El rumor dejó de ser un murmullo cuando cruzó una puerta equivocada y llegó a oídos correctos, y a partir de ese momento dejó de pertenecer a los pasillos para instalarse en un terreno mucho más peligroso, uno donde las palabras no se diluían sino que se registraban, se analizaban y se convertían en decisiones, y esa mañana el hospital no parecía el mismo porque algo invisible, pero innegable, había cambiado en la forma en que las personas se miraban, en cómo se detenían apenas más de lo necesario a observar, como si todos supieran que algo estaba a punto de estallar, aunque nadie lo dijera en voz alta. Alma lo sintió antes de entenderlo. No fue una conversación directa ni una advertencia clara, sino una acumulación de pequeños gestos, de silencios extraños cuando se acercaba, de miradas

