POV Amelia Siento mi piel arder, mi espalda, mi cuello, mis brazos; como si unas abrazadoras llamas la estuvieran consumiendo y no se apagaran, no he podido ver qué tan grave es la afección, pero por lo que siento, no creo que sea algo tan a la ligera. Es un suplicio respirar, con cada bocanada de aire que entra a mis pulmones siento que mi tórax es comprimido. No sé en qué momento paso de la conciencia al letargo total. Desvarío, sé que a veces desvarío, cuando las altas temperaturas no ceden es lo que me suele suceder. Siempre sucede. Aunque en los últimos 4 años esto se ha convertido en algo frecuente y en parte de mi vida, no logro acostumbrarme a esta tortura y, esta vez la arremetida ha sido más fuerte. Mi cuerpo me grita que es así. Me pide que lo deje. Mi alma y mi cuerpo tie

