Amelia caminaba prendida del brazo de Joseph por el pasillo que conducía a su habitación en el hotel, aun sentía el letargo producido por algún medicamento administrado mientras estuvo en el hospital. Joseph llevaba sobre el hombro opuesto, un bolso pequeño con algunos objetos personales de ellos, desplazándose a pasos lentos para que ella le siguiera el ritmo sin dificultad. —¿Vas a relajarte con los asuntos de trabajo? —Pero, no puedo dejar tirado todo... —¡Pero nada! —Exclamó Joseph interrumpiéndola y deteniéndose. —Ya hablaré con papá sobre esto y veremos qué soluciones encontramos, debes aligerar la carga. —Aquello la abatía, se había preparado tanto para llegar a donde estaba, siempre deseó seguir los pasos de su padre y ahora se empezaba a encaminar hacia la cúspide de su vida

