Capítulo 1

1185 Words
Me remuevo en la silla que se encuentra enfrente del enorme escritorio por lo incómoda que en esos momentos me enfrentaron. Miré el escritorio que estaba enfrente de mí y en él había nada más y nada menos que un portátil color blanco. Desvío la mirada hacia el hombre con un traje costoso, con un perfil perfecto y una cara que te da un tremendo susto, este se pasea de un lado a otro. Podría compararlo con un león enjaulado. Él me mira por unos segundos antes de seguir dando vueltas sobre sus talones una y otra vez. Sus ojos son de un color miel al igual que su cabello. Él era simplemente hermoso, parecía estar hecho por los mismísimos dioses, tal vez maría mía pero yo lo parecía de ése modo. Cualquiera podría pensar que es un hombre común y corriente al mirar a la cara, más bien parece muy joven para ser dueño de una empresa tan exitosa. - ¿No te han enseñado a tocar? - dijo. Miré mis manos y juguete con ellas para no mirarlo de nuevo. Estaba muy apenada por lo sucedido, ver al jefe de mi jefe con una mujer en la mesa entrelazando sus piernas alrededor de él, no es algo por el cual debata presumir. -Lo ... siento, señor. - Tartamudeé al sentir su mirada fija en mí y tomé una decisión errónea al mirar sus ojos color miel que estaban llenos de furia. -Como mar. - Dijo molesto y yo volví a mirar mis manos entrelazadas. - ¿A qué ha venido? ¿Acaso trabajas aquí? No sabe que trabajo aquí, lo que era la esperarse, puesto que siempre ha sido una persona marginada y que él es el dueño de este gran imperio no me conociera, no me resulta para nada extraño. Ésta empresa es enorme y que un hombre como él, se dé cuenta que existo es realmente imposible, apuesto que nisiquiera recuerda el nombre de su ama de llaves. Un recuerdo fugaz llegó a mi mente y en ella habían imágenes de el lado mi en el elevador, tal ves no recuerde o nunca se dio cuenta de mi presencia, yo lo miraba a escondidas y él nunca se percató qué estaba allí. Posteriormente, no volverá a la empresa por una larga temporada hasta ahora, por lo tanto es cuestionable si él puede manejar este imperio tan bien como su padre lo había hecho. -Si. - dije tratando de tener una voz tranquila. - Digo, señor. Trabajo aquí desde hace tiempo. -Oh, claro, mi padre siempre ha tenido la manía de contratar a las personas sin experiencia. - me quedé helada al escuchar aquel comentario y la furia se acumuló en mi garganta haciendo que haga un mohín ¿Ha insinuado que soy una inútil? -Déjeme decirle, señor Rickford. Si estoy aquí es por algo y ese algo hizo que su padre me contratara, y usted no puede juzgarme sin conocerme, ni conocer mi trabajo. - Dije un poco roja llena de rabia. Lo miré desafiante, pero al verlo con el ceño fruncido mi cara se contrajo en un nanosegundo. Perdió mi trabajo. -Pues déjeme decirle señorita ...- esperó unos minutos a que yo le dijera mi apellido o tal vez mi nombre, lo que hice. - Helds, Mia Helds. -Señorita Helds, lamentablemente mi padre ya no está ni estará presente en esta empresa, por lo tanto, seré el nuevo jefe, así que si quiere mantener su trabajo debería tener más respeto a sus superiores. - alzó la ceja hacia mi dirección con superioridad, y mi cara se tiñó roja de vergüenza y de furia. Necesitaba el trabajo si quería seguir estudiando, por eso él estado soportando a mi jefe que es insoportable. Sin darme cuenta hice un mohín al recordar su café que siempre tiene que estar listo en las mañanas, que por cierto siempre me queda asqueroso, no es mi problema no ser perfecto preparando el café. - ¿A que ha venido? Lo miré de nuevo saliendo de mis pensamientos y mirar su barbilla perfecta me puse nerviosa. -Yo ... - espeté nerviosa y luego me removí haciendo que mi nerviosismo se convierta en valentía, lo cual increíblemente funcionó. -Yo vino porque me han dado este informe para usted - me planteé hacia él y le entregué la carpeta de color amarillo que tenía en mis piernas. -¿Y quién lo ha mandado? - Tomé confuso, tomando la carpeta que yo le estaba entregando. -Charles Gurmot - contesté y él asintió haciendo una mueca. Estaba seguro de que no tenía ni idea, porque él ha estado aquí desde la semana pasada y desde que su padre había fallecido, Alexander, con veintiocho años ha sido forzado a tomar su lugar evitando sus vacaciones extremadamente largas en Italia. -El encargado de p********a y publicidad. -¿Y usted que es lo que hace en la empresa? - me miró y yo me sentí más pequeña de lo que ya me consideró ante este hombre tan perfectamente tallado por los dioses. -Yo .. - dije un poco insegura pero luego me removí agarrando un poco más de valor - soy secretaria del señor Gurmot. -¿Y para eso ha estudiado? - él estaba haciendo muchas preguntas que no tenía muchos ánimos de respuesta por la escena que había descubierto un momento, pero era mi jefe y estaba sentado al otro lado del escritorio con sus ojos fijamente a mí, no estaba más intimidada. -No, en realidad no he terminado de estudiar, señor. - contesté, extrañada por las preguntas. -¿Y porque trabajas aquí entonces? -Me consideró como si estuviera en una entrevista de trabajo por la cual no estaba preparada. Yo solo quería irme inmediatamente de aquí y trabajar en la nueva publicidad que debería estar creando mi jefe o simplemente preparando su café. -Lo siento, señor. Pero debería seguir trabajando. - dije un poco insegura, ya que gracias a Dios este hombre no me ha quitado el trabajo. Me levanté con cuidado a que mi torpeza no me ganara y seguir haciendo el ridículo con este hombre que asintió al levantarse de su silla y me acompañó a la puerta. Tomé la manija, pero él me agarró el hombro haciendo que mis entrañas tiemblen con emoción y miedo. -Señorita Helds, debería olvidar lo que ha pasado aquí hace unos minutos. - Dijo con un tono severo y yo le contesté de la misma forma, lo que hizo verme fuerte, o eso espero. -Si su preocupación es que yo le comente a alguien lo que ha visto, puede estar tranquilo. Yo más que nadie quisiera olvidar esa escena. - Le dediqué una sonrisa antes de pasar por la puerta y seguir mi camino hacia el elevador. Al esperar que este me abriera paso, me giré disimuladamente hacia el lugar de donde yo venía y fue lo último que vi antes de toparme con la puerta que él había tocado hace unos segundos. Me desplomé en el elevador que se cerraba poco a poco y respiré profundamente. Dios mío, he sido el maldito infierno ahí dentro y él ha sido el mismísimo diablo con el cual no quiero volver a tener contacto alguno, pero lamentablemente tendría que volver a verlo porque era el jefe y dueño de esta empresa.
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