Cuando Owen estuvo a punto de poner el auto en marcha, se arrepintió súbitamente y salió casi sin pensarlo, impulsado por sus “no celos” y el solo hecho de pensar en que Amelia estuviera a solas por unos minutos con el apuesto empresario. Sin embargo, al momento de estar al frente de su habitación y escuchar su voz empezó a dudar, por lo que no respondió de inmediato, pues, estaría admitiendo que estaba evidentemente celoso e iba en contra de su orgullo admitirlo. Pero sus "no celos" pasaron sobre su orgullo como una avalancha. «¡Mierda! Esto es ridículo.» Se recriminó mientras esperaba que Amelia abriera la puerta, después de responderle dudoso. Ese día, Owen parecía fuera de sí, no tenía el mismo ímpetu y seguridad de todos los días, hasta que la vio abrir entusiasmada por su presenci

