Con la excusa de dejar a los tórtolos Amelia y Owen andar solos, Victoria pidió a Eros que pasara por ella para ir al Consorcio. Cuando iban en dirección a la empresa, se detuvieron en un particular café, que a su vez, era una panadería artesanal; éste tenía una estética de los años sesenta, combinando los colores ocres, con decoraciones de madera y estampados referentes a la época. El lugar se caracterizaba por tener una gran variedad de panes artesanales tanto dulces como salados y pasteles recién hechos; un sitio bastante acogedor y frecuentado para desayunar. Caballerosamente, Eros apartó una de las sillas dispuestas alrededor de una mesa para dos, para que Victoria tomara asiento. Prontamente, él se ubicó frente a ella mientras lo seguía con una mirada y sonrisa entusiastas plasma

