Poco a poco el radiante sol de la mañana empezaba a hacerse más intenso a medida que se alzaba en el cielo, imponiéndose. En la pequeña barca de madera, Owen y Amelia permanecían en medio de aquel lago y lentamente podían percibir ráfagas cálidas que se entremezclaban con el fresco aire mañanero. Los alrededores extrañamente seguían siendo solitarios a excepción de una familia de patos que chapoteaba a unos metros de ellos. La pregunta que Amelia le hizo Owen con tanta seguridad le dejó completamente claro que ella conocía una versión, y esa no era la suya, comprobando así que su distanciamiento durante sus últimas conversaciones telefónica se debía a eso. Owen percibía sus sienes palpitantes, no porque estuviera molesto con Amelia, sino porque sintió que tuvo una pésima suerte con que e

