Cuando mete uno en su boca y chupa, mi espalda se arquea contra la puerta, presionando más el pecho contra su boca caliente, urgiéndole a devorarme. —¡Joder! Oh, joder. ¡Cole! El sonido de su nombre en mis labios parece encender algo dentro de él. Suelta mi pecho con un pop húmedo y levanta la cabeza para reclamar un beso castigador. Lo alcanzo, queriendo quitarle la camiseta también, queriendo sentir su piel caliente y suave contra la mía. Pero antes de que haga nada, rompe el beso y me gira, tirando de mis caderas hacia atrás con un tirón. Me doblo por la cintura y apoyo una mano en la puerta, el codo del otro brazo sube también para sujetarme contra la madera. —Joder. Tengo que saborearte otra vez. Ver si sigues sabiendo tan dulce como recuerdo. Las palabras murmuradas de Cole lleg

