Capítulo 2

2620 Words
Solís desconfió de tan maravillosos beneficios cuando le conté lo del programa de Formación para la Excelencia. Usualmente las universidades privadas generan unos seguros médicos para casos de emergencias al concretar la matrícula, pero el que me ofrecieron era completo, ¡y me daban todo gratis! Lo de los alimentos en la cafetería del instituto sí era un beneficio creíble, pero que me otorguen un apartamento completamente amoblado, cuya renta mensual era de cuatro mil dólares americanos, le parecía demasiada belleza. – Diles que te den un tiempo para decidir sobre el apartamento, que sea una semana. Solo necesito una semana para quitarme unas dudas –me indicó Solís sobre qué responder. Solís había dejado la policía un mes después de la muerte de Malinas. Aunque no fue el único animal que entrenó y con el que trabajó haciendo equipo, sí fue la única con la que creó un lazo muy fuerte, de ahí que cuando dejó de existir, Solís se deprimió y no soportaba estar en la sede del escuadrón canino. En ese momento ella ya estaba casada con el Teniente Paul Torres, siendo su nuevo grado el de Capitán, y tenían planes de tener su primer hijo. Así que, en consenso, acordaron que Solís pida su retiro de la policía y complemente sus conocimientos y títulos académicos como entrenador de animales domésticos para que luego ofrezca sus servicios a empresas de seguridad, municipalidades y público en general. Al haber trabajado tantos años en la detección de drogas ilegales, Solís tenía varios contactos que vivían entre la labor policial y el bajo mundo de la comercialización de narcóticos. Necesitaba tiempo para averiguar si los Höller, o alguien relacionado a ellos, tenían negocios turbios que cubrían tras la fachada del holding internacional exitoso. Después de hacer sus llamadas y encontrarse con algunos contactos que le debían uno que otro favor, Solís concluyó que los Höller estaban limpios de toda duda con respecto a participar en la trata de personas. - No me pongas esa cara que fea no eres, y en Europa o Medio Oriente debe haber varios viejos verdes que podrían pagar miles de dólares por una virgen. Porque lo eres, ¿no? –expuso Solís su punto de vista de tal forma que me hizo apenar. - ¡Pero qué dices, Solís! –reclamé súper fastidiada por su comentario. Nunca había tenido novio o algo así, ya que estudié en un colegio solo para mujeres y en el Hogar no había chicos de mi edad, solo dos chicas, dos y tres años menores que yo. Recién en el instituto me topaba con varones, pero la mayoría eran gais. Los profesores, personal de apoyo y administrativo masculino nunca los consideré como una opción para iniciar mi vida amorosa, ya que eran mucho mayores que yo. Y sobre que era bonita, bueno, nunca lo creí, quizá porque pensaba que no era verdad, ya que las únicas personas que habían reparado en eso eran Solís, la licenciada Mónica y las hermanitas, y ellas, al quererme como lo hacían, siempre afirmarían que soy la mujer más bella del mundo. - Pero mi niña, si eres alta y tienes unos ojos marrones preciosos, tu cabello es de un intenso color n***o, ondeado, y tienes unas curvas que cualquier actriz o cantante envidiaría. Tu genética es muy buena -me decía Solís cada vez que negaba que fuera bonita. Y es que tener 1.75 m y ser talla de ropa mediana no estaba mal, pero aún no me creía eso de que fuera bonita. - Entonces, ¿qué les digo sobre lo del apartamento? -pregunté tras salir de mis pensamientos sobre mis cánones de belleza. - Pues tómalo. La verdad es que corres más riesgo en un apartamento compartido con una chica que no conoces que estando sola. Además, ten esto -extendió su mano para entregarme un spray de gas pimienta-, te ayudará a distraer a cualquier agresor, dándote tiempo para huir y pedir ayuda. (…) Aunque podía quedarme en el Hogar por unas semanas más, ya comenzaba a sentir la incomodidad de trasladarme en bus por más de una hora hacia el instituto. Los días más pesados eran cuando tenía que llevar alguna maqueta o materiales, ya que cuidar que nadie los dañe en el bus era una tarea difícil. Todas notaron el estrés que me generaba perder casi tres horas de mi día viajando en bus para ir y venir del instituto, así que me sugirieron que adelante mi mudanza al apartamento en el Condominio Palast. – Solo tienes que llevar tu ropa y algunos enseres, ya que ese apartamento está amoblado y equipado, así que la mudanza es algo rápido y fácil. De ahí te acompaño a hacer unas compras en el supermercado cercano al condominio, para que prepares tus cenas y desayunos de los próximos días. Por el almuerzo de ese día no te preocupes, yo invito. Pedimos algo para comer y así estrenamos la cocina y el comedor, ¿qué dices? -propuso Solís mientras yo hacia un recuento mental de los bultos que llevaría al apartamento del condominio. Al día siguiente fui a la Dirección del instituto a buscar a Katha. Cuando la pequeña pelirroja me vio, saltó de su silla muy emocionada de verme. – Pasa, querida Amelia. Dime, ¿en qué te puedo ayudar? -dijo haciendo un ademán que me invitaba a sentar. – Ya puedo responder sobre lo del apartamento -solté mirándola con expresión seria. – ¿Y cuál de todos eliges? Porque vas a tomar uno, ¿no? -preguntó preocupada. – Sí, lo haré. Quisiera ocupar el apartamento del ala oeste. – Aquel en que puedes ver el ocaso, buena elección -dijo a la par que hacía un gesto aprobatorio con las manos y me daba una gran sonrisa. «Esta mujer parece salida de un anime», pensé-. ¿Aún tienes clases? -preguntó. – Sí, me queda una con la profesora Saldaña. ¿Por qué la pregunta? – Para ir a ver a Adolph. Debes crear la clave de acceso y aprender el manejo de esa tablet. ¿Vas a necesitar ayuda de un servicio de mudanza? – ¿Piensan pagar uno? -pregunté con ironía. – Si lo necesitas, ¡por supuesto que sí! -respondió muy alegre-. ¿Cuándo te mudas? – Con Solís hemos pensado que sería buena fecha hacerlo un sábado, para que no afecte mis clases. – ¿Quién es Solís? -preguntó muy curiosa y con una ligera molestia – Es la ex policía que me encontró en el vertedero. La quiero como a una tía. Siempre ha estado cerca de mí, y ahora no es una excepción. Ella me ayudará a trasladar mis cosas al apartamento, y como no son muchas, solo algo de ropa, zapatos y uno que otro recuerdo de mi vida en el Hogar, no necesito un servicio de mudanza -terminé y Katha suspiró aliviada. – Pensé que era tu novio -dijo abriendo los ojos y suspirando de alivio. – ¿Importa si tengo novio? Si lo tengo, ¿no voy a participar del programa? -pregunté con la intensión de generarle duda y captar su expresión. Katha se puso nerviosa y miraba de lado a lado, en verdad parecía un personaje de anime. – No, eso no tiene nada que ver, pero, como estamos tan interesados en tu talento, un novio, ¿no te quitaría tiempo? -decía alejándose y entrecerrando los ojos, llevando sus manos hacia su cara, una clara expresión de duda y nerviosismo. – Sí, me lo quitaría -respondí con una actitud altiva que no sé si me salió bien-, así que no tienen nada que temer, Katha, yo no tengo novio. A la salida del instituto fuimos al Condominio Palast para encontrarnos con Adolph. Subimos al apartamento y estaba tan bonito como lo recodaba. Adolph me mostró cómo usar la tablet y el sistema de ingreso de la puerta. – Solo tienes que crear una clave de seis dígitos -dijo explicando que no hay llaves ni tarjetas para la puerta principal del apartamento. Me instruyó sobre cómo encender el horno y las hornillas en la cocina, el funcionamiento del dispensador de agua fría y caliente, de la cafetera italiana en la que podía prepararme no sé de cuántas formas el café, del lavaplatos, el seguro digital de la refrigeradora. – Por si tienes visitas y no quieres que terminen con tu comida -dijo Katha bromeando. Creé la clave para la puerta principal y acordamos que me mudaría ese sábado. Al bajar me presentó al personal de recepción de turno y me indicó que cuando viniera el sábado solo diera mi nombre, ellos sabrían qué hacer. Cuando salí del condominio, ya había oscurecido. No era tan tarde, pero en otoño siempre el sol se oculta temprano. Subí al bus pensando que sería uno de mis últimos viajes que me llevaría al Hogar después del instituto. Estaba sentada hacia el pasillo, ensimismada en mis pensamientos, cuando siento que una mano toca rápidamente mi cuello y me quita el collar. «Mi piedra de luna», pensé y grité. Me paré lo más rápido que pude para detener al ladrón, y cuando volteé, vi que un hombre alto, de cabellos castaños claros, porte atlético, vestido deportivamente lo había reducido y lo tenía contra el suelo del bus. Cuando me miró, noté sus ojos dorados y una leve sonrisa que acompañó a una ligera reverencia que hizo con la cabeza. – ¿Estás bien, niña? -me preguntó una señora que vio lo que había pasado. – Ve a la comisaría y denúncialo. Ese tipo ya ha robado a otras pasajeras y nadie ha hecho nada -señaló un señor mayor desde su asiento. – Quizás el joven que redujo al ladrón pueda acompañarte -sugirió otra señora, y todos giramos la mirada hacia el joven guapo y atlético. – Para mí será un placer. Bajamos en la siguiente estación y Solís estaba esperándome en su camioneta. Al verme bajó rápido, pero cuando vio que un hombre con apariencia de guardaespaldas me acompañaba controlando al ladrón aligeró el paso. – ¿Estás bien, Amelia? ¿Dónde está tu collar? -preguntó Solís revisando mi cuello. – Está aquí -dije levantando la mano derecha-. El gancho se rompió y no puedo ponérmelo. – No te preocupes, de aquí vamos a comprarte una nueva cadena. ¿El joven es…? -preguntó mirando hacia mi atlético salvador. – Soy Bastian Heinz. Estaba en el bus cuando escuché que la señorita gritó y vi que este hombre corría queriendo bajarse. Obstaculicé su camino y lo reduje -comentó mi salvador con un tono de voz estilo militar. Solís nos llevó a la comisaría, justo en la que Torres trabajaba como jefe. Ya era Comandante, y sus influencias habían crecido junto con su rango. Al vernos llegar salió de su oficina y preguntó qué sucedía. – Este tipo intentó robar el collar de Amelia. Ella quiere denunciarlo. Dice que varios pasajeros se quejaron del actuar de este ladrón, y ella quiere ayudar poniendo fin a sus malas costumbres -le respondió Solís al acercarse para recibir el beso que Torres le dio en la mejilla, ya que no podía ser más cariñoso, estaba en el trabajo y ahí era el jefe rudo. – ¿Y quién es el m*****o de las fuerzas especiales que está cargando al ladrón? – susurró burlonamente Torres a Solís. – Este joven me ayudó deteniéndolo -dije adelantándome a responder. – Bastian Heinz, ex fuerzas especiales de la marina alemana, señor -dijo el atlético joven haciendo un saludo militar. – Ya sabía que tremendo físico no era cosa solo de la edad y el gimnasio -dijo Solís mirándolo de arriba a abajo, causando que Torres la viera con celos y sorpresa. Yo estaba roja, me pareció muy subido de tono su comentario. Se llevaron al ladrón para procesarlo y encerrarlo, mientras que el ex fuerzas especiales y yo dábamos nuestras declaraciones. Torres me aseguró que el ladrón sería llevado a la cárcel, ya que él hablaría con el fiscal de turno para hacer el procedimiento más rápido. Saliendo de la comisaría, agradecí a Bastian por ayudarme, ya que, si el ladrón se llevaba mi collar, hubiera perdido algo muy preciado para mí, lo único que tengo de mi origen. – No se preocupe, es un honor ayudarle, señorita Amelia -respondió con una reverencia, y sentí como si fuera mi guardaespaldas. ¿Será que el instituto puso a alguien a seguirme para cuidarme? – ¿Usted trabaja para Höller Textilien? -pregunté muy seria y molesta al atlético hombre. Noté duda en su mirada, pero se calmó rápidamente y respondió muy seguro que no. – Actualmente soy instructor en Alfa Security. Esta empresa entrena al personal de seguridad de varias compañías en el país. Yo acabo de llegar de Alemania -dijo esto sacando una tarjeta de presentación que entregó a Solís-. Estaba en el bus porque así es como estoy conociendo la ciudad, siguiendo las rutas de transporte público. No tienen de qué preocuparse, no soy un acosador -concluyó muy serio, imaginando que esa era mi preocupación. Solís lanzó una carcajada y yo me tapé la cara por la vergüenza que sentía. Nos despedimos de él, y se fue caminando mientras hablaba por teléfono en alemán. Traducción de la llamada de Bastian Heinz – Tenías razón, Marianne, en cualquier momento alguien atacaría a la señorita Amelia. En el bus reduje a un tipo que quiso robar su collar. Acabo de salir de la comisaría. – Pero Amelia, ¿está bien? – Solo se asustó un poco. Una señora le prestó su teléfono y llamó a la esposa del Comisario Torres. – Laura Solís. Ella encontró a Amelia en el vertedero cuando era una recién nacida. ¿Sospecharon de tu ayuda? – Un poco, pero pude zafarme de la duda cuando indiqué en donde trabajo. – Sí, tener negocios diversificados ayuda en estos casos. – Marianne, creo que ya es tiempo que se tenga completamente resguardada a la señorita Amelia. Ahora fue un simple humano quien la atacó, pero cuando se sepa su verdadero origen, guerreros de otras especies la buscarán. Recuerda que ya sale del Hogar de María, donde la energía crística la protege. – Lo sé, pero aún no podemos manifestarnos. El responsable de ello es mi hermano. No podemos hacer más si él no viene para confirmar que Amelia Meyer es quien pensamos. Por lo pronto te pido que designes a otro guerrero para la seguridad de Amelia, a ti ya te vio y puede reconocerte si sucede otro altercado como este. También quiero que coordines con Adolph Braun la seguridad del condominio. Quiero guerreros custodiando los alrededores, que estén pendientes a cualquier pedido de auxilio de Amelia. Haz que todos los que van a participar en la seguridad tengan bien identificado su olor y voz, para que cuando sea necesario la ubiquen lo más rápido posible. – No te preocupe. Ahora mismo consigno los cambios en la seguridad de la señorita Amelia y refuerzo los protocolos de seguridad del condominio. – En los próximos días tendré una respuesta de mi madre sobre el viaje de mi hermano. Cuando tenga la fecha, quiero reunirme contigo para preparar un plan de contención para él. Por lo que sé, a mi hermano no le gusta mucho la idea de que una humana sea la elegida, y podría dañarla en un arrebato de cólera. – Pero eso lo perjudicaría a él y a nosotros. – Por eso debemos estar preparados para evitar una situación así. Y va a ser muy difícil porque a la par que la rechace va a querer estar muy cerca de ella, y esa dualidad de sentimientos puede confundirlo y hacerle perder el control. Debemos proteger a nuestra futura Luna.
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