Capítulo 27

1547 Words
Lía “Necesito aire” No fue una decisión valiente. Tampoco cobarde. Fue cansancio. El tipo de cansancio que no te deja pensar, solo moverte. Abrí el armario y saqué la mochila pequeña, la que usaba para escapadas cortas. Dentro metí lo justo: documentos, algo de dinero, el cargador del móvil. Nada que gritara me voy para siempre. Solo me voy ahora. La caja seguía sobre la mesa. No la miré. Si la miraba, no salía. Me puse la chaqueta y comprobé el móvil. Sin mensajes nuevos. Sin llamadas. No le escribí a Gael. No porque no quisiera. Porque si lo hacía, me quedaba. Y ahora mismo no podía quedarme. Necesitaba distancia. De Nico. De Gael. De esa presión constante de ser el centro de una guerra que no había elegido. Me repetí lo mismo varias veces mientras cerraba la puerta: No estás huyendo. Estás tomando aire. Bajé las escaleras sin hacer ruido. La calle estaba gris, todavía a medio despertar. Ese momento extraño en el que el día no ha decidido qué va a ser. Caminé rápido, sin rumbo fijo. Estación, quizá. O el autobús que salía hacia cualquier sitio que no fuera aquí. Sentí el alivio llegarme al pecho con los primeros pasos. Ese engaño dulce que te hace creer que moverte basta para escapar. Pero también sentí otra cosa. Una presión sorda en la nuca. Como si el aire se hubiera vuelto más denso. No miré atrás. No quería comprobar si estaba equivocada. Apreté el paso. El sonido de mis propias pisadas me parecía demasiado alto. Solo unos días, me prometí. Solo hasta que todo se calme. No sabía —no quería saber— que había decisiones que, una vez tomadas, ya no te pertenecen. Y que algunas huidas no hacen más que anunciar a los depredadores dónde encontrarte. Nico “No se huye sin permiso” La huida siempre tiene un sonido. No es el de los pasos. Es el del silencio previo. Por eso supe que iba a irse antes de verla salir. Las personas cansadas hacen lo mismo: recogen poco, miran menos y creen que moverse es suficiente para romper un círculo. Se equivocan. Estaba aparcado dos calles más abajo, con el motor apagado y las manos tranquilas sobre el volante. Nada de prisas. Nada de nervios. Cuando apareció, la reconocí al instante. La mochila pequeña. La chaqueta cerrada hasta arriba. La mirada fija en ningún sitio. Ahí estás, pensé. No la seguí de inmediato. Dejé que caminara. Que creyera. Que respirara ese alivio falso que dura lo justo para bajar la guardia. Luego arranqué. Me puse a su altura despacio, sin invadir. Como quien se equivoca de trayecto y comparte unos metros de acera. —¿De verdad pensabas irte sin avisar? —dije desde la ventanilla bajada, con voz tranquila. No se sobresaltó. Eso me gustó. Se detuvo. Muy despacio. Como si ya supiera que no había salida limpia. —Apártate —respondió, sin mirarme. Sonreí. —No estoy en tu camino —dije—. Eres tú la que ha elegido pasar por el mío. Se giró entonces. Sus ojos estaban cansados, sí… pero no rotos. Todavía no. —No quiero problemas —dijo. —Yo tampoco —contesté—. Por eso estoy aquí y no otro. Salí del coche. Dejé la puerta abierta. Que viera que no llevaba prisa. Que entendiera que aquello no era un asalto. —No puedes irte así —continué—. No cuando hay gente moviéndose por ti. —No eres nadie para decirme lo que puedo o no puedo hacer. Asentí, concediéndole el punto. —Es verdad. No soy nadie. Di un paso a un lado, despejando la acera. —Camina —le dije—. Si eso es lo que quieres. La observé dudar. Ese segundo en el que el instinto pelea con el orgullo. —Pero recuerda una cosa —añadí—: cuando alguien huye solo, siempre hay alguien dispuesto a recoger lo que deja atrás. No la toqué. No la amenacé. No hice nada. Eso era lo importante. La presión estaba en las palabras. En la certeza. —Gael va a ir detrás de ti —dije, casi con piedad—. Y cuando lo haga… va a perder el control. ¿De verdad quieres eso? Ahí lo vi. El temblor mínimo en sus dedos. La respiración que se le desacomoda. Bingo. —Vuelve —dije—. No porque yo te lo pida. Sino porque ahora mismo irte es lo más peligroso que puedes hacer. Guardé silencio. Ella bajó la mirada. No vencida. Pero consciente. —Esto no ha terminado —añadí, mientras volvía al coche—. Solo se ha aplazado. Arranqué despacio y me fui sin mirar atrás. No hacía falta. Sabía que, pasara lo que pasara a continuación, la huida ya estaba rota. Gael “Demasiado tarde” Algo no encajaba. No era una intuición. Era una ausencia. El bar estaba abierto, Héctor en su sitio, todo aparentemente normal… y aun así, ella no estaba. —¿Lía? —pregunté, sin elevar la voz. Héctor negó despacio. —No ha venido. Sentí el golpe en el estómago antes de que mi cabeza lo procesara. —¿Cómo que no ha venido? —Salió temprano —respondió—. No parecía bien. No esperé a escuchar nada más. Fui directo al piso. Subí las escaleras de dos en dos, con el pulso acelerado y una certeza creciendo a cada paso: había intentado irse sin decir nada. Abrí la puerta. Silencio. Demasiado orden. Demasiado vacío. La vi enseguida. La mochila no estaba. El cajón del recibidor abierto. El hueco donde guardaba los documentos, vacío. Joder. Me pasé una mano por la cara, intentando pensar con claridad, pero el miedo ya había ganado terreno. —No… no… —murmuré. Saqué el móvil. Una llamada. Dos. Tres. Nada. Ni buzón. Ni mensaje. Ese silencio era un grito. Me giré sobre mí mismo, como si pudiera encontrar una pista más. Algo. Cualquier cosa. Entonces lo entendí. Había huido sola. Y al hacerlo… había hecho exactamente lo que Nico quería. La imagen de ella caminando con esa mochila me atravesó como una puñalada. Cansada. Apretando los labios. Convenciéndose de que moverse bastaba para salvarse. —Joder, Lía… —susurré—. No así. No cogí chaqueta. No cerré bien la puerta. Bajé a la calle y empecé a caminar rápido, repasando rutas posibles: la estación, la parada del autobús, cualquier lugar donde pudiera desaparecer sin mirar atrás. Y mientras corría, algo se me hizo insoportablemente claro: No estaba enfadado con ella. No estaba dolido. Estaba aterrado. Porque si Nico la había visto salir… si había intuido la huida antes que yo… Entonces no iba detrás de ella por orgullo. Iba detrás de ella porque podía perderla. Y eso… eso era exactamente lo que Nico estaba esperando. Lía “Alcanzarte no es salvarte” Lo oí antes de verlo. No fueron pasos. Fue su respiración, rota, demasiado cerca. —Lía. Me giré despacio. Ahí estaba Gael, con la mirada descompuesta, el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido contra algo más que la distancia. —¿Qué haces aquí? —pregunté. La pregunta salió fría. No era lo que sentía. Era lo que necesitaba para no derrumbarme. —Te estabas yendo —dijo—. Sin decir nada. Apreté la tira de la mochila. —Necesitaba aire. —Así no —respondió—. No sola. Me reí sin humor. —Siempre he sabido hacerlo sola. Se acercó un paso. Yo no retrocedí. Pero tampoco avancé. —Eso no te hace invencible —dijo, con la voz baja—. Te hace vulnerable. —¿Y quedarme contigo no? El silencio que siguió fue espeso. —Alguien te vio —añadí, mirándolo por fin—. Antes de que llegaras. Su mandíbula se tensó. —Nico. Asentí. —No me tocó. No me gritó. No hizo nada —tragué saliva—. Y aun así… me detuvo. Gael cerró los ojos un segundo. Como si esa confirmación le pesara más que un golpe. —Por eso vine —dijo—. Porque sabía que iba a pasar algo así. —Y aun así pasó —respondí—. Porque huir no lo rompe. Solo lo aplaza. Nos miramos. Dos personas cansadas. Asustadas. Demasiado conscientes de lo que se estaba cerrando alrededor. —No puedo vivir así —dije—. Ni vigilada. Ni escondida. Ni escapando. —Yo tampoco puedo perderte —contestó—. No así. Hubo un segundo —uno solo— en el que pensé que me abrazaría. Que me diría que todo iba a ir bien. No lo hizo. Se quedó quieto. Respetando el espacio. Aprendiendo tarde. —Volvamos —dijo al fin—. Juntos. Miré la calle. La mochila. El camino que no llevaba a ninguna parte. Asentí. No porque estuviera tranquila. Sino porque entendí algo que dolía más que el miedo: Irme sola no me protegía. Solo me dejaba a la vista. Y Nico ya lo sabía. Caminamos de vuelta sin tocarnos. Sin discutir. Con la certeza de que la huida había fracasado. Y de que el siguiente movimiento… ya no sería mío.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD