Era un nuevo día laboral. Amelia se había levantado sin dificultad antes de que el despertador sonara. Disfrutó de un sueño realmente reparador, no sentía gran molestia en pies y manos como en la noche anterior, después de volver de la joyería; sin embargo, debía establecer una rutina que le favoreciera y en la cual era imprescindible empezar a dedicarle más horas a sus descansos, estaba muy consciente de ello. No había descansado lo suficiente desde que llegó a España y eso podría conllevar a que su salud empeorara. Sobre la mesita de noche estaban los frascos con las píldoras que debía consumir cada día, revisó su organizador de píldoras que llevaba consigo a todos lados y repuso diligentemente los medicamentos que faltaban; las guardó en su bolsa para tenerlas a la mano, nunca salía si

