La atención incómoda estaba puesta en Owen desde que se acercó a Frederick, la mayoría había supuesto que su evidente molestia era por lo quisquillosos que eran los empresarios, pero cuando mencionó la “galantería” del hombre, dejó a más de uno confundido, tanto que ni siquiera el traductor de los inversionistas habló. Amelia entreabrió sus labios y frunció el ceño, acompañado de un ademán con su mano ladeada queriendo una buena explicación de lo que estaba pasando por la cabeza de Owen, estaba incrédula por la extensión de su ataque de celos sin sentido, no veía motivo alguno. Por otro lado, Eros agachó su cabeza y se colocó los dedos en la frente y negó suavemente. Al otro lado, Joseph permanecía estático en la misma posición que había adoptado desde hacía bastante rato con dos de sus de

