Capítulo 2: Ecos de lo prohibido

672 Words
La noche había caído una vez más sobre la ciudad, trayendo consigo un aire de misterio que parecía envolverlo todo. Isabelle estaba sentada en su sofá con una taza de té caliente entre las manos, mirando por la ventana abierta. El frío de la brisa nocturna no parecía molestarla; estaba demasiado absorta en sus pensamientos, en la inquietante memoria de Lucien. Esa conexión inexplicable que sentía por él era desconcertante. "Es como si lo conociera desde siempre", pensó, aunque sabía que no era posible. De repente, un ruido en el exterior interrumpió sus pensamientos. Isabelle se puso de pie y miró hacia la calle. Todo estaba tranquilo, excepto por una figura que se movía en las sombras. Su corazón dio un vuelco al reconocer la silueta familiar de Lucien. ¿Qué estaba haciendo aquí? Antes de que pudiera decidir si bajar o no, él alzó la mirada, y por un breve instante, sus ojos grises atraparon los suyos desde la distancia. Fue como si el tiempo se detuviera. Mientras tanto, Lucien estaba librando su propia batalla interna. Había jurado no interferir más en la vida de Isabelle, pero algo más fuerte que él lo había traído hasta aquí. Sabía que estaba quebrantando todas las reglas de su mundo, pero no podía mantenerse alejado. Había algo en ella que lo hacía sentir vivo de nuevo, y esa sensación era tan adictiva como peligrosa. Lucien no esperó a que Isabelle tomara una decisión; en cuestión de segundos ya estaba tocando a su puerta. Isabelle se sorprendió por su rapidez, pero no tenía tiempo de pensar en eso. Abrió la puerta lentamente, encontrándose de nuevo con esa mirada intensa que parecía atravesarla. **Isabelle**: —Lucien... ¿qué haces aquí? —preguntó, su tono una mezcla de sorpresa y preocupación. **Lucien**: —No podía quedarme lejos. Sé que debería, pero no puedo. —Su voz era baja, como si estuviera confesando un secreto que no quería admitir ni para sí mismo. Isabelle lo miró fijamente, tratando de encontrar las palabras correctas. Había algo en su sinceridad que la desarmaba, algo que hacía que todo su instinto de autoprotección se desvaneciera. **Isabelle**: —¿Por qué siento que hay algo que no me estás contando? —preguntó finalmente, con un tono casi desafiante. Lucien bajó la mirada, sus labios formando una línea tensa. Había tanto que deseaba decirle, pero no podía. No todavía. **Lucien**: —Isabelle... hay cosas sobre mí que no entenderías. Pero necesito que confíes en mí, incluso si no puedo explicártelo todo ahora. **Isabelle**: —¿Cómo puedo confiar en alguien que no está dispuesto a ser honesto? —replicó, cruzándose de brazos. Lucien dio un paso hacia ella, cerrando la distancia entre ambos. Su voz fue apenas un susurro, pero había una intensidad en sus palabras que dejó a Isabelle sin aliento. **Lucien**: —Porque prefiero que pienses mal de mí a poner tu vida en peligro. Si supieras la verdad, tu mundo cambiaría para siempre, Isabelle. No estoy seguro de si estoy listo para ser quien te lleve a ese lugar. La respiración de Isabelle se aceleró ante la carga emocional de sus palabras. Algo en su mirada le decía que estaba siendo completamente sincero, y eso la asustaba tanto como la intrigaba. Quería saber más, pero al mismo tiempo, temía lo que descubriría. Un largo silencio los envolvió, roto solo por el murmullo del viento. Finalmente, Lucien se apartó, como si hubiese decidido que ya había dicho demasiado. **Lucien**: —Será mejor que me vaya. —Su tono era decidido, pero sus ojos hablaban de una lucha interna que no podía ocultar. **Isabelle**: —Espera. —La voz de Isabelle lo detuvo en seco. Ella apenas entendía por qué lo hacía, pero no podía dejarlo ir—. Quédate un rato... por favor. Lucien se giró, sorprendido por su petición. No confiaba en sí mismo para estar cerca de ella, pero tampoco podía rechazarla. Asintió lentamente y entró al pequeño apartamento, sabiendo que estaba cruzando una línea que no podría deshacer.
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