocurrido- cantaron el hechizo que hizo que la ruta entre dimensiones se abriera, haciendo posible que el trayecto hacia otro punto del planeta se realice en pocos segundos caminando. Con la pareja líder iban cien guerreros licántropos; Haldir, el elfo; su hijo mestizo, Elrond, y las compañeras de ambos, las licántropas Marion y Caroline. Ante la noticia de este nuevo ataque por parte de las huestes de Satanás, los miembros del séquito junto a sus parejas eternas y Killari con Helmut se dirigieron a la mansión en Bonn para preparar a los guerreros por si debían retener a los demás clanes al empezar a marchar nuevamente hacia territorio Dracul, mientras que Sara y Austin se dirigieron a Bran, para apoyar en lo que fuera necesario a los nuevos aliados de Los Höller ante un posible ataque. Y tras lo ocurrido la última vez que todos los guerreros de la familia partieron a evitar el avance de los otros clanes, Stefan prefirió dejar en la mansión de Lima a los tres ex Alfas Höller y Marianne, para que protejan al resto de la familia y manada. Al llegar la comitiva Höller a la Mansión Hagi, los brujos del Aquelarre Kamado ya habían hecho el cambio a la dimensión espejo, dejando fuera del entendimiento de los humanos lo que sucedería entre sobrenaturales y demonios. Kotaro, quien fue elegido como el nuevo Señor Hagi, dio la bienvenida a los licántropos. Stefan abrazó al vampiro japonés al recordar que fue su don el que evitó la muerte de Ravi. El joven líder del renovado clan vampírico sonrió ante el gesto que el poderoso Alfa Höller le ofrecía, y al mirar a Amelia le lanzó un «gracias» en silencio porque supo que ella había sido quien comentó sobre su importante participación en la ayuda brindada al brujo Ravi. – Si pudiera sonrojarme, lo haría –señaló Kotaro cuando Stefan soltó el abrazo. El joven vampiro era de buen carácter y muy bromista, por lo que le salía natural ese tipo de comentarios. – En verdad, gracias –soltó Stefan ofreciendo una sonrisa. – Prefiero que me agradezcas protegiendo a los míos –dijo Kotaro serio-, aunque el abrazo se sintió bonito –nuevamente sonreía de manera divertida el vampiro, haciendo ver que mantener la seriedad ante la complicada situación no era lo suyo. – Después de derrotar a las huestes de Satanás, te volveré a dar uno –dijo Stefan, cayendo en el sentido de humor de Kotaro, algo que hizo que Amelia riera a carcajadas porque el vampiro no se esperaba esa respuesta, y su cara de sorpresa le resultó graciosa a la hija de la Madre Luna. Al salir de la mansión hacia la calle, donde se concentraba la batalla, Stefan y Amelia vieron los miles de poseídos por demonios contra su voluntad. El líder licántropo manifestó su desaprobación e ira con un fuerte gruñido, mientras que la hija de la deidad de los sobrenaturales suspiró demostrando contrariedad por lo que veía: el acuerdo que equilibraba la balanza entre el bien y el mal se había roto. – «Wang Xiuying, es el momento de que los guerreros felinos acaben con este abuso y regresen el equilibrio al universo» -manifestó Amelia al conectar telepáticamente con la general de los felinos. – «Así será, hija de la Madre Luna» –respondió de inmediato la felina mientras se dirigía a toda velocidad junto a los guerreros que comandaba y al Alfa Hotaru, que encabezaba otro grupo de guerreros licántropos que se sumarían a los que ya estaban destacados en territorio Hagi. – Que los guerreros sobrenaturales mantengan controlados a quienes nos atacan, que aquellos con el don de equilibrar la balanza están a punto de llegar –indicó Amelia mirando a Kotaro, quien de inmediato entendió a lo que se refería por haber mantenido comunicación con el líder de la Manada Ishiwara. – Dime, mi amada Luna, ¿qué es necesario para ganar este enfrentamiento? –consultó Stefan a Amelia cuando el joven y nuevo Señor Hagi se retiró. – Los felinos son los guerreros que se harán cargo de los poseídos en contra de su voluntad. Tú, mi Alfa, organiza a los guerreros licántropos y vampiros para ir en contra de los magos oscuros y Belial, que de seguro están ocultando la llegada de orcos mejorados –señaló Amelia mientras ofrecía una dulce mirada a su compañero eterno-. Stefan, consigue la piedra de luna que tiene el hijo de Satanás en su poder. Ese es un detalle que no podemos olvidar. Stefan afirmó con un movimiento de cabeza, y tras dejar un beso en los labios de Amelia, se dirigió hacia el campo de batalla. La Luna Höller veía a su amado caminar hacia donde se encontraba Kotaro y el Alfa Hotaru junto a Wang Xiuying, quienes recién habían llegado. Tras organizar la respuesta bélica que darían, los licántropos cambiaron a su forma animal, apareciendo el enorme lobo n***o de mirada azul de Stefan, quien soltó un potente aullido, uno que silenció el ocaso que en ese momento se estaba dando. Al recibir la respuesta de los sobrenaturales en aullidos, rugidos y alaridos, el momento del enfrentamiento cuerpo a cuerpo llegó. Los felinos, liderados por Wang Xiuying corrieron hacia los poseídos contra su voluntad mientras cambiaban a su forma idónea para la batalla. Enormes felinos con características humanoides aparecieron ante los ojos de aliados como enemigos. El recuerdo del enfrentamiento que sostuvo con la especie que se escondió para sobrevivir, hace milenios atrás, llegó a Belial, quien sintió ganas de ir contra ellos por el odio inmenso que quedó albergado en él, señor representante de la soberbia, que tras resultar muy mal herido, no le quedó más que ser arrastrado por los generales demonio a cargo de las legiones que comandaba, hecho que salvó su existencia, pero al quedar maltratado su orgullo, este respondió el gesto aniquilando a los generales bajo su mando, así como a tres de las cincuenta legiones a su cargo, ya que los demonios que las conformaban intentaron ayudar a los líderes injustamente castigados. «Malditos felinos. ¡Los destruiré a todos! Nunca los perdonaré. Me llevaron a aniquilar a mis mejores hombres, entre generales y un buen número de lacayos, al quedar ciego por la ira que sentía al haber sido mancillado mi orgullo. Acabaré con todos. ¡Con todos!», pensaba Belial el más bello de los hijos de Satanás y Lilith, tanto en su forma humana como demoniaca, mientras veía la transformación de los guerreros de la especie sobrenatural enemiga por naturaleza de los hijos híbridos del embaucador. Sin embargo, la memoria kinésica de su cuerpo materializado impedía que este pudiera moverse, ya que el recuerdo no solo trajo al presente el odio que sentía por los felinos, sino también el terror que heló su ser al recordar cómo las garras de sus enemigos podían cortar su carne y huesos, produciéndole un dolor que en su larguísima existencia no había experimentado. Evitando hacer notorio su temor, calmó el temblor de su cuerpo, uno producto de la mezcla de ira y miedo que ver a los felinos le produjo, y se quedó observando a lo lejos, siguiendo los planes que su padre le había encargado. Los demonios se espantaron al ver la transformación de los felinos. De inmediato recordaron lo que eran capaces de hacer contra ellos aquellos con el don de conectar con Los Celestiales y la divinidad. Unos cuantos, los más osados, hicieron frente al avance felino, pensando que estos no se atreverían a dañar el cuerpo humano que poseían. Wang Xiuying fue la primera en chocar contra un demonio poseyendo el cuerpo de un inocente humano. La felina concentró toda su fuerza física y energía en el golpe que impactó contra el pecho de su atacante. El cuerpo del humano rebotó violentamente contra la garra de Wang Xiuying, por lo que se despegaron los pies del suelo y permaneció buen tiempo en el aire por el brutal choque, el cual consiguió que el alma del humano y el demonio dejaran la materia. Con una rapidez sobrenatural, la general felina logró que el cuerpo y alma humana volvieran a unirse al empujar ligeramente la porción etérea contra la carne, para luego dejar descansando al humano sobre el pavimento. El demonio expulsado intentó huir, pero Wang Xiuying lo atrapó asiéndose de una de las patas al hacer uso de su larga cola, lo atrajo hacia ella y soltó un potente zarpazo sobre la desprotegida espalda. - ¡Maldita! ¡Eso duele! –gritaba desesperado el demonio, retorciéndose por el dolor, a la par que intentaba deshacerse del agarre de la felina-. ¡Suéltame, maldita! Ya no estoy en el cuerpo de ese humano. ¡Déjame ir! - Por supuesto –dijo Wang Xiuying, y abrió un portal directo al Inframundo, donde arrojó al demonio. Todo esto pasó bajo la atenta mirada de Belial y los seguidores de su padre con quienes llegó a castigar al Clan Hagi por deshacer el pacto. Tras haber cruzado el portal, este no se cerró, y cuando el demonio se dio cuenta de ello, intentó regresar, pero no pudo. Cada vez que intentaba pasar a la dimensión donde los humanos vivían, la marca que quedó en su espalda brillaba, y una barrera invisible se alzaba, impidiéndole conseguir lo que quería. - ¡Qué me has hecho, maldita! –gritaba el demonio mientras trataba de derribar la barrera. Al reconocer una nueva manifestación del poder de los felinos, Belial supo que no podría avanzar con la legión que había poseído a humanos, por lo que indicó la retirada de ese grupo. Los humanos poseídos empezaron a correr hacia donde se encontraba el hijo de Satanás y Lilith para cruzar el portal que este abrió gracias a la piedra de luna que tenía en su poder, pero, para su sorpresa, los que pretendían huir no pudieron llegar hacia él. Belial había sido atrapado por una barrera que lo rodeaba por completo. La representación de la soberbia intentó romper con su poder su prisión, pero no podía, la única manera de salir de ahí era cruzando el portal que había activado, pero al regresar de seguro iba a ser nuevamente capturado. El híbrido de demonio y humano reconoció a su carcelero cuando logró divisar en lo alto de la Mansión Hagi la atlética y orgullosa figura de un hombre de cabellos rubios platinados, Darius había sido convocado por Amelia para ayudar en el contraataque. Ileana y Amelia acompañaban al General Dracul en lo alto de la mansión. Los tres estaban ahí prestos a utilizar sus dones y poder divino para ayudar a los aliados. Belial maldijo a Darius e Ileana por haber ocultado sus dones a su padre por décadas y ahora estarlos usando para proteger a quienes rechacen el pacto con Satanás. La pareja de hermanos se complacía en ir contra los seguidores del embaucador porque este los obligó a criogenizar a sus padres, ya que los declaró culpables de no ser unos buenos seguidores al haber ocultado el nacimiento de Ileana, cuya identidad Satanás conoció hasta que esta alcanzó su edad de destino, hecho que el líder del Inframundo tomó como una traición. - Gracias, Amelia, por la oportunidad que me das de ayudar a otros vampiros rebeldes y a hacer que Belial explote de ira –dijo Darius sonriendo burlonamente al observar desde lejos los gestos obscenos que el híbrido de demonio y humano dirigía para ellos. - Gracias a ustedes por responder a mi llamado, ya que son dos recursos valiosos en la defensa del territorio Dracul, e igual decidieron venir a mi solicitud –comentó Amelia sonriendo tiernamente a los hermanos vampiros. - Ya sabía que llamarías por nosotros. La Madre Luna me mostró visiones de esta batalla, así como de otras futuras, por lo que sé que seremos de mucha utilidad en la unificación de los pueblos sobrenaturales –mencionó Ileana, sintiéndose feliz al estar en el bando correcto. - Ahora nuestros hermanos felinos podrán liberar a los humanos que por mentiras cayeron presa de los demonios –Amelia terminó de hablar, y al posar la mirada nuevamente en el campo de batalla, vieron como los felinos empezaban a deshacer la posesión demoniaca en la que habían caído los humanos. Los licántropos se encargaban de ingresar los cuerpos desmayados de los humanos liberados a la Mansión Hagi para que los brujos monitoreen su recuperación. Ileana, desde lo alto de la propiedad, ingresaba a la mente de los humanos para borrar los recuerdos que pudieron quedar sobre la posesión demoniaca y cambiarlos por otros más acordes a las actividades que normalmente realizaba cada uno de ellos, lo cual era una tarea maratónica por lo precisa que debía de ser y por la cantidad de mentes que debía revisar en poco tiempo. Sin embargo, el don de Ileana era uno de los más fuertes que se habían entregado a un vampiro por nacimiento, pudiendo hacer el ajuste de memorias de manera masiva y a una rapidez que superaba a los brujos en ese aspecto. Al ver que la primera legión demoniaca había fracasado en su intento por ingresar a la Mansión Hagi, Belial, quien ya se había liberado de la prisión que creó Darius, abrió otro portal del cual salió tres legiones de orcos mejorados por la sangre de un celestial encarnado. Haldir y Elrond empezaron a disparar las flechas con punta de piedra de luna, las cuales al tocar el malévolo recipiente hecho a partir de c*******s, los despedazaba como si de simple hojas de papel se trataran. Por un hechizo que los brujos dejaron en las flechas trabajadas por el único elfo y su hijo híbrido, estas volvían como si de un búmeran se trataba, por lo que no quedaban desprovisto de tan preciado armamento que necesitaban para combatir a esos dieciocho mil guerreros del Inframundo. - ¿No estamos exponiéndonos a un alto riesgo al lanzar flechas con puntas de piedra de luna contra esos orcos? –preguntó Darius creyendo en la posibilidad de que algún mago oscuro o el mismo Belial podían apoderarse de alguna flecha. - No te preocupes, que, tras trabajar las piedras de luna para este fin, pierden poder para cualquier otro que sea de interés para Satanás y sus seguidores –el comentario de Amelia tranquilizó al vampiro. - Amelia, ¿recibirán algún castigo por haber roto el equilibrio del universo al poseer humanos a la fuerza? –preguntó Ileana, quien imaginaba que el Dios Supremo desataría su furia contra los residentes del Inframundo. - El castigo ya lo han recibido aquellos que ejecutaron la posesión, ya que, al ser marcados por nuestros hermanos felinos, no podrán dejar el Inframundo por un muy buen tiempo. Sobre aquellos que la ordenaron, su castigo será perder esta guerra y ver cómo nos convertimos en un solo gran pueblo de sobrenaturales al lograr que todos los vampiros dejen el pacto con Satanás –las palabras de Amelia hicieron sonreír a los hermanos, ya que ambos soñaban con un mañana donde puedan vivir felices junto a sus predestinados y sus familias. Mientras que Haldir y Elrond disparaban con mucha destreza y rapidez las flechas con punta de piedra de luna, Stefan y Hotaru organizaron a los guerreros licántropos de tal manera que empezaron a acordonar a los enemigos, facilitando la labor del elfo y su hijo híbrido, a la vez que buscaban llegar a Belial para quitarle la piedra de luna que portaba. La representación de la soberbia no se había percatado de cuán cerca de él ya estaban los Alfas, hasta que los quejidos de dolor previos a la muerte de uno de los magos oscuros que llegó con él rompió la concentración que había fijado para abrir y cerrar portales que ayudaban a los orcos a escapar, para luego arremeter desde otro punto del campo de batalla, algo que no estaba funcionando, pero que su ego le impedía ver. - ¡Malditos perros! –gritó Belial al darse cuenta que estuvo a punto de ser emboscado. Al llenarse de ira por darse cuenta que una vez más estaba tomando decisiones equivocadas en la batalla, Belial soltó su poder. El poder de los hijos de Satanás era el mismo que gozaban Los Celestiales cuando, por pedio del Dios Supremo, se mezclaban entre los hombres, por lo que podía inmovilizar a sus enemigos y hacerlos padecer de dolores intensos, lo que hizo con el Alfa Hotaru al ser el primer licántropo que vio demasiado cerca de él. Hotaru se retorcía de dolor, intentando no lanzar alaridos que más bien animen el ego de Belial, algo que en verdad molestó a quien también era un Príncipe del Inframundo. En un abrir y cerrar de ojos, Belial ya se encontraba enfrente de Hotaru, dispuesto a acabar con la vida del Alfa, pero Stefan, en su forma de lobo, atacó al híbrido de demonio y humano, haciendo que este se olvide del líder de la Manada Ishiwara y se concentre en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo que había iniciado con el compañero eterno de la hija de la Madre Luna. Al pensar que un simple licántropo no podía hacerle ningún daño mayor, aunque este tuviera un enorme lobo como era el de Stefan, Belial se dispuso a disfrutar del combate que sostenía con el Alfa Höller. La sonrisa en el rostro del híbrido endemoniado desapareció cuando Stefan pudo acertar una potente mordida que casi desgarra el brazo izquierdo de Belial. Al comprobar que ese licántropo no era como los demás, quiso inmovilizarlo y hacerle sufrir un intenso dolor que terminaría por enloquecerlo, pero los segundos pasaban y Stefan no demostraba ninguna señal de estar siendo afectado. Darius había seguido la contienda entre Alfa e hijo de Satanás para ayudar, de ser necesario, al licántropo, de ahí que, cuando vio que Belial se preparaba para lanzar su ataque, protegió a Stefan al encerrarlo en una barrera impenetrable. Belial quería acabar con la vida de ese licántropo que osó atacarlo, pero tuvo que desistir de ello al no poder romper el escudo protector que mantenía a salvo a Stefan y porque las cuatro legiones que había llevado para el ataque habían sido derrotadas, siendo los demonios confinados en el Inframundo por un prolongado tiempo gracias al poder de los felinos. Jurándose tener otra oportunidad para cobrarle al Alfa Höller el dolor que sintió ante la potente mordida que le propinó, el híbrido de demonio y humana cruzó el portal que abrió con la piedra de luna que portaba, dejando una amenaza que en un futuro se haría realidad. Después de este segundo intento, los ataques se intensificaron contra Los Dracul y Los Hagi, además que también se extendieron contra los demás pueblos sobrenaturales, lo cual causó que los licántropos y felinos tuvieran que distribuir estratégicamente a sus guerreros para apoyar a cada aquelarre y campamento en La Tierra. Con el paso del tiempo, los vampiros de los dos clanes aliados se fortalecieron y también enviaron guerreros a los territorios de brujos y hadas, para ayudar en la defensa de aquellos que no nacieron para pelear. Todo esto se dio por tres años, sin tregua que permita el descanso físico ni emocional de quienes estaban inmersos en la guerra.
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