“FAMILIA”
Mis ojos nuevamente se posaron en el entorno, fruncí el ceño mientras buscaba un rostro familiar en la parada de ómnibus de Atrani que ya estaba repleta de gente.
Eran las diez de la mañana y duré hasta 15 minutos esperando a mi abuela Matilde. Decidí sentarme en una banca más alejada en dónde casi no había nadie mientras me colocaba los audífonos, buscando buena música y algo para distraerme. Sentí pesadez estomacal por comer la comida que ofrecieron gratuitamente en el viaje, dejándome un mal sabor en la boca y un leve dolor de cabeza. Esto empeoró por la falta de sueño. Realmente no podría dormir tranquilamente en un lugar cerrado, pequeño y con perfectos extraños.
Me sentí mareada, realmente comencé a sentirme bastante mal y no tenía idea, solo cerré los ojos en un intento de mitigar el malestar, ahora también empezando a sentirme estresada por la gente que pasaba y me echaba un vistazo o me dirigía miradas extrañas. Sabía que estaba exagerando pero ese siempre había sido mi problema, siendo totalmente inepta socialmente y mi ansiedad cuando estaba rodeada de tanta gente.
Pegué un leve respingo, tensando mi espalda cuando sentí unos brazos envolverme desde atrás y mi cerebro se preparó para lucha o huída, si no fuera porque reconocí esos brazos.
—¡Idara!
La voz emocionada y aguda de mi abuela me aturdió levemente, y giré la mirada hacia atrás encontrándome directamente con sus ojos que al parecer brillaban de felicidad. Su alegría en cierta manera me contagió y esbocé una pequeña sonrisa. Estaba feliz de verla después de mucho tiempo.
—Hola, abuela—La saludo en italiano, y sin ningún tipo de emoción, a ella no pareció importarle, de hecho parecía que ya estaba acostumbrada a que no expresara mis sentimientos abiertamente a través de las palabras o los gestos, pero sabía que yo preferiría demostrarlo con las acciones y ella, fue capaz de entenderlo.
Sabía que no me gustaba el contacto humano, sin embargo no se contuvo y se abalanzó hacia mí dándome un efusivo abrazo una vez que estuvimos de frente y acariciando suavemente mi cabeza y mi cabello. Un gesto que hacía cuando era pequeña.
—¡Oh por dios, Idy! ¡cuánto tiempo sin vernos! La última vez que te ví tan solo eras una niña—Me aferró más a su cuerpo antes de soltarme y sonreír dulcemente.
Le gustaba exagerar un poco, siempre me llamaba por video llamada y no es como si nunca me viera. La última vez que lo hizo, al menos en persona, fue cuando tenía quince años y ahora acabo de cumplir los 23. Bueno, tal vez no estaba exagerando.
—Realmente te has convertido en toda una mujer y una muy hermosa.
No supe qué contestar, sentí la vergüenza subiendo por mi rostro. Dios, probablemente estaba roja hasta las orejas.
Ella solo se rió mientras yo trataba de sonreír un poco y compartir sus emociones.
—¡Pero mejor vamos a casa, tu abuelo está emocionado por verte!
Ante su entusiasmo, me apresure en tomar las maletas e inmediatamente la seguí hasta que llegamos a una camioneta blanca de una famosa marca.
Subimos al vehículo mientras la abuela me mantenía al tanto de los eventos pequeños e importantes desde que me fuí. Yo solo sonreía y asentía con la cabeza y a veces me atrevía a hacer un comentario.
Estaba algo ansiosa y mantener mi atención divida en sus palabras y el entorno de la pequeña ciudad era bastante difícil.
Finalmente llegamos a una hermosa casa sobresaliente entre otras, llena de plantas y flores de todo tipo en el jardín delantero y también grandes maceteros piramidales. No estaba sorprendida del todo, pues la abuela era una gran amante de las plantas.
Las puertas corredizas del garaje se hicieron a un lado mientras adentraba la camioneta.
Mi corazón empezó a bombardear con fuerza y mis palmas a sudar y picar, me sentí nerviosa y de pronto quería esconderme. Había bastantes personas en el patio trasero, incluso podía oír sus voces, riendo y disfrutando también escuchaban la música tradicional de Atrani, Campania.
Supe entonces que me estaban haciendo una fiesta de bienvenida al puro estilo tradicional de Italia.
Dios mío, esto no está pasando.
—Vamos Idy, pasa, tu abuelo, tíos y primos están emocionados de verte.
—Abuela, no era necesario esta fiesta de bienvenida, ¿Lo sabes verdad?
Ella solo negó con la cabeza, haciendo un ademán con la mano como si no le importara en lo más mínimo.
—No digas eso, después de todo, tu abuelo lo planeó y le romperías el corazón si le dijeras eso.
Antes de ir al patio trasero, la abuela me llevó a la habitación de huéspedes y me dió un tiempo a solas para que me bañara y cambiara de ropa.
El agua fue confortable y me alivió por completo. Emanaba un grato vapor que se apagó a los azulejos del baño. Exhalé con placer mientras cerré los párpados, buscando despejar mi mente.
Al estar siempre tan centrada en la universidad y mi trabajo, el baño era lo único que se convertía en mi pequeña distracción y disfrute.
Salí de mi ensimismamiento cuando mi abuela me había preguntado si todo estaba bien, sentí la vergüenza subiendo por mi cara e inmediatamente terminé de bañarme. ¡Sin darme cuenta me había tardado más de lo previsto!, ¡Yo y mis malas costumbres! debía acostumbrarme y adaptarme aquí o de lo contrario solo haría el ridículo.
Cuando finalmente me vestí un atuendo más cómodo y holgado, salí de la habitación. Caminé por el estrecho pasillo de la casa hasta encontrarme con la sala de estar, en donde había mujeres reunidas charlando y riendo. Entre ellas la abuela, mis tías; Rosalie, Alessandra y Martha, también mis primas adolescentes que eran mellizas rubias, Bianca y Chiara y una niña aproximadamente de ocho años de nombre Maria. Las tres niñas eran hijas de Rosalie.
Finalmente, había dos mujeres más que no conocía. Mordí mis labios en un gesto de nerviosismo y de repente, cuando me vieron, la sala fue inundada por el silencio. Todos los ojos se posaron en mí y quedé parada allí torpemente, sin saber que hacer o decir.
—Cariño, pasa, siéntate. No te quedes allí parada.
La abuela interrumpió el silencio y le agradecí internamente. Vacilante me acerqué al sofá de cuero y me senté, tratando de no encogerme en mi lugar para no mostrar una postura insegura, tímida e incómoda.
Ví como Mary, la niña de ocho años parecía analizarme hasta en los detalles, y enarcó las cejas como si de repente no entendiera algo.
—Abuela, no entiendo, ¿Quién es este chico? ¿Dónde está Idara?
Las demás mujeres murmuraron entre ellas y parecían preguntarse lo mismo que la menor, también miraron a la abuela expectantes.
Yo estaba realmente sorprendida, jamás creí que no serían capaces de reconocerme incluso vistiéndome y cortándome el pelo de un estilo masculino.
—Ella es Idara, Mary—Respondió la abuela tranquilamente, incluso podía notar el tono burlón y una mirada divertida.
Y súbitamente sus gritos de sorpresa arrambló la sala y me ví obligada a cubrir mis oídos y temí lo peor.
—¡Sin abrazos!—Escuché a mi abuela gritar cuando ellas intentaron abrazarme y besarme.
—¿Por qué?—Mary se quejó, haciendo un adorable puchero.
—No es fanática de los abrazos y besos así que solo limítense a saludarle con la mano.
Me sentí culpable pero también un poco aliviada. Sonreí un poco y le dirigí la mirada una por una.
—Hola a todas, me alegra finalmente de estar con ustedes.
—Hola Idara, soy Alessia, amiga de tu tía Rosalie.
—Y yo Antonella, novia de tu tío Dante.
Sonreí cortésmente a las mujeres, ladeando la cabeza en un gesto de saludo. Debía admitir que las dos se veían bastante jóvenes y muy hermosas.
Ellas sonrieron y rieron recibiendome con alegría, mientras me bombardearon con preguntas acerca de mi vida y la de mi padre, traté de responder a todas, siendo breve y directa y no entrando en detalles. Sin embargo, una de mis primas, Chiara, sentía cierta hostilidad emerger de sus ojos y expresiones a diferencia de Bianca y Maria quienes deseaban mi atención. ¿Por qué me miraba así? ¿Fue por algo que dije o hice?, No entiendo porque estaba molesta y aunque no suelo ponerme a pensar sobre los sentimientos de los demás, realmente quería llevarme bien con ella, con mis primas. Eran bastante lindas.
—¿Pero no entiendo por qué se viste como un chico?
—Ah, cariño, cómo te explico—Interfirió mi tía Alessandra—Ella es una persona bastante famosa y para que las personas no la reconocieran, tiene que disfrazarse.
Los ojos de la niña se llenaron de un brillo de sorpresa e ilusión.
—¿Eso significa que estoy con una persona famosa que sale en la tele?
No pude evitar reírme por lo bajo. Esta niña me daba ternura. Si bien en parte mi tía estaba en lo cierto, también me vestía así porque era mucho más cómodo y práctico.
—Algo así—Respondió Bianca sonriendo entre dientes.
—¿No te quedarás aquí, verdad?, Por qué de seguro tienes mucho dinero para pagar un lujoso hotel.
Cuando Chiara dijo esas palabras, las mujeres dejaron de hablar, reinando un silencio incómodo. Todas las miradas tanto de desconcierto y desaprobación cayeron en ella. Fue una pregunta fuera de lugar y con bastante desdén pero no me tomó con la guardia baja, y mantuve un semblante adusto, como si esas palabras no me afectaran para nada.
—¡Chiara…
—¡Idara!
La voz jocosa de mi abuelo interrumpió el regaño de la tía Rosalie y cuando quise reaccionar sentí unos fuertes brazos a mi alrededor, obligándome a levantarme del sillón.
—¡Oh! ¡Pequeña, mi pequeña Idara!
Él era mi abuelo James Pons, a diferencia de mi abuela, es británico, se crío en Inglaterra hasta los dieciséis años y luego se mudó aquí, en Italia y fue cuando conoció a mi abuela.
La familia de mi padre así eran, abiertos y bastante amables pero sobre todo no sabían el respeto hacia el espacio personal, no entendía cómo mi padre era tan distante y frío cuando se había criado en un hogar, lleno de amor y cariño.
Mi tíos Dante, Gian y Leandro siguieron después y por más que la abuela insistiera, ellos me abrazaron de todos modos. Pero Gian lo fue más, sus ojos jamás despegaron de mí y me hizo sentir un poco incómoda.
Gian no era hijo de Matilde y James, él fue sacado de un orfanato bastante negligente y era el menor de los hermanos Pons, mi padre era el mayor de todos.
Gian era bastante joven y atractivo, sus ojos eran azules profundos y su cabello n***o como la noche, bastante alto y su cuerpo fuertemente tonificado pero lo suficientemente discreto, sin verse exagerado. Él era cinco años mayor que yo, y tenía un enamoramiento por mí y me lo había confesado, por teléfono.
Me invitaron a comer y recibí demasiada atención para mí gusto, pero traté de disfrutarlo, sin embargo, mi plan de tratar de escabullirme de las preguntas de Mary fue imposible porque trataba de hacerme entrar en detalle sobre mi vida de famosa.
Y durante el almuerzo, Gian preguntó algo que dejó a todos callados y algunos con los cubiertos a mitad del camino hacia sus bocas.
—¿Idara, tienes novio?
Gian me miró como si no le avergonzara preguntarme eso, sentí que él sabía que estaba pasando una línea roja, pero, de todos modos lo hizo. No sabía dónde y cómo ocultar mi rostro avergonzado así que solo me limité a limpiarme los labios con la servilleta. Sabía que la mayoría esperaban una respuesta, y por lo que veo, no me darían la opción de no responder a esa pregunta. Así que levanté la mirada y dije.
—No, no estoy en una relación sentimental, Gian.
Cuando dije su nombre, me di cuenta que lo dije con cierto rencor. Afortunadamente nadie se dió cuenta y prosiguieron a terminar su almuerzo mientras mi abuela cambiaba de tema rápidamente. Gian parecía tener una expresión de alivio y eso comenzaba a molestarme, creo que de alguna forma se estaba haciendo la idea de que algo podría ocurrir entre nosotros en el futuro.
Él era mi tío, así es como lo veía ¡Me asqueaba! y no tenía la intención de permitir que arruine mis vacaciones solo por sus sentimientos. Tendría que hablar con él en privado y aclararle las cosas antes de que se haga ilusiones. Debía romper esa burbuja de fantasía en la que estaba viviendo por mi propia paz y salud mental.
Cuando terminamos de almorzar inmediatamente me levanté y comencé a juntar los platos. La abuela se había negado a que realizara el aseo, pero la convencí y cuando lo hice, para mí mala fortuna, Gian se ofreció a ayudarme antes de que algunas de mis tías lo hicieran.
—¿Enserio Gian? ¿Tú? ¿lavando los platos?
Escuché a la tía Rosalie decir con un tono burlón y casi sorprendido. Luego levantó los brazos y exclamando.
—¡Dios mío, gracias por este milagro!
Todos se echaron a reír y de repente, me sentí tan entrañable.
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