Con un pequeño paso dejó de existir la abertura que había entre nosotros lanzándose a mí. Me agarró de las caderas y me acercó a él tomando mis labios salvajemente. Estaba tan trastornada por lo que él estaba haciendo, que al principio me quedé helada. Luego cerré los ojos y tiré mi galleta haciendo que mis brazos se recarguen alrededor de su cabeza atrayéndolo más a mí y profundizando el beso.
Sus besos eran mi perdición, me sentía de nuevo tan viva que la ilusión de estar así siempre con él volvió a mis entrañas haciendo que se estremezcan de felicidad. Éste hombre me gustaba más de lo que debería gustarme, de hecho, él no me debería gustar por la forma en que me trata, pero algo hace que me encante de una manera impresionante. Algo ahí me dice que es mío y que no lo deje ir.
Pero en realidad, la cosa no era así.
Sentía el calor recorrer todo mi cuerpo y el me movió acorralándome en el refrigerador donde arriba descansaban las galletas que han quedado al igual a todo lo que he tirado hace un momento y yo cerré los ojos dejándome llevar ante este hombre tan maravilloso y que increíblemente me estaba besando. Yo abrí la boca al sentir que el hacía lo mismo y su lengua me recorrió toda la boca haciéndome sentir una mujer llena y también extrañamente querida. Traté de seguirle con mi lengua lo cual hizo que el gruña de tal ves satisfacción y me acercó más a él.
Yo me dejé llevar ante este acto que en realidad era la primera vez que yo hacía y que increíblemente me ha gustado. Después de varios minutos nos separamos con las respiraciones como si hubiéramos corrido una maratón y el me miró a los ojos que ahora se habían dulcificado y que así de cerca se podían ver más claros con su hermoso color miel.
—¿Por qué no me ha contestado? — fue lo que dijo y que me hizo sentir confusa ¿contestado? —El email. — respondió a mi pregunta que no fue hecha, pero en mi mente sí.
Lo miré sin saber que decir porque estaba sofocada, al igual que me sentía sumamente intimidada por éste hombre, ya que al parecer él no me quería dar un pequeño espacio para siquiera respirar y recobrar la postura. —¿Por qué lo contestaría? — dije sin pensarlo acalorada por la situación de hace un momento.
El abrió los ojos con sorpresa, no se esperaba esa respuesta. — Porque soy tu jefe. — respondió de una manera obvia y engreída lo que hizo que me enfureciera. Pero me contuve porque, aunque me duela, era cierto.
—El jefe de mi jefe. No tengo porque hablar contigo. — me crucé de brazos y esperé su reacción que para mi sorpresa fue una gran carcajada.
—Jefe, ahora en adelante. — contestó sonriendo y yo lo miré atónita ¿qué?
—No. — abrí la boca y el me cayó con el dedo besando mi mejilla.
Él me está subiendo de puesto, cosa que ya veían venir esas tres chicas en el baño y toda la empresa, ahora sí soy una ofrecida.
—Sí, señorita Helds. Tú estarás a mi servicio ahora en adelante. — murmuró con su sonrisa de superioridad y yo me sentí con unas inmensas ganas de vomitar en su cara. —Sus cosas se están reubicando en este momento.
Lo miré incrédula y el con su misma sonrisa se dio la vuelta yéndose hacia afuera caminando con despreocupación y con elegancia como siempre lo hace. Mientras yo me quedaba helada en la pequeña habitación de almacén sin palabras por lo que acaba de pasar, toda mi mente se ha hecho un nudo. No sabía que pensar, sólo se me vino una palabra a la mente y esa fue ''Ofrecida''.
*
—¿Por qué tan triste, Mia? — Giovanna llegó a mi lado como siempre entre el cambio de clases y yo no podía sacar de mi cabeza esa palabra que no me ha dejado dormir. —¿Haz conocido a un chico? — sonrío y yo la miré impresionada por las cosas que ésta podría recrear en su mente.
—Me han subido de puesto. — contesté sin ánimos y otras inmensas ganas de llorar como lo hice toda la noche en mi departamento volvieron de la nada, al igual que las ganas de vomitar.
—¡Muchas Felicidades! — gritó mi amiga y saltó dándome un abrazo cosa que no devolví porque no me sentía feliz por el puesto, en realidad no lo quería. — Oh dios mío, tenemos que festejar. — dio un brinquito de alegría y yo me obligué a sonreír de lado.
—No creo... — Claro, ella no sabía nada de lo que ocurría en la empresa y sobretodo con Alexander Rickford y todos los sentimientos encontrados en mi corazón.
—No empieces, qué esto merece una fiesta en grande, y para eso tu y yo nos iremos a la disco hoy en la noche. — yo abrí la boca para decir un ''no'' pero ella se apresuró para callarme la boca — Sin peros. Mia, hace mucho que estás ahí y tu y yo, más tu... sabes que lo necesitas. Una noche de copas no será nada, esto es digno de una celebración.
La miré pensando que en realidad ella tenía razón, ofrecida o no. Hoy me divertiría junto a mi amiga para sentirme mejor conmigo misma y tener más fuerza para que el día siguiente llegue confiada y sin querer darme latigazos en la espalda.
—Tienes razón. — dije sonriendo y alzando un poco más mi autoestima que siempre ha estado en el suelo.
—Perfecto, paso por ti a las ocho. Hoy estaremos de cacería... —gritó antes de irse corriendo hacia su clase y yo solté una risita. Mi amiga está un poco loca.
Con esto dicho me fui a mi clase que estaba a unos metros de distancia y a unos minutos de comenzar para luego sentarme en mi pupitre y regresar a la antigua yo.
Cómo desearía no haberlo conocido.