Me quedé allí, sola, rodeada por el lujo silencioso de la Villa. Miré los trozos de mi camiseta en el suelo, restos de la Clara que solía ser. Me senté en una de las sillas, abrazando mis rodillas, sintiendo el latido desbocado en mi cuello. Él tenía razón en algo: ya no sabía quién era. La chica que cuidaba de sus hermanos habría huido. La mujer en la que me estaba convirtiendo solo podía pensar en el fuego que sentía cuando sus manos me tocaban. Mañana sería la boda. El día del juicio final. Caminé hacia las escaleras, cubriéndome con lo que quedaba de mi dignidad. ++++++++++++++++++++++++++++++ Subí las escaleras con las piernas temblándome, sintiendo el aire gélido de la Villa rozar mi piel expuesta, allí donde Viktor había decidido dejar su marca de soberbia. Cada escalón era un

