Apenas se asomaba el sol, en la ciudad se vislumbraba un contraste entre la luz y la oscuridad, peleándose por el dominio. Algunos edificios y calles aún tenían las farolas encendidas en los lugares donde los rayos del sol todavía no llegaban y, que descendía lento pero seguro desde las puntas de los edificios buscando llenar de claridad todo lo que pudiera tocar. Amelia observaba con languidez esa confrontación de claro-oscuro a través de una enorme pared de vidrio desde la habitación principal del pent-house de Owen, le gustaba esa vista, en uno de los edificios residenciales más altos de la zona. Era el último día que Amelia estaría en Madrid, Owen le había prometido que pasarían un día diferente. Le daría varias sorpresas e iría tachando en la lista de sus 24 obsequios. Aquello la ha

