Notas de la autora: He decidido no agregar una imagen de una chica que sea la cara de Idara Pons, ya que no encontré ninguna que al menos, se acercara a como la imaginé. Sin embargo, daré una descripción muy detallada de mi personaje principal.
Las siguientes imágenes que se presentarán, no me corresponde.

"Inesperado"
—¡Vamos! ¡Échenle ganas malditos inútiles!
La tropa de aproximadamente catorce hombres, corrieron en sincronización y en tres filas alineadas perfectas, dando gritos de guerra.
—Que día hermoso para comenzar, ¿eh? —Comentó Scott a su compañero que estaba a su derecha.
—¡Silencio!, nos meterás en problemas—Respondió tajante, sin apartar su vista del camino.
—¡Ustedes dos! ¿Que tanto parlotean?—Vociferó el capitán.
El capitán Davis era muy conocido por sus estrictos entrenamientos, sometía a los soldados a extremas actividades físicas que algunos han logrado desmayarse por el esfuerzo. El capitan tenía aproximadamente cincuenta años y aún con su avanzada edad era igual de fuerte y vigoroso que un joven, claro, sin la inmadurez con las que se les caracterizaba, y la sabiduría que fue adquiriendo en sus largos años de carrera militar, dedicando su vida al país.
—Te lo dije—Masculló entre dientes.
—Lo siento—Se disculpó Scott.
—Cállate—Gruñó, lo suficientemente audible para su compañero.
—¡Evans, Rowland! 75 lagartijas, ¡Ahora!
—¡Sí señor!—Exclamaron al unisono. Acataron las órdenes de inmediato y se alejaron del grupo, quienes continuaron sin ellos.
Estaban muy exhaustos por la ardua rutina física, pero les convenía no quejarse, setenta y cinco lagartijas no era nada en comparación.
Sin la constante mirada pesada del capitán sobre sus cuellos, Scott se relajó, dispuesto a sacarle conversación a su amigo, usualmente callado.
—¿Como está tu hija, Ulysses?—Preguntó Scott. Su voz fue forzosa debido vaivén de su dorso contra el suelo.

—Hace mucho que no la veo—Completó, ajeno a la mirada dura que su compañero le ofrecía.
—Ultimamente estás muy interesado en Emily—Observó, respirando con pesadez.
Scott rió divertido.
—No es lo que piensas hombre—Añadió rápidamente antes de despertar la ira y sobreprotección de su amigo. No era bueno estar en el lado malo de Ulysses, lo aprendió por las malas.
—Sí, es muy bonita, pero la veo como una hija si podría decirse, ¡Así que relájate!. Te puedo asegurar que es una pregunta totalmente inocente.
Después de un silencio, que pareció un tormento para Scott, esperando haberlo convencido, Ulysses habló:
—Está de vacaciones en Italia.
—¿¡En Italia!?—Scott dejó de hacer lagartijas, la sorpresa en su semblante no tardó en evidenciarse—¿Pasar las vacaciones de primavera en Italia? ¡Amigo estás loco!. Me sorprende viniendo de tí, con lo sobreprotector que eres—Dijo lo último en un tono burlón, reanudando el ejercicio.
—Ella es capaz de valerse por sí misma—Respondió simplemente—Además, en caso de que algo le ocurra, le enseñé algunos trucos sucios para defenderse.
Scott rodó los ojos, debió suponerlo.
—Por supuesto—Resopló divertido.
Desde muy pequeña, Emily siempre soñaba con visitar Italia y aprender su idioma y cultura, pero debido a los problemas financieros y económicos solo le alcanzaba para pagar la universidad, el alquiler del departamento, alimentos y los servicios básicos. No obstante, Ulysses la sorprendió en el día de su cumpleaños con un boleto de avión a Italia. La alegría en su expresión y la emoción desbordando que apenas podía contenerlo, lo hizo ver qué cada gotas de sudor y esfuerzo, valió completamente la pena.
Ahora su situación económica iba en aumento, logrando hipotecar una casa propia y una muy bonita, esa era una de las mayores sorpresas que tenía para su hija de regreso a Italia. Podía imaginar su rostro de sorpresa y felicidad. Estaba muy emocionado. También esperaba que más adelante, pudiera cambiar su auto a uno más moderno y lujoso, adecuado a los gustos de Emily.
Ulysses Evans estaba esperando el regreso de su niña, con ansías.
...❁ ❁ ♡?♡❁ ❁...
—¡Iremos a la playa! ¡Iremos a la playa y luego a las cabañas! ¡Iremos a la playa y luego a las cabañas!
Las pequeñas cantaban alegres y radiantes, sentadas detrás de la camioneta junto a Gian y Leandro. El abuelo James conducía, mientras a su lado, en el copiloto, estaba Matilde y en el asiento trasero, Idara. En otra camioneta de color n***o y similar, venían el tío Dante y su novia Antonella, la tía Alessandra y Mirtha.
—¡Niñas cállense!—Exclamó Gian, por tercera vez concecutiva—¡Bianca, Mary, suficiente!
—No te harán caso, tío Gian—Habló Chiara sin apartar la mirada de su teléfono, viendo algún anime. Completamente impasible a su alrededor, prefiriendo sus auriculares y el dicho dispositivo.
Leandro negó con la cabeza.
—¿Niñas?—Llamó Leandro suavemente, captando rápidamente la atenta mirada de las niñas.
—¿Sí, tío Leandro?—La pequeña Mary respondió de una manera muy inocente y adorable.
—Si dejan de cantar, prometo comprarles un helado, ¿Que dicen?
Los lindos orbes de la.mas pequeña, brillaron casi radiantes.
—¿Lo juras?
Leandro sonrió, agradecido de convencerlas.
—Lo prometo.
—Que así sea tío, no mientas—Advirtió Bianca—Usualmente nunca cumples tus promesas, por eso nunca tendrás novia.
Gian se tapó la boca, en un intento de detener en las carcajadas que se avecinaban, hasta que finalmente no pudo contenerlas y se echó a reír.
—¿Yo? ¡Jamás!—Lució ofendido—¡Oye! ¡Cállate!—Le reprendió a su hermano.
—¡Ah! No pensaba reírme tan fuerte—Dijo entre risas, fingiendo sacar una lágrima de sus ojos.
Leandro apretó los labios, digustado.
—Ni que fuera tan gracioso—Luego la comisura de sus labios se arqueó hacia arriba, en una sonrisa casi maliciosa—Al menos, no ando de arrastrado como perro faldero, esperando algún día ser correspondido.
Eso fue suficiente para que Gian detuviera toda diversión, su cuerpo se volvió tieso.
—No sé de qué hablas—Negó Gian tranquilamente. Lendro sabía que acababa de tocar un nervio sensible de su hermano, además, se suponía que no lo sabía.
Antes de que Leandro tuviera la oportunidad de responder, la camioneta se detuvo.
—¡Llegamos!—Exclamó Mary efusiva.
Idara fue la primera en bajar. Una fresca brisa veraniega cruzó en su entorno y cerró los ojos para amplificar la dulce sensación y el sonido de las aguas ondulatoria que le dejaba un sentimiento rozagante.
Para su alegría, la parte de la playa en dónde estaban, no había gente y por ende, eso le generaba mucha tranquilidad.
Mientras el abuelo y tíos, bajaban las cosas de la camioneta con ayuda de sus hermanas, Matilde se acercó a su nieta, quién al parecer se había distanciado un poco para disfrutar del paisaje de la playa de Atrani.
—Es muy bonita, ¿Verdad?
Idara parpadeó, saliendo de su ensoñación.
—Lo lamento, no pude evitarlo. ¿Necesitas ayuda abuela?—Una ola de vergüenza arrasó sobre su semblante, al ser conciente como los demás preparaban las cosas para sus comodidades y ella aquí, sin ayudar.
Matilde rió, negando con la cabeza.
—Oh, no cariño, tus tíos pueden. Pareciera que nunca has visto la playa—Se burló.
—Usualmente las evito—Reflexionó—Es un perfecto lugar para las interacciones sociales—Agregó sin pensarlo y cuándo se dió cuenta que su abuela le daba una mirada divertida, se sintió cohibida.
—¡Olvida lo que dije!, Yo...—Intentó excusarse.
—¡Ay! mi cielo, no debes disculparte por ser introvertida. Es una pena que la sociedad vea estos rasgos de personalidad como algo malo—Acarició ligeramente su hombro—Para tu consuelo, tu padre a tu edad también era como tú, pero a diferencia de tí, era mucho más intolerante a las personas.
—Lo extraño, lo extraño mucho. Deseo que regrese esas raras ocasiones cuando me abrazaba—Admitió internamente, cabizbaja. La melancolía abarcó en su mirada esmeralda.
Hubo un silencio, los gritos de emoción de las dos niñas y los regaño de su madre a lo lejos era un ruido blanco. La frescura de la playa se esparcía en una hipnotizante paz, uniéndose bajo la ráfaga de brisa húmeda, los graznidos de las gaviotas en el horizonte poblado de nubes y las olas ondulatorias. El paisaje fue atesorado en lo profundo de su alma.
Los hombres se apresuraron en sacar sus líneas de pesca y las mujeres buscaban un cubículo para cambiarse y lucir sus trajes de baño. Matilde se unió a ellas, dejándola con sus propios pensamientos y Gian, siendo el oportunista que era, se acercó a ella.
—¡Oye!—Saludó suavemente—¿Te gusta?—Se refirió a la playa.
Idara no se contuvo en ocultar su molestia.
—Me gustaba más cuando no estabas.
Fingió ofenderse.
—Auch! Eso duele.
Antes de que ella pudiera responderle, su teléfono resonó. Una llamada entrante.
—Disculpa—Se alejó un poco antes de responder en inglés—¿Hola?
—¡Idara!—Una voz femenina demasiada aguda la saludó. Tuvo que apartar el dispositivo de su oído por el bien de su tímpano.
—Emily, ¿Cuántas veces te dije que no debes gritar? ¡Me dejarás sorda!
—No tan sorda como tú misma lo haces con tus audífonos en volumen alto, amiga—Contraatacó con sorna.
—¿A qué se debe tu llamada?
—¿¡Hablas enserio!? ¿¡A qué se debe tu llamada!? ¿Es todo lo que tienes que decir?
Idara percibió su enojo y también la decepción en su voz, haciéndola sentir culpable.
—Escucha...
—¡No! Tú escúchame a mí—La detuvo—Estuve esperando a que me llamaras o algo cuándo llegaras a Atrani, ¡Y ni eso hiciste!.
—Lo siento—Se disculpó, con tono suave para apaciguarla.
—Oh, sé que lo lamentas, pero, estoy dispuesta a perdonarte y como ofrenda de paz, te tengo una sorpresa.
Eso no lo vió venir, desconcertada y curiosa preguntó.
—¿Enserio? ¿Que es?
—Date la vuelta—Más bien le ordenó. Un escalofrío recorrió por su espalda y volteó casi mecánicamente.
Allí se encontraba Emily, con una sonrisa radiante en sus labios, saliendo lentamente detrás de las gigantes rocas que formaban la costa de la playa. Sus largos cabellos dorados se mecian con la brisa, sus ojos castaños brillaban cálidamente, sus labios rojos arqueados en una hermosa sonrisa jovial. Vestida con un hermoso traje de baño, conjunto blanco que remarcaban sus curvas y realsando su belleza.
Gian también estaba sonriendo, lo que inmediatamente le hizo pensar que era su cómplice.
...❁ ❁ ♡?♡❁ ❁...
Quitó la holgada camisa blanca de su dorso, desabotonando los botones lento y sin prisa, revelando poco a poco su pecho tonificado.
La complexión de Ulysses era muy robustos; brazos grandes bien definidos por los músculos, espalda ancha, cintura estrecha y piernas tonificadas. Le sobresalían un poco los huesos de la clavícula. Su cuerpo no había ningún atisbo de grasa, siendo agraciado con una galantería que cualquier hombre solo podía soñar con tener ese atractivo.
Desvestido completamente, entró al baño; que tenía la forma cuadrada y con una cierta profundidad. Al otro extremo, un lavamanos circular de cerámica y la grama cromática eran de tonalidades neutras; del ocre al blanco y n***o que domina un espacio de armonía y equilibrio, lo que generalmente lo ayudaba a relajarse.
Emanaba un grato vapor que se apegaba a la piel de sus hombros fuera del agua y en su rostro. Exhaló con placer y cerró los párpados. Un grato placer que fue interrumpido por su teléfono en la mesa del lavamanos.
Sin quejarse salió de la ducha. El teléfono le indicó la posición actual de su hija; Costa de Amalfi. Al parecer Emily la estaba pasando bien y disfrutando sus vacaciones en la playa. Tener la ubicación de su hija en tiempo real lo dejaba tranquilo y lejos de preocupaciones, a parte de implantar un GPS en su teléfono, también lo hizo un micrófono para escuchar sus conversaciones. Todo era por el bien de su seguridad y por supuesto, su tranquilidad.
La dueña de esa voz, Idara, llamó su atención. Su nombre, parecía ser Italiano, pero sorprendentemente hablaba en un perfecto inglés con un acento británico, ¿Quién era ella?. Emily nunca habló de esta chica, ¿Por qué la ocultó?
Debía averiguar sobre Idara.