Aquel inusual hocico en la oficina empezó a revelar el resto de su cuerp0. Paolo finalmente ingresó lentamente, cuidadoso, porque sabía que, si su abuelo humano lo veía entrar solo a alguno de sus espacios, estallaría de inmediato con un alarido de desacuerdo. Paolo notó a Owen sentado en el sofá y se quedó mirándolo por unos segundos, mientras que a él se le iluminó el rostro como un pequeñito al ver a un enorme peluche suave y abrazable. —¿¡Es un husky!? —Susurró emocionado. —¡Está hermoso! —Owen chascó sus dedos para llamar su atención y se arrodilló para que fuera a él, sin detenerse a pensar un segundo en el temperamento del perro desconocido y en si pudiera querer atacarlo. En un principio, Paolo dio unos poco pasos cautelosos, pero de pronto echó una gran carrera hacia Owen. Él

