Capítulo 02: Desconfianza y Misterio.

4757 Words
Después de que ese misterioso rubio de ojos claros me dijese esas palabras, se volvió a erguir, y luego se encaminó fuera del baño con esa extraña sonrisa de satisfacción…, y picardía. Con plena osadía y elegancia. Yo me quedé un segundo sobre el suelo de baldosas con una evidente confusión en mi rostro, todavía abrazando mis piernas sin poderme creer lo que había pasado, y pensando una y otra vez en las palabras de ese chico: «Yo te protegeré.» Realmente estaba muy confundido, por todo lo que había pasado. No entendía nada sobre ese rubio. ¿Por qué él querría protegerme, y por qué yo le tenía tanto miedo? No tenía ninguna de las respuestas, pero no confiaba para nada en él. Aunque, no importaba si él me golpeaba también… ya no importaba. Cuando me di cuenta de que tenía que entrar a clases, me levanté y me arregle el uniforme antes de salir directo a mi salón con mi mochila. Por suerte hoy era Jueves, y nada más tenía una sola clase. Pero cinco horas de esa clase. Y era Matemáticas. Aún así me preparé para ver las largas clases de la profesora Silvester. Y cuando entré a mi aula de clases me senté en mi pupitre; el cual quedaba en el lado de las ventanas. Me coloqué en posición de descanso, mientras que la profesora todavía no había llegado, y me quedé así esperando. Pensando en todo, una y otra vez. De pronto, sentí que alguien me tocó dos veces el hombro, y por extraño que pareciera, me asusté. Racso y sus amigos solían golpearme tan seguido, que me asustaba por el mínimo contacto de alguien aquí. Sin embargo, me relajé cuando me volví hacia esa persona que yacía en el pupitre detrás de mío, y me di cuenta de que era «Kayla Cooper.» Kayla era mi mejor amiga de la infancia, y la única amiga que tengo a decir verdad. A ella siempre la he tenido a mi lado, apoyándome. Y yo a veces me sentía muy mal, porque no podía decirle que el bravucón de Racso me golpeaba en los baños cuando ella no se daba cuenta y se perdía en los pasillos para socializar un poco por ahí. Por eso me sentía como el peor amigo del mundo, ya que ella era muy dulce, atenta y cariñosa. Muchos creían que nosotros eramos novios, pero ella estaba flechada por uno de los chicos más “guapos” de la clase. Y ella jamás se fijaría en mi. No creo ser su tipo, yo soy muy pequeño; tanto, que hasta ella era más alta que yo. Y creo que mi voz no es para nada masculina. A diferencia del tipo de chicos que le gustan a Kayla. Y la verdad, algunas veces sí que me lo he preguntado… qué se sentirá tener una novia. Una de verdad. Porque cuando cursaba en la primaria, le dije a una niña que estudiaba conmigo que me gustaba. Y nos hicimos novios. Pero ella me terminó a los días porque me dijo que era demasiado “niñita” para ella y que prefería a un hombre de verdad. Eso me molestó tanto y me dejó llorando por unos días. Mamá me consoló comprándome helado, y Kayla se cayó a golpes con esa niña por haberme hecho llorar. Kayla es tan protectora conmigo, y por eso tengo miedo de que descubra lo de Racso. Aunque, algunas veces sospechaba que algo me estaba pasando, pero yo solo le seguía mintiendo descaradamente en la cara. Como a mi madre. - ¿Qué tal, broder?- me saludó la castaña desde su pupitre, moviendo sus cejas de manera graciosa y mirándome con una sonrisa-. ¡Tenemos que hacer una pijamada! Porque me urge contarte cómo va mi proceso de conquista de Jordan Clay. Jordan Clay era el más guapo del curso, y Kayla había estado “conquistándolo”, desde hace unas semanas exactamente. Creo que estaban saliendo, ella me había comentado algo así la verdad. Estaba muy feliz por Kayla, y por eso le sonreí, y exclamé con sorpresa para que notase mi interés: - ¡Genial! Pronto podrás llegar a segunda base con él- dije, moviendo mis cejas de la misma manera graciosa que ella, y Kayla me pegó un golpecito en el brazo. - No voy a tener sexo con Jordan- murmuró muy bajito, para que el resto de la clase; quienes seguían entrando y sentándose en sus puestos, no nos escucharan-. O sea, si me quiero acostar con él y todo, pero solo le daré mi virginidad cuando se case conmigo. Recuerda, quiero llegar con mi virginidad intacta hasta el matrimonio. - ¡Auch!- exclamé, sobándome el brazo y mirándola con carita de perrito-. ¿Por qué me pegas? Yo me refería a que te besaras con él como segunda base, jamás sugerí que tuviesen sexo, genia. Entonces, la castaña se ruborizó de vergüenza y levantó el libro que tenía sobre su pupitre para taparse la cara, diciendo: - Finjamos que esto no pasó. - Está bien, niña rara- musité, mirándola con ojos pequeños, preguntándole-: ¿Y qué tal te fue el Sábado en tu cita con Jordan? - Bueno, ¡verás!- respondió, emocionada, bajando el libro y apoyándose del pupitre con sus codos. Parecía una completa y boba niña enamorada, pero de verdad me gustaba ver a mi mejor amiga feliz-. Fuimos al cine, luego a McDonalds y allí él… ¡me agarró la mano por debajo de la mesa, y me dijo que estaba preciosa!- comentó y noté que había un ligero rubor en su pálida piel de porcelana-. Después me comenzó a decir lo linda que le parecía, y fue bastante lindo, y luego él...- entonces, entre esa emoción de la castaña mirando hacia todos lados como una completa enamorada, miró hacia mis labios y se dio cuenta del golpe que Racso me había dado, partiendomelo-... ¡Oh Dios, ¿qué te pasó ahí?!- soltó de manera repentina, inclinándose sobre su pupitre para verme mejor el labio roto, el cual me cubrí con la mano. - No es nada, solo me mordí el labio mientras que desayunaba- contesté lo más natural posible para que ella me creyese, pero Kayla solo se pasó una mano por la cara con frustración, y se levantó de su pupitre con el ceño fruncido. - Ya estoy cansada de que me mientas, Alex- la escuché decirme seriamente, y yo me quedé paralizado sobre mi pupitre-. ¡Siempre me dices lo mismo! No eres para nada bueno mintiendo, y ese grandulón de último año siempre anda detrás de ti. ¿Por qué? ¡Porque te está golpeando y tú no me dices nada! ¡Ahora mismo yo iré y le diré sus verdades, y que sí se vuelve a acercar a ti yo le voy a partir su…! - ¡Kayla calmate!- le interrumpí, abruptamente, tomándola del brazo cuando noté que ella en serio iba a ir a buscar a mi matón, agregando sin pensar-: ¡No es lo que crees, pero un chico me va a proteger! Yo realmente no quería contarle nada a Kayla. Sobre Racso. Ni sobre lo que había pasado con ese extraño rubio de ojos azules en los baños. Porque si le decía ella haría muchas preguntas, y también empezaría a decir que él es mi novio y esas cosas raras, ya que desde que tengo memoria sé que Kayla es una gran admiradora del «yaoi.» Tanto que incluso ya shippeó a cada uno de los hombres del salón, y les formó pareja. Sin embargo, me vi acorralado cuando esas palabras se escaparon de mis labios, y Kayla se volvió completamente hacia mi, confundida, estupefacta y… emocionada. - Un chico… Un chico me va a proteger- le dije en un murmuro, y a ella casi se le agrandaron los ojos de felicidad. - ¡Oh, por Dios! ¡Es tu novio!- afirmó con una enorme sonrisa de fanática número uno del yaoi, y yo me sonrojé un poco sin darme cuenta. - ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Baja la voz que eso no es cierto!- le susurré en respuesta, mirando como la castaña ya estaba dando saltitos de emoción sobre su sitio, y hasta se encontraba hablando de que ella planearía nuestra boda, y todas esas estupideces. ¡Yo no era gay, y no me casaría con un hombre! De pronto, dejó de saltar como loca cuando Jordan Clay entró al salón, saludando a sus amigos y haciéndole miradas a Kayla, quien noté que se comportó un poco cuando vio a su crush entrando por esa puerta. Entonces, mi mejor amiga volvió a su sitio, echándose el cabello hacia atrás, y diciendo entre risas: - No te lo tomes personal, sabes que te suelo shippear con todo lo que se mueva porque eres muy cuchi, Alex. - ¡Pero no soy gay!- chillé con un tono de voz más fuerte y noté que varias chicas se rieron a mi alrededor, así que me apené y solo bajé la cabeza, murmurando-; y no me gusta pensar que ninguna chica se fijará en mi, y que por eso terminaré casándome con Ricky Martin. - Espera, espera- dijo Kayla, mientras que todos se sentaban-. ¡Es Ricky Martin, por Dios! Es un «papucho.» Yo solo me eché a reír un poco, y en ese momento vimos a la profesora Silvester entrar con el resto de la clase. Y antes de que Kayla se pusiera cómoda en su puesto, se inclinó para murmurarme en el oído: - No te hagas el loco, me debes de contar lo que pasó con ese chico. Volví a sonrojarme, y no dije nada. Por suerte la profesora ya había decidido empezar la clase, así que no le pude contar nada a Kayla. ¡Por suerte! El resto de mis compañeros se sentaron sin más en sus pupitres, y de pronto la profesora en medio de la clase dijo algo que me dejó atónito. Porque extrañamente yo presentía quién era. - Hoy tenemos un nuevo estudiante que va a estudiar en este salón, espero que lo traten bien- anunció la profesora Silvester, con una sonrisa en sus labios pintados de rosa. - ¡Oh, un chico nuevo!- escuché a Kayla decir con emoción detrás de mi-. Me pregunto cómo es… - A mi no me importa como sea- musité, bajito, haciendo un pequeño puchero y viendo como la profesora señalaba con su mano hacia la puerta, diciendo: - ¡Denle una cálida bienvenida a su nuevo compañero! De pronto, ese nuevo estudiante entró y yo realmente no me sorprendí en lo más mínimo cuando lo vi pasar. A ese rubio. Pero estaba un poco inquieto, y algo… asustado. Aunque, me había ayudado hace rato, le temía y no confiaba para nada en él. Ese rubio entró al salón con total seguridad en su rostro, caminando como si estuviera en una pasarela modelando el uniforme del instituto Rivers. Mientras, que varias chicas se lo comían con los ojos desde sus pupitres. Porque yo no lo iba a negar. Y no era por yo ser gay, pero él era muy guapo. Su rostro parecía el de alguna especie de Dios griego, y no le había visto sin camisa. Pero parecía tener un muy trabajado cuerpo debajo de toda esa ropa y… ¡espera, ¿qué demonios estoy pensando?! Meneé un poco la cabeza para alejar esos extraños pensamientos, y observé como ese rubio se paraba junto a la profesora con un semblante bastante amigable. A diferencia del que tuvo cuando estábamos en los baños. Además, me di cuenta de que posiblemente su apariencia se veía al muy estilo “badboy”, porque el corte de pelo que tenía le favorecía en ello. Ya que tenía el peló levantado hacia arriba, y a los lados estaba rapado. - Buen día a todos, mi nombre es Luke Harper- entonces, lo escuché decir con un tono grueso pero fuerte para toda la clase, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón. Y finalmente supe su nombre. Luego me di cuenta que la mayoría de la clase lo estaba mirando con mucha atención, hasta los chicos. Ya que ese egocéntrico rubio había captado la atención de todos con ese encanto que tenía. De verdad… era muy guapo. ¡Dios, ¿pero qué coño estaba diciendo?! - Es muy guapo… ¿Tendrá novia?… ¡Ya quiero invitarlo a salir!- se empezó a escuchar por todo el salón por medio de las chicas. Y yo estaba un poco celoso de Luke, ya que él había logrado captar la atención de todas ellas fácilmente. A diferencia de mi, que nunca logré hacer que ellas me echasen el ojo. ¿Así de feo era para las feminas? ¡Qué idiota era ese Luke! Estaba tan concentrado en mis pensamientos, que no me di cuenta de que el único pupitre disponible era el que estaba junto a mi. Entonces, me quedé perplejo, mirando como la profesora le decía que se sentara a mi lado. La respiración se me aceleró y cuando ese rubio me encontró entre los estudiantes, noté que por un segundo, muy rápido… me guiñó un ojo. Después comenzó a caminar con seguridad hacia mi, mientras que en el camino les hacía soltar muchos suspiros a varias chicas. Yo me volví nerviosamente hacia la ventana para mirar hacia el exterior; el estacionamiento del colegio, el cielo azul; y los pájaros que volaban en él. Y cuando menos lo noté, ya ese chico estaba sentado junto a mi. Y sabía que era extraño, pero podía sentir que me estaba mirando fijamente, y por eso me volví discretamente hacia él, estremeciéndome cuando me encontré con esos fríos ojos azules que me sonreían. - Hola, cachorrito- lo escuché decirme con un tono bastante amistoso, y de manera discreta para que la profesora no se diera cuenta, quien había empezado con sus largas y tediosas clases de Matemática. Yo no le respondí, y en cambio clavé la mirada fija en la clase. Sintiendo como extrañamente había un rubor en mis mejillas, y que el corazón me latía fuerte al sentir su mirada prominente sobre mi. - ¿Sabías que ignorar a las personas es de mala educación, cachorro?- él me dijo con un tono de voz bastante amistoso… y pícaro-. ¿O es que el gato volvió a comerte la lengua? Sentí como una gota de sudor me cayó por la frente, y que el nerviosismo se disparó en mi cuerpo. Pero aun así tuve las bolas para volverme hacia él, discretamente, y decirle: - Ni siquiera pienso hablarte. Él sonrió satisfactoriamente, en esa mirada de jodido badboy que tenía, y dijo: - Oh, qué lastima, porque ya me hablaste. - ¡Deja de molestar! - ¿O qué me harás?- cuestionó, levantando una ceja. - ¡O yo voy a…!- entonces me quedé corto, y él soltó una carcajada muy bajita y que me pareció muy atractiva. Como él. ¡Maldición, hasta su manera de reírse era como la de un modelo y yo ni eso conseguía! - Eres un encanto, cachorrito- me dijo, y volví a sentir ese jodido rubor en mis mejillas-. ¿Cuál es tu nombre? Sé que eres «King» de apellido. Me quedé estupefacto cuando lo escuché decir mi apellido, y con muchas dudas me volví con cierta indiscreción hacia él, diciendo: - ¿Y tú como sabes eso? Él sonrió burlón, y yo espeté sacandole la lengua: - No te diré mi nombre. Y él levantó ambas cejas, diciendo sarcásticamente: - Wow, qué maduro eres, King. Me encogí de hombros sobre mi asiento, y en ese pequeño momento me di cuenta de que Kayla estuvo prestandole atención a la escena. Mirándonos con ojos enormes y una extraña sonrisa de fanática número uno del yaoi. Entonces, la vi decirme entre dientes, señalando con discreción al rubio con el pulgar: «Ese rubio tuyo está muy candente, lo apruebo, diez de diez.» Volvía sonrojarme, y maldije a Kayla por lo bajo. Esta vez, prestando le toda mi atención a la clase de Cálculo de la profesora, quien estaba explicando unos aburridos ejercicios en el pizarrón sobre un examen que tendríamos. Así las horas pasaron, muy lentas y tediosas. Porque sus clases parecían siempre durar toda una jodida eternidad. Y en la última hora, antes de que todos nos fuéramos la mujer, dijo: - Les mandaré una tarea para la casa- anunció con emoción, escribiendo sobre el pizarrón con un marcador n***o: “RESOLVER TODOS LOS EJERCICIOS DE LA PAGINA NUMERO 45 EN PAREJAS”. Todos hicimos una mueca de fastidio, ya que pensábamos que eso sería todo por hoy. Pero aún así yo me volví hacia mi mejor amiga, diciéndole: - ¡Tú y yo! - Pero yo elegiré las parejas- anunció la profesora Silvester, dejándome corto y haciéndome volverme hacia mi pupitre con una expresión melancólica. Y Kayla fingió que se limpiaba una lagrima imaginaria-. Bueno, vayan anotando, la primera pareja es Kayla y Jordan...- dijo, y escuché detrás de mi un gritito de emoción de mi mejor amiga-. La que le sigue es Alex y Luke...- reveló, y mis ojos se abrieron como platos. No podía ser cierto. Me había tocado con ese rubio. ¡Oh, Dios! ¿Por qué? Yo quería tratar lo menos posible con ese chico, y el destino... ¡me hace esto! La profesora continuó emparejando a mis demás compañeros para el taller, y lo peor de todo fue que dijo que era estrictamente para mañana. Yo no podría encontrarme más nervioso, y asustado. Entonces, después de que la mujer nos explicó toda la información del taller, salió por la puerta del aula con su maletín. Mientras que la clase empezaba a salir detrás de ella, en un alboroto, como siempre. Todos ya se estaban empezando a ir, incluso Kayla se levantó y se fue al lado de Jordan antes de despedirse de mi rápidamente, haciéndome una mirada de: «¡Suerte con ese semental!» Puse los ojos en blanco y le saqué la lengua. Sintiendo como el corazón casi se me salió cuando el resto de la clase salió, y yo quedé completamente solo con ese extraño rubio que no paraba de mirarme. - ¿Vamos a tu casa o, a la mía?- lo escuché decirme sin muchos rodeos, mientras que guardaba sus cuadernos en su mochila. Y por extraño que fuera me sonrojé. - ¿A hacer el trabajo…?- murmuré con un tono muy bajito, sintiendo a mis mejillas arder. Y escuchando una gruesa risita burlesca de su parte. - ¿Para qué más querría yo ir a tu casa?- me dijo con cierta arrogancia, pintada de egocentrismo y yo fruncí un poco el ceño. - Para hacer el taller de Matemáticas- le dije, sonriendole falsamente-. Y sí… podemos ir a mi casa. No quería que fuésemos a mi casa. Pero prefería eso, a que yo tuviese que ir a la suya cuando no sabía nada sobre él. Me sentía muy incómodo, y que él podría aplastarme en cualquier momento si quisiera… porque era enorme. Por eso había pensado que él era de último año también. Después de todo eso Luke y yo decidimos ir a mi casa rápido, porque ambos queríamos terminar con todo eso de una vez. Me fui por el mismo camino de siempre, que tomaba para volver a casa. Pero esta vez sin despedirme de Kayla; quien estaba en la cafetería muy acompañada de su casi-novio Jordan. No quería interrumpirles, y por eso no me despedí y me fui con ese rubio. Un poco asustado. Temeroso. Inseguro. Desconfiado. Pero lo hice, y en el camino le tuve que explicar a Luke nuestro horario de clases ya que él no lo entendía muy bien y tenía sus dudas. Solo eso. Porque del resto no hablamos más, cosa que hizo el ambiente entre nosotros bastante incómodo para mi. Pero por suerte llegamos rápido a mi casa, ya que yo vivía en una residencia de circuito cerrado que estaba a unas calles abajo del instutito. Y cuando entramos a mi casa me di cuenta de que no había nadie, porque todas las luces estaban apagadas. Por eso tuve que encenderlas, ofreciéndole a Luke un vaso de agua en el proceso, quien me esperaba en la entrada educadamente. No me sorprendió que no hubiese nadie en casa. Mamá seguramente estaba en el hospital, trabajando. Ella era doctora. Y mi hermanita estaba en su escuela. Pero me sentía todavía más nervioso por estar solo con ese rubio, aún así, subimos a mi habitación sin decirnos mucho. Él solo me preguntó si no había nadie, y yo solo respondí nerviosamente qué: “si”. Aunque hablásemos a veces de manera normal, seguía sin confiar en él. Porque me parecía muy intimidante, y porque sentía que en cualquier momento iba a golpearme sin piedad alguna como Racso. Además, me asustaba el verlo tan serio, ya no tenía esa sonrisa amigable de antes. Ahora parecía tener otra cara completamente diferente, y eso me daba mucho miedo. Aún así cuando entramos a mi dormitorio tiramos nuestras mochilas sobre el suelo y hablamos sobre lo que haríamos. En ese proceso él se dio cuenta de los posters que tenía pegados en mi pared de Lady Gaga, Ariana Grande y Madonna, preguntándome seriamente: - Por lo que veo eres muy fan de esas cantantes, ¿a caso eres homosexual? Casi me atragante con el vaso de leche que estaba bebiendo en ese momento, y el corazón me dio un violento vuelco mientras que yacíamos sentados en mi cama (con los libros y cuadernos afuera). Aún así me obligué a mantener el control, y le demostré que no me incomodaban sus preguntas, diciéndole: - No lo soy, pero ¿eso qué tiene que ver eso con mi orientación s****l?- le dije con un tono bajito de seguridad-. ¿Y por qué tú conoces a esas cantantes? ¿A caso tú eres el homosexual?- musité, y él solo me ignoró y continuó mirando los ejercicios del libro con naturalidad mientras que mis axilas ya estaban empezando a sudar. Por suerte, luego de ese incómodo momento continuamos con el taller, y ambos resolvimos los ejercicios. Habían unos que yo no entendía, y Luke me ayudaba. Y otros que él no entendía, y yo le explicaba. Así fue como resolvimos los veinticinco ejercicios de la pagina 45 del libro de Matemáticas. Cuando acabamos sentí que la cabeza me estaba echando humos, y que lo único que quería era tirarme sobre la cama y no hacer nada por el resto del día. En cambio, Luke parecía muy calmado, como si no estuviera estresado por haber echo muchos ejercicios matemáticos, ¡¿cómo podía lucir tan calmado?! Solté un suspiro de cansancio, y esta vez si me recosté sobre el colchón. Sintiéndome más aliviado, mientras que Luke se estiraba un poco y bostezaba. Entonces, en ese momento mis ojos se encontraron con el reloj de Totoro que tenía en mi pared, y me di cuenta de que era… ¡tardísimo! Eran las cinco y media de la tarde, y Luke todavía seguía en mi casa. Con razón el cielo estaba de un color rosado, y el día algo oscurecido. Por suerte ya habíamos acabado, y enseguida le dije a Luke que era mejor que se fuera de una vez. Mi mamá y hermana no habían llegado aún, pero sabía que estaban bien, seguro haciendo las compras para la cena en el supermercado. Pero, extrañamente me preocupé de que Luke se fuese muy tarde de mi casa. Él aun así parecía tan calmado, y no dijo mucho cuando le dije que era tardísimo. Creo que ni se inmutó. Una vez que el rubio terminó de recoger su mochila bajamos por las escaleras para que lo despidiese en la entrada. Él salió sin más y yo me despedí brevemente con timidez, con la cabeza baja. Pero cuando estuve a punto de cerrar la puerta él metió su pie en medio, y yo me desconcerté bastante. Mirándolo con un poco de temor. - ¿Qué sucede…?- le pregunté, tratando de mantenerle la mirada. Él estaba muy serio, pero no parecía enfadado o algo. Pero aun así me asustaba, y mucho. Sin embargo, me sorprendió cuando de repente se rascó la nuca con una timidez que pude notar, y dijo: - Lo siento… si te asusté, perdón. Me quedé mudo, estático. ¿Luke en serio se estaba disculpando? ¿Será que de verdad sus intenciones eran buenas…? - N-No, está bien- hablé con un temblor en mi voz, asomando mi cabeza por la puerta tímidamente-. Por cierto, ¿te vienen a buscar? - ¿A caso estás preocupado por mi?- dijo alzando las cejas con egocentrismo, y yo quizás le hubiese golpeado en el brazo si él no fuese tan aterrador para mi. - ¡¿Qué?! ¡Yo…!- traté de decir, pero me vi muy torpe tropezando con mis propias palabras frente a él. Luke solo soltó una risita, y me explicó: - Descuida, yo vivo en esta residencia también. Me sorprendió escucharlo decir aquello. - ¿Eh? Pero si nunca te he visto por aquí- acepté, asombrado. - Es que me acabo de mudar- dijo, amigablemente-, por cierto, ahora sé que te llamas Alex. Bonito nombre. Yo no contesté y solo desvié la mirada tímidamente. - Bueno, nos vemos luego- dijo sin más para después darse la vuelta y retomar su camino. Mientras que yo lo veía irse. Me sentí un poco extraño conmigo mismo, ya que, quizás, malinterpreté demasiado a Luke. Él no parecía ser una mala persona como Racso y su grupo. Aunque, aún así su mirada me asustaba mucho. Dejé de verlo y solo solté un respiro antes de entrar y decidir cerrar la puerta. Sin embargo, cuando estuve a punto de cerrar la puerta me quedé pasmado al ver que Luke volvió a meter el pie repentinamente. - ¿Q-Qué sucede ahora…?- musité, algo asustado y sorprendido. - ¿Qué vas a hacer mañana por la noche?- me preguntó él mucho antes de que yo me asomara por la puerta para verlo. Su pregunta me sacó de onda, pero aún así le respondí: - N-Nada, ¿por qué? Él se quedó un momento callado, y luego propuso: - Pues tengamos una cita. El rostro se me desfiguró, y mi cara enrojeció terriblemente. Entonces, meneé las manos frente a él, diciendo: - ¡¿Qué?! ¡No! ¡Yo no…! - Si vas, te diré la razón por la que te ayudé esta mañana, y por la que pienso protegerte- confesó Luke, interrumpiéndome. Noté que había un brillo en sus ojos y que las comisuras de sus labios estaban levantadas en una picara sonrisa. No sabía qué se traía en manos. Pero de verdad quería saber eso, y por eso dije: - E-Está bien, iré. Él pareció muy satisfecho ante mi respuesta. - ¿Pero dónde será? - Será en mi casa, yo te vengo a buscar y te traigo a tu casa. ¿Te parece?- contestó con una sonrisa bastante encantadora-. Y bueno, no es en sí una cita, pero… de verdad quiero conocerte, Alex King. Yo no sabía qué decir. O, qué pensar, ya que los lapislázuli que tenía como ojos me dejaron paralizado completamente. Y me quitaron el habla. - E-Está bien- titubeé, y desviando la mirada de sus penetrantes ojos decidí cerrar sin más la puerta. Dudando un poco de haber tomado la decisión correcta, pero yo en serio quería saber esas respuestas. Entonces, cuando ya estuve a punto de cerrar, él volvió a meter su pie en medio y yo casi suelto un grito-: ¡Y ahora que…! Y en ese momento mis ojos se abrieron como platos cuando él se acercó exageradamente hacia mi rostro. Rompiendo esa barrera de espacio personal, tan solo para repentinamente besarme en la mejilla. Dejándome pasmado y sin palabra alguna. Sus labios sobre mi mejilla se sintieron muy suaves, y no pude creer que él realmente me había tocado con sus labios. Entonces, después de su cometido el rubio solo me dedicó una picara sonrisa y esta vez sí emprendió su camino. Y yo no pude creer que un hombre me había besado en la mejilla.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD