Capítulo 3: Coqueteo y Confusión

854 Words
Isabelle no pudo evitar repasar mentalmente cada detalle del encuentro con Lucien mientras observaba desde la ventana de su pequeño apartamento. La noche anterior había sido un torbellino de emociones. Ese hombre tenía algo que no podía describir, una presencia tan intensa que parecía traspasar las barreras de lo normal. Suspiró, preguntándose si volvería a verlo, aunque había algo que le decía que lo haría. Mientras tanto, en una antigua y majestuosa mansión al borde de la ciudad, Lucien estaba sentado en una silla junto a una gran chimenea de piedra. Las llamas bailaban en un silencio inquietante, pero su mente estaba lejos de la calidez del fuego. Nunca se había sentido tan vulnerable, tan perdido. Isabelle había despertado algo en él, algo que llevaba siglos enterrado. Esa sensación lo irritaba y, a la vez, lo fascinaba. Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro pesado. Era peligroso, lo sabía. Ella era humana, y su mundo estaba lleno de oscuridad y peligros que ella no podría comprender. Al día siguiente, Isabelle decidió salir a pasear por el parque, buscando calmar los pensamientos que no dejaban de rondar su cabeza. El aire fresco y los árboles en flor eran un alivio bienvenido para su mente agitada. Sin embargo, al girar una esquina, lo vio. Lucien estaba allí, de pie junto a un gran roble, observándola con una expresión inescrutable. Vestía un abrigo n***o que parecía absorber la luz del sol, y su postura era relajada pero llena de control. Isabelle se detuvo en seco, sorprendida por su presencia. **Isabelle**: —¿Me estás siguiendo? —preguntó, aunque su voz tenía un tono más curioso que acusatorio. Lucien sonrió, esa sonrisa lenta y enigmática que ya comenzaba a reconocer. **Lucien**: —El parque es un lugar público, Isabelle. No todo gira a tu alrededor. —Su tono era ligero, pero había una chispa de diversión en sus ojos. Isabelle cruzó los brazos, tratando de ocultar el leve rubor que comenzaba a subir a sus mejillas. **Isabelle**: —Bueno, es mucha coincidencia encontrarte aquí tan pronto después de nuestra conversación de anoche. **Lucien**: —Quizás la coincidencia sea solo el destino disfrazado. —Su voz era suave, casi seductora, y la dejó sin palabras por un momento. **Isabelle**: —¿Siempre hablas como si estuvieras recitando poesía? —replicó, tratando de recuperar algo de control sobre la conversación. Lucien rió entre dientes, un sonido bajo y cálido que hizo que su corazón se acelerara. **Lucien**: —Solo cuando la compañía lo merece. Isabelle negó con la cabeza, una pequeña sonrisa en sus labios. Había algo en él que la irritaba y la atraía al mismo tiempo, una combinación peligrosa pero irresistible. Decidieron caminar juntos por el sendero, aunque Isabelle no estaba segura de cómo había sucedido. La conversación fluía con facilidad, aunque siempre parecía que Lucien mantenía ciertas barreras, como si solo le permitiera ver una pequeña parte de quién era realmente. **Isabelle**: —Entonces, ¿siempre eres tan misterioso o solo te gusta jugar con la gente? —preguntó, mirándolo de reojo. Lucien se detuvo por un momento, su expresión más seria. **Lucien**: —No juego contigo, Isabelle. —Su tono era firme, casi solemne—. Pero hay cosas sobre mí que no entenderías… cosas que es mejor que no sepas. El corazón de Isabelle dio un vuelco ante sus palabras. Había algo en su tono que le decía que estaba hablando en serio, pero también despertó su curiosidad aún más. **Isabelle**: —Esa es una excelente manera de hacer que alguien quiera saber más —dijo, tratando de aligerar la tensión. Lucien la miró, sus ojos grises llenos de emociones que no podía descifrar. **Lucien**: —Tal vez algún día lo hagas. Pero por ahora, prefiero que solo me veas como el hombre que está frente a ti, y no como el hombre que realmente soy. Isabelle asintió lentamente, aunque no entendía del todo lo que quería decir. Había algo en él que era a la vez fascinante y aterrador, pero no podía apartarse. Era como si estuviera atrapada en una telaraña invisible. Cuando el sol comenzó a ponerse, se detuvieron junto a un lago donde el agua reflejaba los tonos cálidos del atardecer. Lucien observó el horizonte en silencio, y por un momento Isabelle pudo ver una sombra de tristeza en su rostro. **Isabelle**: —¿Estás bien? —preguntó, su voz suave. Lucien la miró, y su expresión se suavizó al verla. **Lucien**: —Contigo aquí… sí, estoy bien. —Sus palabras fueron sinceras, y eso la dejó sin aliento. Pasaron unos minutos más en silencio antes de que Lucien finalmente se despidiera, prometiéndole que volverían a verse pronto. Isabelle lo observó mientras se alejaba, su figura desapareciendo en la penumbra. No sabía qué era lo que la atraía tanto a él, pero sabía que ya no podía ignorarlo. En la oscuridad, Lucien se detuvo un momento, mirando hacia atrás. Sabía que estaba jugando con fuego, pero algo en Isabelle lo hacía querer más, a pesar de los riesgos. Cerró los ojos y juró protegerla, aunque aún no sabía cómo lo lograría.
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