Mansión Höller en Saffron Walden, Uttlesford, Essex, Inglaterra, hace un mes.
– Madre, tengo excelentes noticias -dijo por teléfono Marianne, muy contenta y animada.
– Dime, hija, ¿qué pasó? –respondió Marie.
– ¡Encontré a la prometida! –la alegría de Marianne era contagiosa.
– ¿Cómo así? ¿En qué circunstancias? –Marie empezaba a agradecer mentalmente a la Madre Luna por ser bendecidos con tan importante noticia.
– En una entrevista del Plan Becario –soltó Marianne sin perder la sonrisa que traía.
– ¿Y cómo sabes que es ella? Eso es algo que solo tu hermano puede confirmar –ese pequeño detalle hacía que Marie sospechara que su hija se equivocó de humana.
– Porque lleva colgado de su cuello un dije de piedra de luna.
Marie Höller no podía creer lo que su hija le decía porque ya no había más piedra de luna fuera del cuidado de las manadas. En la tercera década del siglo XX, el Consejo de Alfas había convenido ordenar la recuperación de todas las joyas o accesorios hechos de piedra de luna, ya que el mal uso de estas podía acabar con los licántropos.
El episodio protagonizado por el vampiro Marius alertó a las manadas de Europa del Este, ya que este comenzó a investigar el uso de la piedra de luna como arma contra los licántropos. A tiempo el Alfa Hugo Höller pudo evitar que Marius comunicara sus progresos a los Dracul, poderoso clan vampírico gobernante de esa especie que deseaba eliminar a los licántropos, en especial a los de la Manada Höller. Así que, para evitar cualquier intento de dañar a los licántropos, las manadas de todo el mundo empezaron a rastrear y hacerse de las piedras de luna, bien comprándolas, o arrebatándolas a sus dueños. Décadas de enemistad entre vampiros y licántropos habían ocasionado guerras y muerte. Sin embargo, pronto llegaría aquel ser que acabaría con los odios entre especies y proclamaría la paz.
(…)
Durante la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa de Hugo Höller a su hijo Maximiliam, la bruja Maat, compañera eterna de Andreas Cummer, Beta del nuevo Alfa, fue poseída por la energía de la Madre Luna y manifestó una profecía.
«Cuando los reinos ya no se extiendan a lo ancho de La Tierra,
sino busquen sobrepasar los cielos,
mi Luz se unirá eternamente al Puro que Aúlla.
Como soy madre de muchos, me mezclaré con los hijos de las tinieblas.
Mi Luz dará inicio a la nueva especie,
donde el hibrido será rey,
uniendo a los que aúllan con los nacidos en la oscuridad».
Durante los siguientes días, Maat entró en un trance constante. Poseída por el poder de la Madre Luna comenzó a dar mayor detalle sobre esa Luz y el hibrido que sería rey.
«Mi Luz portará mi signo y desconocerá que viene de mí.
Por eso atención a las señales que les dejo.
Si no están atentos y desperdician a mi Luz,
dejarán de ser mis hijos favoritos para ser cazados por los hijos de las tinieblas».
«Mi Luz vendrá de la nada,
para que no sea fácilmente detectada.
Mi Luz será rechazada.
Mi Luz será deseada.
Mi Luz será dañada.
Mi Luz morirá para renacer. Mi Luz se intensificará.
Mi Luz lo dominará todo y a todos».
«Mi Luz brillará en la batalla.
Mi Luz proveerá a los guerreros.
Mi Luz hará que su amor sea eterno.
Mi Luz siempre caminará por La Tierra atada a su ensueño».
«El híbrido nacerá de mi Luz.
El híbrido heredará el legado de mi Luz.
El híbrido unificará a los hermanos divididos.
El hibrido será eterno.
El híbrido solo se mezclará con mi Luz».
Todos esos mensajes fueron analizados por los eruditos de la Manada Höller. Ellos entendieron que el Puro que Aúlla se refería al Alfa de su manada, ya que el mensaje fue entregado solo a ellos. Como Maximiliam ya había encontrado a su compañera eterna, la hermana del Alfa Baranov, Marie Baranova, descartaron que en esa era se cumpliera la Profecía. Comprendieron que el signo de la Madre Luna sería la piedra de luna, ya que toda la que había en el mundo estaba bajo el dominio de las manadas, y si aparecía una mujer portando una, solo significaría que era la prometida, la hija de la Madre Luna. Los hijos de las tinieblas debían ser los vampiros.
– Tenemos que estar muy atentos a la aparición de la hija de nuestra Madre Luna. Dejar pasar su llegada causaría nuestro exterminio. Si bien se ha profetizado que será rechazada, no sabemos claramente a qué se refiere, pero aquellos que la encuentren deben protegerla y hacer que el resto de las manadas la reconozcan, y aquellos somos nosotros, la Manada Höller. No debemos permitir que sea dañada, ella será nuestra Luna y no podemos arriesgarnos a perderla. La promesa de la Madre Luna de favorecernos y acabar con los odios entre nosotros y los vampiros traería la paz, no solo para nuestros pueblos, sino para aquellos que se ven afectados por nuestra guerra al vivir entre nosotros -proclamaba Maximiliam la resolución de la Manada Höller sobre la Profecía.
En el siguiente Consejo de Alfas, Maximiliam Höller anunció el mensaje que su manada había recibido de la Madre Luna. Los Alfas más antiguos, aquellos que cedieron su autoridad a los más jóvenes de sus manadas, convinieron que el mensaje era una profecía y que debían aceptarla, así como estar atentos a que se cumplan los signos. Las treinta y cinco manadas convinieron que en el momento en que Los Höller tuvieran que ir nuevamente a la guerra contra los vampiros, ellos ayudarían con sus mejores guerreros.
(…)
Pasaron los años y Maximiliam con Marie tuvieron dos hijas, lo que hizo pensar que quizás la Profecía no se realizaría con el Alfa de Los Höller, ya que al no haber hijo varón la manada sería absorbida por las de los compañeros de sus hijas. Hasta que una noche, quince años después del nacimiento de Marianne, la segunda de las hijas, la Luna Höller anunció que estaba embarazada.
La espera del tiempo de gestación de la nueva criatura impacientaba a toda la manada, ya que no había forma de anticipar la noticia del sexo de la cría. Los licántropos tienen una temperatura tan elevada que ningún ecógrafo puede captar las imágenes de un feto, ya que el calor distorsiona la funcionalidad de la máquina, y utilizar magia no es recomendable, ya que puede afectar la estructura del nuevo ser en formación. Pasaron los siete meses de gestación del nuevo licántropo, y resultó ser un varón. La noticia fue gratificante para toda la manada. Tendrían un nuevo Alfa que aseguraba la continuidad de la manada y el cumplimiento de la Profecía.
Stefan creció con la instrucción de los mejores sabios de cada especie ligada a los Höller, así como el entrenamiento de los mejores guerreros porque si él era el compañero eterno de la hija de la Madre Luna; no solo sería su amante, sino su protector. Asimismo, recibió una educación tradicional humana que le permitiría hacerse cargo de las empresas que formaban parte del holding Höller Gruppe, que proveía de trabajo y beneficios a los miembros de la manada.
Con el paso del tiempo se convirtió en un joven de largos cabellos n***o azabache, ojos azules como los de la familia de su madre, nariz perfilada, labios provocativos, piel blanca como la luna llena, espalda y pecho anchos, brazos fuertes, abdomen marcado y piernas bien trabajadas. Todo ello en conjunto formaban su cuerpo de 1.90 m.
– Tenía que ser tan bello para que pueda deslumbrar a la hija de la Madre Luna -bromeaba Marion, hermana mayor de Stefan y Marianne.
– Pero sería bueno que mejorara su carácter. No sé, creo que eso puede disgustar a la hija de la Madre Luna -acotaba Marianne preocupada, imaginando que su hermano era rechazado, o peor aún, que él rechace a la prometida por la Madre Luna, y así se haga realidad esa parte de la Profecía que nadie en la manada quería ver.
(…)
Cuando Marianne llamó a su madre, Stefan estaba a unos meses de terminar sus estudios en la Universidad de Cambridge. Tenía veintitrés años y una novia que era parte de la Manada Barone, la hermana del Alfa. Sus padres, hermanas y toda la Manada Höller no gustaban de esa relación, ya que ellos creían fervorosamente en la Profecía, y al dejar a Laura Barone para seguir con su destino podría causar la enemistad entre las manadas.
– Stefan, ¿cuándo terminarás la relación que tienes con Laura Barone? -inquiría siempre Maximiliam.
– No tengo planeado acabarla, padre. Laura me gusta y nos divertimos, así que no veo por qué tendría que dejarla -respondía Stefan suelto de huesos.
– ¡Porque te debes a nuestra Luna, hija de nuestra Madre! -gritaba Marion al ver la despreocupación de su hermano-. ¡No puedes negar a nuestra Luna, no puedes mancharla!
– Mira, Marion, ni siquiera sabemos que eso de la Profecía sea real. Ya tengo veintitrés años y aún nada, la elegida no aparece. ¿Pensabas que iba a llegar a los veintitrés años solo, sin compañera? Si solo han venido hasta aquí para regañarme y meterse en mi vida, mejor regresen a Bonn -retaba Stefan olvidando que con el adecuado tono su padre, quien aún era el Alfa, podría ordenarle dejar a Laura, salir de Inglaterra e ir a buscar a la prometida por la Madre Luna.
– ¿Cómo puedes dudar de la Profecía, de la promesa de nuestra Madre Luna? -preguntaba molesta Marion.
– Porque aún no hay noticias de ella –respondía tranquilo Stefan.
– Te equivocas, hijo -interrumpió Marie ingresando a la habitación-. Marianne acaba de llamar y me ha confirmado que la hija de la Madre Luna ya apareció.
(…)
A partir del nacimiento de Stefan, Los Höller decidieron salir hacia otras tierras para buscar a la prometida del Puro que Aúlla y hacer realidad la Profecía. Así fue como Marion y su compañero Haldir, un elfo de linaje tan antiguo que todos los suyos ya habían partido a su tierra bendecida hace varios siglos atrás, migraron a Corea del Sur con el pretexto de ingresar al mercado automotriz, asociándose con la familia Choi, dueños de la compañía top en producción y venta de automóviles domésticos y de carga en ese país.
Marianne junto a su compañero Ravi, brujo proveniente del aquelarre Kumar de La India, uno de los más poderosos entre la especie de los brujos, aún no sabían a dónde ir. Ravi le dijo que podía hacer un conjuro para que en sueños la Madre Luna le diera alguna pista sobre dónde podrían encontrar a la prometida. El brujo inició el ritual, cuidando de todos los detalles. Marianne tuvo un sueño en el que se veía revisando el mapa terráqueo. Buscaba un lugar, pero no sabía en qué parte de todo el planeta. La luna brilló con gran fulgor y uno de sus rayos cayó directamente en el mapa, bañando la zona de Sudamérica, específicamente en Perú.
– Ya sé a dónde debemos ir -dijo Marianne despertando muy agitada, eufórica por ir lo más pronto posible a donde encontraría a la prometida.
(…)
Marie empezó a contar todo lo que Marianne le había comentado sobre la hija de la Madre Luna. Habló del collar, de una piedra de luna de destellos azul profundo; habló de la belleza de la futura Luna Höller, con su piel tan blanca como un lirio y cabello tan n***o como la noche; habló de cómo fue hallada y que era humana.
– Vaya, esa parte, “vendrá de la nada”, se referiría a que no tendría padres y que, como humana, tampoco tendría rasgos especiales -reflexionaba Marion, mientras que Stefan caminaba de un lado a otro de la habitación conteniendo la rabia por la noticia del origen de su prometida.
– ¿Humana? ¿Abandonada en un vertedero? ¿Sin un linaje puro y familia? No puede ser ella. ¡No puede ser ella! -gritó Stefan con tanta furia que perdió el control, dando paso a su forma de lobo. Así como su forma humana, el lobo de Stefan era muy bello; de un pelaje n***o como la noche sin luna y sus ojos azules resaltando en medio de la oscuridad. Maximiliam y Marion se transformaron para detener a Stefan, quien quería escapar de la habitación.
– ¡Muévete, Marion! -gruñó furioso con su voz de lobo.
– No me moveré, Stefan. Es mi deber como guerrera evitar que hagas una estupidez. Me debo no solo al Alfa, sino a la manada -terminaba Marion de hablar cuando Stefan se lanzó sobre su hermana, atacándola. Esta lo evitó y contraatacó dando una embestida, golpeando el pecho de Stefan, movimiento que lo hizo caer, estampándose contra la chimenea.
– ¡Basta de peleas! – gruñó Maximiliam usando su voz de Alfa. Al regresar a su forma humana, el Alfa Höller continuó hablando-. Entre hermanos no hay peleas. Stefan, cálmate, aún no sabemos al 100 % que sea ella. La única forma certera que tenemos para comprobarlo es que estés enfrente de ella y ver si la atracción de las almas gemelas se da entre ustedes. Marion, buen trabajo de contención. Eres una de nuestras mejores guerreras -dijo Maximiliam, mientras que Marion asentía complacida dando una mirada de desprecio a su hermano veinte años menor que ella, y que ni así pudo ganarle.
– ¿Quieres decir que soy débil, padre? -dijo Stefan al levantarse del suelo, limpiándose la sangre que el contraataque de Marion causó. -Quizás yo no sea el “Puro que Aúlla” de la Profecía.
– Lo eres, estás haciendo realidad una parte de la profecía: «Mi Luz será rechazada» -dijo Marie con una voz quebrada, triste porque no entendía que su hijo fuera capaz de querer dejar a su compañera, a su alma gemela, a su Luna, solo por ser una humana sin linaje.
– Viajarás a Perú. Irás con Marion y Haldir. Marie, hay que avisar a Marianne… -decía Maximiliam cuando fue interrumpido por Stefan.
– No, no puedo irme ahora. Son solo dos meses para terminar mis estudios. Pido ese tiempo para terminar el postgrado y calmar mis pensamientos, ya que, si la Profecía es real, quiere decir que el que le puede hacer daño a la prometida soy yo -pidió Stefan con un tono sentido, resignado, pero no encantado con la idea de viajar a Sudamérica para encontrar a su compañera eterna.
Así será. En dos meses irás a verla -decía Maximiliam acercándose a Stefan con un aire amenazador-. Iremos todos contigo, para asegurarnos de tu proceder. Y si ella es la prometida de la Profecía, te aseguro que si la dañas te ajusticiaré en nombre de todas las manadas y especies que tu actuar pondría en peligro porque antes de ser tu padre soy el Alfa Höller, y como tal debo proteger a quien será nuestra Luna.