Kruger mató al oficial de la rebelión. Descendió en picada y disparó un misil que destruyó tres unidades de tanque pesado. Dentro de uno de los tanques, estaba el oficial. No podrá asistir al cumpleaños de su hija adolescente. Además, la esposa deberá buscar un nuevo marido que sustente la economía del hogar. Cada humano es reemplazable de acuerdo a las necesidades del vivo.
Los gemelos se encontraban en el flanco este, a kilómetros del bosque de Urman. Habían perdido el rastro de energía de James y Jonast, de manera que conjeturaron una posible muerte por alguna criatura que rondara el bosque. Sin embargo, no querían dejar cabos sueltos. Al finalizar el apoyo aéreo del flanco este, se dirigieron al aeropuerto para aterrizar. Pero un llamado de emergencia los alertó de un posible peligro en tierra: un extraño ser mutilador de hombres ronda por el territorio. Ambos hermanos se miraron desde sus respectivos cazas. La emisión era del capitán al mando de la defensa del aeropuerto. Se escuchaban gritos desesperados en el fondo.
Kraga miró hacia la torre control, una de sus luces se apagó de pronto. El miedo no era una opción, pero sí era inevitable sentirse perturbado por un enemigo desconocido.
Las bajas eran incontables, tanto calvarian como rebeldes habían fallecido. Los fallecimientos por mano armada eran mínimos, en comparación de las bajas causadas por las criaturas del bosque. Kruger transmitió una onda de energía, que seguro James y Jonast sintieron. «No es seguro bajar, Kraga. Hay una cosa peligrosa que puede ser superior a nosotros. No hemos sido capaces de durar en combate contra el líder, menos podremos enfrentar una criatura que desconocemos. Piénsalo, habían magos de nuestro lado, hombres expertos, guerreros de buena cepa, por no decir que eran los mejores del ejército terrestre. La mayoría están muertos. Mira, allá, a tu derecha, hay fuego, pero, pronto, se apaga como acabamos de ver. ¿Seguro qué deberíamos aterrizar? No estoy de acuerdo», habló Kruger mediante la telequinesis, su voz era gutural.
El caza de Kraga se desvío hacia el aeropuerto. Kruger lo siguió. Por su mente pasaban los escenarios posibles de una derrota efectiva en pro de la criatura. Su deber era proteger a su hermano, dado que si este moría, él también fallecería. El lazo de sangre que los une desde el nacimiento, era más una condena que un beneficio. Sin embargo, era más fácil ejecutar los conjuros sincronizados.
Las luces de la torre de control, se apagaron por completo. Kraga intentó llamar a la torre, pero nadie respondía, oían el ruido blanco de la radio. Kruger, de pronto, sintió una masa de energía que provenía de la torre, sus ojos se extendieron. Mandó otro mensaje mental: «Hermano, reflexiona. Al parecer, hay una energía, titánica, que proviene de la torre. Es superior a nosotros, tendremos escasas probabilidades de victoria. ¿Aun así quieres aterrizar en el aeropuerto y asegurarte de la muerte de los Biancanos? Ellos deben estar muertos, seguro fueron víctimas de la criatura».
«No me importa», sentenció Kraga. La voz de Kraga carecía de entonación. Además, escucharla provocaba frío, como si te encontrarás en un rincón apartado de una habitación con el aire acondicionado a baja temperatura. «Tú y yo podemos. No nos enfrentaremos a la criatura, si no a los biancanos sobrevivientes. Si ellos aún viven, vendrán al aeropuerto, es el único medio de escape seguro que tienen. Regresar a Urman significa ser apresado por nuestras fuerzas».
El caza de Kraga dibujaba, con la punta de sus alas, dos líneas de nubes blancas.
«Debes agradecer que tengo hambre, de lo contrario no hubiera accedido tan fácil a tu petición de aterrizar en el aeropuerto», objetó Kruger. «Hasta ahora he probado a los biancanos de Urman. Quiero probar a los biancanos de la capital. Deben saber diferente. Sus intestinos deben poseer un único sabor».
«Es una lástima que no este no estemos en Arcorian. La guerra terrestre lo domina Calvior, pero Celis combina lo mejor de los tres componentes de la milicia. Nos llevan ventaja en aviación, incluso. Pero estamos en Urman, no podemos hacer nada por cambiar la misión que debemos cumplir, cuyo objetivo es uno solo: defender el aeropuerto», explicó Kraga.
«Nuestros pulsos mentales los perciben los magos, pero no pueden decodificarlo. Es una tarea ardua y arrastra suficiente energía. Sí los pilotos biancanos de la capital están vivos, sin dudas se verán seducidos por nuestra energía».
«Hay que llamar a la central del sur. Por ahora el aeropuerto está abandonado. La criatura acabó con la tropa que custodiaba la entrada del aeropuerto.
«La idea es que ellos vengan. Si nos encuentran en batalla contra la criatura, se les hará sencillo creer queje podrán derrotarnos solo porque tiene un equipo más avanzado que dl nuestro. Bianca se destaca por otras cosas, no por ser un país bélico», sentenció Kraga. «Matarlos será tarea fácil. Después debemos huir de la criatura, para ellos nos hará falta nuestra inteligencia, cosa que ya poseemos».
«Confío en la toma de decisiones que has estado llevando en la misión. Espero que no te equivoques, Kraga. A veces es mejor se sensato que fenecer como un testarudo», comentó Kruger.
Se separaron por unos escasos minutos, luego se reencontraron cerca de la línea guía del aeropuerto. Kraga descendió primero y luego siguió Kruger. La sombra de la criatura se movía por el exterior de la torre. Kraga percibió la enorme cantidad de energía. Al principio sintió un breve repelús, pero luego recobró la calma.
«Si esos pilotos están vivos, tuvieron una suerte increíble para sobrevivir. La criatura se encuentra cerca de nosotros lo mejor es permanecer en el vehículo hasta que se marche», aconsejó Kraga.
La conversación dejó de fluir. Callados, oyeron, con el corazón relajado pero nervioso, los pasos de la criatura en los hangares. Dos, cuatro disparados, gritos y luego silencio. Kruger intentó adivinar que clase de criatura era, pero nada venía a su mente de los recuerdos de la educación en la academia militar. Por otro lado, mientras tanto, James y Jonast estaban a dos kilómetros de distancia del aeropuerto.