Un día catastrófico Parte 1 (Contexto)
Patricia era una mujer hermosa con una terrible autoestima. De piel trigueña, más bien como dorada, de ojos grandes y tristes, pestañas espesas y lacias, alta con caderas pronunciadas, hombros pequeños, el cabello lacio con destellos rubios. Preciosa pero con una actitud derrotista, y aunque solo se mostraba así cuando se encontraba cerca de sus familiares, sobre todo de su madre; cuándo se encontraba en ambientes laborales, de estudio, o en cualquier lugar en la que no se hallase sometida a una referencia familiar, parecía imponerse concierta agresividad masculina, liderando, mostrándose inteligente eficiente, pero jamás con vulnerabilidad femenina.
Muy mala para formar relaciones, tenía a lo mucho dos amigas, una de infancia, y otro que había formado una universidad; jamás había intimado con un hombre, ni había logrado tener un noviazgo hasta una edad bastante madura. No es que no fuese heterosexual, o que dudara en cuanto a su sexualidad, estaba claro que le gustaban los hombres, sentía un poderoso deseo hacia ellos que se manifestaban en sueños eróticos . Al despertar siempre se sentía defraudada, sintiéndose patética, impotente por los agravios de su historia, que hacían que no pudiera intimar con hombres sin sentir luego asco.
La familia de Patricia no era muy convencional, vivía con su madre y su abuela, ambas tenían una relación compleja, su madre culpaba a su abuela por el fracaso de la relación con el padre de Patricia, quién las había abandonado poco tiempo después de haberse enterado de que venía un bebé en camino. A sus 15 años Tatiana la madre de Patricia, se había enamorado profundamente de un compañero de escuela con quién había descubierto su sexualidad, la pasión los había desbordado haciendo que cada encuentro fuese el momento de fundir sus cuerpos con desesperación, cómo si no hubiesen consecuencias y no hubiese nada más importante qué hacer el amor. Julián era un hombre atractivo, moreno y alto, fornido, altivo, sarcástico y pícaro. La locura de las adolescentes de ese entonces, Tatiana se sentía la triunfadora sobre todas las demás, su libertad no conocía límites, los padres de ella dejaban que anduviera sin resguardo alguno, seguros de su sensatez, de sus refutable forma de pensar con admirable claridez, con la inteligencia que la caracterizaba, su astucia a su corta edad era el motivo de orgullo de sus padres... y luego su decepción.
Los había engañado desde hace mucho tiempo, fingiendo que se reunía con sus compañeras para hacer tareas, tardes estudio, viajes recreativos junto a ellas, desvelos de presentaciones finales, nada más lejos de la verdad, desde que se había unido a Julián, no prestaba ningún interés en los estudios, había abandonado su dedicación, tanto así que estaba apunto de perder el año, pero enloquecida de pasión había hecho un lado todo... todo por el que no la correspondió.
Julián tenía 17 años, sus padres se encontraban sumamente asustados por la amenaza que la madre de Tatiana había hecho, pues pretendía iniciar una demanda por estrupo, cosa que había dicho nada más por el momento de rabia y no pretendía realizar, sobre todo porque se trataba del padre de su futura nieta; debido a esto los padres Julián habían decidido sacarlo del exterior para protegerlo, pero Julián no había ofrecido ninguna resistencia, el día acordado para reunirse el secreto con Tatiana, Julián simplemente no había llegado.
Después de horas esperando, cuándo comenzó a llover en la plaza dónde sería su encuentro, Tatiana pensó que quizás había sido retenido por sus padres, por lo que se dirigió hacia la casa de él, dispuesta a rescatarlo, sin embargo lo vio desde la ventana, sentado en la sala con indiferencia, viendo la tele... las lágrimas de Tatiana saltaron desde las cuencas de sus ojos, los gemidos de su llanto llamaron la atención de Julián, quién la miro, abrió la puerta, y solo pronunció una frase -lo siento, no puedo- cerrando la puerta mientras miraba hacia el suelo, no tuvo el valor de mirarle a los ojos siquiera, no hay forma de describir la perplejidad de Tatiana al escuchar esa respuesta. El amor de su vida era un canalla, y había tardado muchísimo en darse cuenta, pues motivada por el amor y la ilusión de formar una familia a su lado, había decidido tener el bebé que estaba esperando, habían pasado 5 meses, su vientre ya era prominente, su salud ya estaba comprometida, y toda su familia había manifestado su decepción, siendo sometida al humillación a la soledad y la desesperación, por un hombre que podía ignorar todo con tal facilidad, como si tirara de la cadena del baño.
Julián se fue por supuesto, había tomado un vuelo hacia España, iba a dedicarse a trabajar y vivir con una tía que se había establecido allá, viviría quizás una vida más prometedora, que vivir en un país tercermundista latinoamericano. Pero en cambio la culpa nunca lo abandonaría...
Tatiana por su parte, tendría que enfrentarse sola a las críticas de la vecindad, a la maldades con la que venía a espiarle sus compañeras de colegio, burlándose de ella, llamando la con palabras despectivas, "putita", "suelta" cosas por el estilo... incluso sus mejores amigas de la escuela le dieron la espalda, las encontró murmurando en el mercado - sería terrible terminar como ella, ahora va tener que criar a su hija y de paso la abandonaron... jamás lo pensé de ella- dijo una amiga con la que solía conversar mucho desde primaria - y de paso nos daba consejos- agregó. Una de ellas logró observar a Tatiana mirándolas con sorpresa, hizo señas a las demás quiénes no disimularon y dieron la vuelta abruptamente.
Algo en ella se quebró ese día, se sentía más abandonada que nunca, confiar en el mundo ya no era una opción; así que, paso delante de ellas con la altivez de una reina, recogió su largo cabello enroscando a un lado de su cuello, con su prominente vientre por delante y sus zapatillas planas de lona. Comprendió perfectamente la naturaleza de sus circunstancias y a favor de la supervivencia se convirtió en las injurias que recibía.
Patricia nación debil, con el cabello rojizo por la falta de nutrientes, tenía bajo peso al nacer, era la prematura, y sus primeros días había permanecido en una incubadora. Tatiana logro terminar el bachillerato a los 19 años, el mismo año partió a otro departamento del país para buscar su realización, dejando a su pequeña cargo de sus abuelos, visitando la en vacaciones cuando le era posible. por esta razón Patricia se había sentido solo por dentro desde hace mucho tiempo, pero su extraño corazón no había desarrollado rencor, quería querer a su madre, la admiraba, la perdonaba acogiendo la con una fuerza descomunal. Su imagen era tan arrolladora que se había condenado a vivir a la sombra inalcanzable de ella, siguiendo sus pasos.
Pero tampoco encontró correspondencia, no era que su madre no la quisiera, simplemente se aisló de tanto dolor, no tenía la capacidad de dejar el pasado atrás.