"Emily"
La perplejidad todavía me dominaba, mi cuerpo se volvió rígido y no fuí capaz de corresponder el abrazo de Emily. Miré a Gian en busca de una explicación, pero se negó a responder.
Ella finalmente me soltó.
—Veo que te sorprendí—Se mofó.
—No entiendo...—Finalmente me compuse y la miré a los ojos—¿No se supone que debes estar en la universidad?
Ella resopló, como si no le importara. Está niña.
—Sabes, Inglaterra no es el único país en dónde hay vacaciones de primavera en abril.
—¿Viajaste sola?—Realmente estaba preocupada, era cuatro años menor que yo y aunque no lo dijera en voz alta, ella era como mi hermanita menor.
Al juzgar por su expresión, deduje que no le gustó nada lo que estaba insinuando.
—Idara, no necesito que seas sobreprotectora conmigo, ya tengo suficiente con papá y además; ¡Acabo de cumplir diecinueve años por Dios! ¡No soy una niña!
—Muy bien, no lo eres, pero respóndeme una pregunta—Emily asintió—¿Tu padre... sabe que estás aquí, verdad?
—¡Si!—Repentinamente su estado malhumorado desapareció—De hecho, papá me dió el boleto de avión como regalos de mi cumpleaños.
Miré a Gian, quién estaba observando toda la interacción de brazos cruzados y con esa maldita sonrisa suya. ¡Él sabía que estaba enojada!.
—¿Y tú hiciste el resto, no es así?—suspiré casi con resignación.
—Lo supones bien, Idy. Le mandé nuestra ubicación.
Respiré hondo, sintiendo como si una carga fuera puesta en mis hombros; el deber de cuidar de ella y asegurarme que no le pase nada. Emily solía ser muy ingenua y hasta un poco inocente con la edad que tenía, además de que no conocía nada ni a nadie. Francamente tampoco dominaba el idioma Italiano y eso sería una gran desventaja a la hora de comunicarse, afortunadamente Gian intervino por ella.
¿En qué pensaba su padre en enviarla lejos y sola a un país que no conoce? ¿¡Es un idiota!?, si bien ella mencionó que era sobreprotector pues a mi parecer no lo es. ¿Y si le pasaba algo?, no lo conozco pero me da ganas de ahorcarlo por ser así de irresponsable y confíado.
Traté de calmarme, no ganaría nada con enojarme, viéndolo de otra manera, Emily siempre soñó con conocer Italia y al parecer su irresponsable padre cumplió ese sueño en su cumpleaños. Por otro lado, me alegra que esté aquí, aún así de extrovertida y bulliciosa, su compañía me es entrañable y la aprecio mucho. Sigue siendo la misma niña que conozco, lástima que nuestro primer encuentro, no eran muy buenos recuerdos para ninguna de las dos.
En cuanto a Gian, ella insistió en hablar con él porque le pareció muy atractivo cuándo le mostré la foto de la familia Pons. Era una foto familiar muy linda, incluso tierna. A pesar de haberme negado en presentarle en un principio, insistió tanto que finalmente logró convencerme, y al saber que él tenía r************* , intentó contactarse y desde ese entonces, ambos son mejores amigos, sí podría decirse. Como Gian viajaba de seguido a Nueva York, por lo que me enteré, ambos lograron conocerse personalmente.
Si bien en un principio ella estaba enamorada de él, siendo aún menor de edad, con el tiempo y al conocerlo mejor, decidió que ambos solo eran muy buenos amigos y desde ese entonces, los dos comenzaron a fastidiar la existencia con sus bromas.
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Emily fue presentada a la familia completa, quienes no dudaron en darle una efusiva bienvenida y hacerla parte de la familia. Especialmente Matilde, quién estaba sorprendida y contenta de que su nieta al menos tuviera una amiga, incluso había bromeado al respecto. Emily era tan encantadora y dulce.
El día pasó, la familia Pons disfrutó la hermosa playa junto a la nueva integrante. Comieron y bebieron, Gian y Dante surfean las olas, Emily también se les unió después, jugaron al Vóley y otras actividades familiares. Era un maravilloso recuerdo que plasmó en su alma, Idara por primera vez, fue plenamente feliz a pesar de que no ha participado mucho.
Al caer el ocaso, Idara y Gian llevaron a la joven al hotel, exhausta pero feliz. Emily no paraba de sonreír, al parecer, se había divertido mucho.
La acompañaron hasta su departamento, quedaron en el pasillo, frente a la puerta
Emily les ofreció pasar y cenar antes de que vuelvan a casa.
—No gracias, debemos volver—Idara denegó amablemente la oferta—mañana tengo que levantarme temprano.
Emily hizo una nueva, decepcionada.
—¿Para qué?, si no trabajas o algo.
—Precisamente por eso—se encogió de hombros—mis vacaciones son un poco más largas que las tuyas, así que mientras esté aquí, buscaré un trabajo, debo dejar currículum por todos lados si quiero tener éxito.
—¿Por qué?—fue más una protesta que una pregunta—eres rica, no necesitas trabajar, además, mañana planeaba salir contigo, quiero conocer a Atrani, no quedarme aquí encerrada—miró a Gian, casi rogando a que la convenciera.
Él negó con la cabeza.
—Lo siento Emily, Idara es muy terca y nada la convencerá.
—Quiero corregir lo que dijiste anteriormente—intervino Idara—dijiste que soy rica—frunció el ceño—mi padre es rico, no yo.
—¿Pero no es lo mismo?—expresó confundida.
Idara rascó su nuca y agachó la cabeza y su cabello se movió para cubrir parcialmente su rostro, en un gesto de incomodidad.
—Um... No, me temo que no es lo mismo—finalmente habló algo titubeante—Bueno, debemos irnos, si necesitas algo, llámame—con intenciones de irse se fue alejando de la puerta, Emily la agarró del brazo, deteniendola.
—Hay algo que no me estás diciendo Idara—afirmó, la dulce Emily que conocía se convirtió en otra persona. Brevemente, semblante mostró firmeza y seriedad—pero no te presionaré para que me lo digas—su mirada se suavizó—solo… quiero que sepas que puedes contar conmigo.
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—¡Venecia es tan hermoso!—Exclamó Emily reposando su antebrazo sobre el borde de la góndola y viendo su reflejo en las aguas de los canales de río.
Dos días desde su llegada y la bienvenida cálida de la familia Pons a Emily, Idara, por insistencia de su abuela, llevó a su amiga a conocer la increíble ciudad de Venecia. Haciéndole experimentar la atracción turística más popular de la región; un paseo en Góndola por los canales.
—¡No grites!—Regañó Idara, con una mirada impasible ante la bella vista de las casas góticas y pintorescas.
Venecia no tenía caminos, sino solo canales, incluida la vía pública del Gran canal, bordeada de palacios renacentista y góticas. Era una ciudad en donde son muy útiles los transportes colectivos (Vaporetto) aunque su clásica embarcación era la góndola.
—¡Me gusta tu cabello!—Comentó Emily de repente y se rió cuando Idara expresó confusión ante su repentino halago.
Posteriormente Emily, tan extrovertida, inició una conversación con el gondolero (qué como parte de su trabajo, sabía Inglés, para comunicarse con los turísticas) desorientado con tantos interrogatorios, algarabías infantiles y chistes que de vez en cuando le robaba algunas sonrisas inevitable de Idara.
—¡Ya sé!—Exclamó teniendo una idea—¿Trajiste tu teléfono Idy? Es que el mío se quedó sin batería.
—¿Mi teléfono?, Sí, por supuesto—Buscó en el interior de su bolso—Aquí está, pero ¿Para que lo quieres?
—¡Vamos a sacarnos fotos!—Chilló emocionada—Cómo será nuestra última vez en Venecia quiero llevarme recuerdos conmigo.
—Sabes que odio las fotos, ¿Verdad?
—Amiga no seas aguafiestas. ¡Dame eso!—Le quitó el teléfono de sus manos.
—¡Oye!
—Haber... cámara, cámara, ¡Aquí está!
—Debí ponerle contraseña—Se lamentó Idara.
—Sonríe Idy—Y empezó a tomar fotos, haciendo gestos un poco ridículos según la opinión de Idara, luego comenzó a tomarle foto a ella, aturdiendola con tantos flashes.
—¡Detente!—Ella se cubrió la cara—Creí que nos tomaríamos algunas fotos, no a mí.
—Sonríe a la cámara.
—¡Ya basta Emily!
—¿O qué?, ¿Me acusaras con tu abuela?—Desafió sonriendo algo malévola.
Y así siguió durante el transcurso del camino, Emily se tomaba selfies con una enorme sonrisa en sus labios o gestos graciosos y de vez en cuando agarraba las mejillas de la muchacha estirándolas a cada costado para que sonriera, ni siquiera se apiadó del señor Francesco D'Angelo (Como se había presentado el gondolero) que apenas lograba ver debido su vista encandilada por tanto flash, hasta que Idara le puso un alto, regañandola.
—Señoritas, llegamos—Anunció el gondolero con suavidad y un rubor en la cara.
—¿Eh?, Sí claro.
—Vamos Idy, apresúrate hay que tomar más fotos—Emily estaba entusiasmada, fue la primera en salir de la góndola apenas logró llegar a la orilla.
—Me arrepiento de haberte traído mocosa.
—Muchas gracias señor D'Angelo—Emily ignoró el comentario de su amiga y agradeció al golondero con su risueña voz.
El hombre se quitó el sombrero haciendo una breve reverencia a las muchachas.
—Fue todo un honor—Idara asintió y forzó una sonrisa y antes de marcharse el señor D'Angelo llamó su atención.
—¿Señorita?—Ella giró viéndolo curiosa.
—¿Si?—Arqueó una ceja
—¿Cómo es su nombre? si puedo saberlo.
—Idara Pons—Contestó después de un silencio, algo confusa y reticente.
—Pero de cariño también le decimos Idy—agregó Emily.
—Que hermoso nombre señorita. Quisiera que conserve esto por favor—Le tendió una pequeña rosa roja.
—No es necesario señor—Ella negó, un poco nerviosa ante la idea de saber que pretendía el gondolero en ir con ese regalo.
—Por favor acéptelo—Insistió. Dudosa y desconcertada aceptó con vacilación.
—Gracias—Alegó forzada.
—De nada, espero volver a verla—Sonrió y la dejó marcharse.
Emily tomó la mano de la joven y la obligó a caminar por los caminitos cerrados de la ciudad. La cantidad de muchedumbre a esta hora era bastante, viajeros o turistas iban y venían por doquier admirando las arquitecturas históricas, algunos que otros yendo al trabajo o regresando de él, abuelos alimentando aves en sus bancas, otros simplemente deambulando, algunas mujeres frente al mostrador de tiendas de ropas y otros se detenían a degustar un café en un Café-bar.
Idara se aseguró de estar a gran distancia del hombre que le otorgó aquel presente y arrojó la delicada rosa a un lado.
—¿Por qué hiciste eso?—Emily protestó.
—No me gustan las rosas.
—¿Qué te gusta?
—Las orquídeas.
Se burló—Ahora que lo recuerdo, muchos chicos te obsequian regalos y siempre te deshaces de eso, ¿Por qué?
—No me interesa las relaciones románticas—y antes de que Emily siguiera cuestionando, Idara se adelantó, ignorando por completo las protestas de su amiga.
Paseaban libremente con un bol de helado que Idara compró en algunos puestos ambulantes. Siguieron el camino deleitándose del ambiente único que invitaba a perderse debido a su belleza que parecía mágica y se metían por algunos callejones desconocido y terminaban en algún canal y hasta pasaban por laberinto pintorescos que debido a su estrechez atravesaba el primer y último rayo de sol del día. No dejaron ninguna casa extravagante sin un vistazo, la mayoría estaban unidas en filas repletas de ventanales y sus paredes de diferentes tonos llamativos, del naranja al rosa fuerte con un estilo antiguo y victoriano. Y en la lejanía se apreciaban calles que eran agua glaucas y serenas con varios Vaporetto y góndolas hermosas.
Visitaron la basílica de San Marcos y Emily siendo tan hiperactiva corrió entusiasta chillando de felicidad. Después, Emily obligó a Idara a tomarle fotografías de diferentes ángulos asegurándose de hacer todas las caras graciosas que tenía en mente.
—Última foto amiga, lo juro.
Idara suspiró—Lo mismo dijiste hace un momento, ya no sé si creerte.
—Por favor—suplicó, poniendo una cara totalmente adorable.
Después de unos cinco minutos Idara yacía sacando varias fotografías a la chica y hasta la convenció de utilizar la mitad de su mesada para comprarle todo tipos de dulces que ella quería.
—Es tu turno Idy.
Se apartó—¡Te he dicho que odio las fotos!
—No nos iremos de aquí hasta tomarte una.
Ella suspiró por enésima vez, resignada.
—Ahora, recuéstate en el suelo—Idara observó a su alrededor, había muchas personas yendo y viniendo y era en pleno centro de la espléndida plaza de San Marcos.
—¡Jamás!
—Bien, entonces nos quedaremos aquí todo el día y por mí, no hay problema—Se sentó en una banca y cruzó sus piernas. Edén en silencio se recostó en el frío suelo obteniendo la atención de muchos y sus mejillas adquirieron un tono carmín.
—Esto es vergonzoso—Musitó relajando su cabeza en la superficie dura.
—Perfecto, ahora, cómo tu cabello es lo segundo que quiero resaltar tiene que estar algo revoltoso—despeinó un poco el cabello de Idara, ignorando las protestas de esta—El sol da justo en tu rostro eso te hace ver más linda, ahora dame la sonrisa más hermosa que tengas.
—De acuerdo, pero apresúrate que nos están mirando raro.
Los rayos del sol resaltaba su nívea piel y le daba brillo a sus orbes añil, sus facciones juveniles se veían más delicadas y suaves. Agradece que su vestido veraniego floreado fuera lo suficientemente largo para cubrir sus muslos y que se acompañaba al contacto del suelo abriéndose como una flor. En el fondo, la cátedra de Venecia con decoraciones mosaico, bizantinos y mármol se alzaban con gracia y orgullo detrás de ella y sus cincos enormes cúpulas con una mezcla de estilo oriental y occidental, hacía de la foto una digna imagen de admirar.
—Flexiona una rodilla Idy—Hizo un gesto tierno sabiendo que ya estaba pidiendo mucho.
—Como odio a esa mocosa—Murmuró no creyendo lo blanda y dócil que solía ser por un maldito y adorable puchero, sin embargo obedeció a sus peticiones.
—Eso dices, pero tú y yo sabemos que secretamente me amas.
—¡Cállate!
—¡Listo!, ¿Ves? No fue tan difícil.
—Eres una aprovechada—Chasqueó la lengua y se levantó del piso sacudiendo su vestido del polvo—No soy tu modelo o algo por el estilo.
—¡Ah!, Creo que tu teléfono quedó sin batería—Ella le restó importancia y rápidamente se levantó del suelo.
Lejos de las amigas disfrutando el día, alguien más las vigilaba. Alejándose después de tomarlas varias fotografías.