Mi corazón late fuertemente, los nervios se acumulan en cada poro de mi piel. Es una locura lo que voy a hacer, pero solo hay una forma de saber la verdad, y eso es buscándola por mi misma. Me abstengo de decirle a Bárbara las cosas, no quiero involucrarla en mis problemas, además, esto tengo que hacerlo sola. Al salir del edificio, la brisa helada choca con mi rostro, haciendo que mi piel se erice. Es de tarde, pero el cielo ya se está tornando n***o, como si pronto una fuerte tormenta estuviera por caer. Meto mis manos en los bolsillos de mi gabardina marrón, maldiciéndome internamente por no traer guantes y avanzo al otro lado de la acera. Detengo un taxi y cuando este baja el vidrio de la ventanilla, le indico la dirección que me aprendí antes de salir de la casa. El señor asiente

