Tre

1994 Words
Esa noche el diagnóstico de Galia causó que la familia Pozo se reuniera de emergencia en una de las salas de juntas del hospital, las ventajas de ser Hadriel Envers, la mujer presentaba una lesión cerebral ocasionada por el golpe secuela del accidente del que fue víctima, sin embargo, lo más grave era que en la sangre se encontró la presencia de sustancias adictivas que, por la cantidad, se veía eran utilizadas con frecuencia por la paciente. Hadriel se desplomó en la silla cuando escuchó a la siempre perfecta Araceli González de Pozo, afirmar que conocía de la adquisición de estas drogas por parte de su cuñada, ya que padecía de ansiedad y depresión, que hacía unos dos años le consiguió una cita con un psiquiatra que le recetó tanto ansiolíticos como estimulantes, cuando la fórmula caducó, ella continuó con la compra virtual con distribuidores que no pedían tantos papeles. Ante eso, el especialista solicitó el nombre del vendedor, debía reportar a policía y se abriría una investigación. En ese instante Vila le pidió intervenir, no podían enfrentarse a un escándalo. A las cuatro de mañana Hadriel pudo cerrar los ojos y quedó dormido de inmediato, por el cansancio no notó la sombra que sacaba su móvil y lo revisaba con tranquilidad, para regresarlo a su bolsillo unos veinte minutos después. Acercándose cubierto por la penumbra a la cama de Galia Pozo, la sombra la observó con frialdad, hace mucho los sentimientos por ella cambiaron, el respeto existía, pero la confianza y el cariño se habían perdido. Al sentir movimiento en el pasillo se camufló en la oscuridad dada por las cortinas y desapareció pasando detrás del enfermero que entró leyendo la tabla de control sin percatarse del alrededor. Cuando Hadriel se despertó la noticia era que Galia, por solicitud de Vila, sería trasladada a la ciudad donde oficialmente residía su pareja. No tenía escapatoria, amante y esposa en el mismo lugar después de tantos años. En la mansión Port Prince, Maia leyó el mensaje y quiso saber lo que Hadriel sintió, la había ofendido como nunca pensó que haría en esos años. Cerró los ojos y trató de no llorar, lo hizo toda la noche y lo más seguro es que sus ojos estarían tan hinchados que sería difícil ocultarlo con maquillaje, sin embargo, el dolor por las palabras dichas por quien conocía mejor que nadie su historia le provocaron una sensación de vacío y desazón. «No te preocupes en volver. Como la zorra ladrona que soy, no me importa perder el dinero que invertí en la celebración, así que puedo cancelarla y devolver los regalos que han llegado. Por cierto, acabo de transferir lo que me prestaste para el abogado de mi padre, con los intereses de estos veinte años, siempre supe que ese dinero debía volver a tus manos». Parecía que su vida se desmoronaba y ella no sabía cómo arreglarla, la torre de cristal en la que pensó que habitaba no era más que una mentira bonita adornada por la hipocresía y el rencor de dos seres que amaba con locura. Se levantó para bañarse, el reloj marcaba las seis y media de la mañana, si quería cancelar las entregas de regalos y avisar de la suspensión de la fiesta, debía comunicarse con Cristóbal para comenzar desde temprano, no soportaría sonrisas o comentarios tontos sobre la decoración, su edad y vestimenta, y menos si estos provenían de la familia de crianza de Hadriel, los Pozo y la estúpida agregada de Araceli, que la odiaban. Una hora después se encontraba desayunando en el despacho junto a los regalos que devolvería por medio de un servicio de entrega privado, era más personal y le aseguraba el recibido. Las transacciones económicas, por la idea de Portia de la lluvia de sobres, sería las primeras en realizar tan pronto como Cristóbal llegase. El hombre casi se muere cuando le dijo lo ocurrido, al menos sabía que a las nueve de la mañana lo tendría a su lado para informar a los del catering que en lugar de tener un aniversario, lo preparado debía disminuir un poco la elegancia, ya que sería una recepción para cien personas de carácter informal. La comida y los demás ya estaba listo, y no pensaba desperdiciar semejante inversión. Así que decidió pasar la fecha con los chicos de la fundación que años atrás había formado con la guía de especialistas en medicina alternativa, Horse Aid. Coordinar el transporte y una tarde de caballos no sería problema, lo más difícil había sido informar a los administrativos del lugar, y ponerlos en marcha para el traslado de los infantes que, en muchos casos, carecían de un hogar o familia, ya que, al tener enfermedades con altos costos en el tratamiento, una vez ingresados, prácticamente los abandonaban a su suerte. La puerta se abrió de golpe dando paso a su mejor amiga, la recién divorciada de su cuarto esposo, Portia Frasser. La azabache tan pronto la vio, hizo un gesto de desesperación que logró sacarle a Maia una sonrisa. Invitándola a un poco de té hablaron de lo sucedido desde que las cosas comenzaron a tensarse con Leila hasta lo dicho por Hadriel la noche anterior. Para la mujer que encendió un cigarrillo cruzando los brazos, todo estaba relacionado, lo que sea que provocó el intempestivo viaje de Envers y su actitud, era causado por su familia de crianza. Maia rio cubriendo sus labios con un sorbo del líquido verde de su taza. Si había alguien que odiase a los Pozo, y en especial a Araceli, era Portia. —Cariño, pon en perspectiva las cosas, esto es algo que viene ocurriendo por años, lo que pasa es que estas taaan enamorada de Hadie, que no ves lo evidente. El apodo que Portia le tenía a Hadriel, y que, por cierto, él odiaba, le indicó a la rubia que su amiga estaba sopesando el historial de su matrimonio. Cada pelea o discusión demasiado fuerte entre ellos coincidía con un viaje de Envers a la ciudad donde residía Vila viuda de Pozo, la matriarca pocas veces los visitaba y cuando lo hacía, siempre se queda en un hotel. No obstante, el pasado receso de Pascua, Leila había ido hasta la casa de su abuela putativa paterna, y desde ese momento su relación madre-hija fue en picada. —Sabes que soy pragmática, así que, si pides un consejo, es sencillo, mándalo a la mierda, demuéstrale que puedes vivir sin él. Con la malcriada de Leila, dale gusto, que se vaya con Araceli, ya sabes, estar de visita es una cosa, vivir con alguien es otra. Así podrá comparar. —¡Totalmente de acuerdo, querida Portia! —la voz de Cristóbal se escuchó con gracia en el fondo del despacho—. Y para estoy aquí como tu Llanero Solitario al rescate. Las dos mujeres enarcaron una ceja sin despegar los ojos del atuendo que tenía el mulato, por el color de su piel, el traje blanco del héroe infantil —un poco modificado, cabe resaltar— hizo que soltaran la carcajada. Los dos invitados abrazaron a Maia dándole fuerzas, era una fecha crucial, como bien decía el tango “veinte años no es nada”, quizás era necesario volver al principio y renovar su vida. Leila bajó a las nueve al comedor, sabía que Maia desayunaba temprano cuando tenían algún evento, por eso, estaba segura que no la encontraría. No obstante, lo que menos pensaba era ver a Cristóbal probando los diferentes platos del menú que estaban frente a él y dando opiniones sobre como servirlos para una fiesta campestre. —Señorita Envers, buenos días, me ahorró pedir su compañía. —Hola Cristo —saludó afable Leila tratando de acercarse al asistente de Maia que le extendió la mano deteniendo su intención de abrazarlo como hacía desde que tenía memoria. La adolescente observó al hombre tomar un portafolio que estaba la mesa y abrirlo, no sin antes solicitar que se acercara a leer. —La señora Maia Bazma consideró que, ya que usted no quiere permanecer aquí con ella, y de acuerdo con lo que vi en las cámaras de seguridad de la mansión —Cristóbal adoró la expresión de angustia que la azabache mostró, sus rasgos eran tan parecidos a los de la madre de Maia, Nereida Lacross, que de no ser por el cabello y los ojos de Hadriel, diría que sólo su amiga era la que determinó el rumbo de la fecundación. Con un leve carraspeó para tener la atención de la chica de nuevo, continuó la explicación. —Le otorgó su deseo, un poder autenticado para que sus tíos adoptivos, Araceli y Román se hagan cargo temporalmente de usted, si transcurridos seis meses decide que sea permanente, tendrá que hacerse el juicio en el que cedería de forma total la custodia, siendo avalada por señor Envers. —¿Se está deshaciendo de mí? ¡Esa mujer es una grandísima hijuep…! —¡Cuida tu lenguaje muchachita! —interrumpió Cristóbal—, creo que nadie te dijo que a veces los deseos se vuelven realidad, AYER dijiste que la odiabas, que no querías que fuese tu madre, pues bien, ahí te lo concedió, ¿no dijiste que te largarías con TUS adorados tíos? La chica asintió entre dientes, nunca pensó que la discusión de la noche anterior llevaría a este desenlace. Su tía Ara le había dicho que no podía tenerla en la casa porque Galia sufrió un accidente, que estaban donde la abuela Vila junto a su padre. —Mi papá no dejará que me vaya, esta es su casa y por lo tanto, yo soy su dueña. Si alguien se tiene que ir, es ella —dijo con soberbia la niña, repitiendo las palabras de Román y Vila. La carcajada de Cristóbal la descolocó destruyendo el resto del discurso. —Señorita Envers, Port Prince es propiedad de los Bazma desde mitad del siglo XIX. Sus abuelos llegaron y se establecieron como colonos en estas tierras, ¿acaso no sabe nada de la historia de su familia materna? —el mulato sacudió la cabeza y sacó un nuevo sobre con el sello del Banco Internacional—. No importa, igual dudo que usted continúe con el legado si anhela ser una Envers Pozo. Esto te lo daré tan pronto me entregues la tarjeta de crédito que le robaste a Maia, es una tarjeta amparada con cupo limitado, cualquier registro que se haga para que compres sustancias ilícitas, será reportado a Infancia y Adolescencia. Leila sintió rabia por ser descubierta, por lo visto, sabían de las transacciones, y supusieron que las estaba consumiendo. La verdad es que la tarjeta no tenía la tarjeta, la cogió y después de usarla por unos días, se la pasó a Galia para que ella pudiese utilizarla, le dio la clave de seguridad recomendándole no pasar el monto estipulado. Cristóbal escuchó la respuesta de que se le perdió en un paseo con sus amigos, el hombre no se mostró sorprendido, con una sonrisa que reflejaba burla le dijo que ya había sido cancelada y reportada como robada, quien fuese que la tuviera pronto estaría en problemas. Sin más, le pasó un esfero y le dijo donde firmar. —Eso es todo, ya el señor Envers fue informado de ambas cosas, te aconsejo alistar tu maleta con lo que consideres importante, tan pronto estés en tu nuevo lugar de residencia, se enviara ahí todos tus objetos personales. Buen día señorita Envers. Leila se sentó mirando el plástico y el documento en sus manos, Maia le otorgó la libertad que pedía, le cumplió el deseo de dejarla ir con quienes consideraba su familia, no la regañó por el hurto de la tarjeta, sino que, por el contrario, le dio una para que pudiese manejarla y ella se haría cargo de los pagos. Entonces, si tenía lo que quería, ¿Por qué se sentía tan triste?
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