—Un gilipollas —Declara Lina una vez que Rosanny le cuenta lo solicitado por su hermano esa mañana—. Él sabe que es difícil conseguir reservación en ese restaurante, es obvio que lo ha hecho a posta el muy…
—No vale la pena gastar saliva en ese tío —señala la joven de ojos azules—. Mejor déjame un momento a solas para drenar toda esta rabia antes que le quite la cabeza al idiota de tu hermano.
—No pienso dejarte sola —dice la rubia. Se lleva un dedo a la sien y piensa… ¡BINGO! — Lo tengo, voy a escribirle a unos de nuestros clientes.
¿Cliente? ¿qué tiene que ver un cliente de Contreras Company en el María?
—Uno de ellos tiene acciones en ese restaurant —le explica—. Prepárate, porque vais a dejar a mi hermano flipado. Te paso al móvil la reservación.
Rosy queda sola en el momento que su amiga de la infancia se va. Ella de verdad espera que Paulina pueda echarle una mano con eso. El resto de la mañana se dedica a organizar la agenda de su no tan adorado jefe para esa semana.
«Lo siento tía, no he podido hacer nada. El jefazo me ha dicho que ya se habían cerrado las reservaciones para esa semana y no hay nada por hacer. Espero ayudarte en la próxima, guapa».
Suspira.
A Rosanny solo le queda contar con Lina. La chica les implora para que los planetas se alineen para conseguir esa reservación, le hierve la sangre el tener que darle la razón a su jefe.
A eso de las diez de la mañana, su hermano Mateo, aparece en su planta. La saluda y solicita reunirse con su amigo. Jared le indica a su asistente que puede hacer pasar al Gerente de Recursos Humanos.
Segundos después Mateo Ríos traspasa la puerta del Director Ejecutivo de Contreras Company. Se saludan con el mismo cariño desde siempre, pasan hablar de posibles aumentos salariales y programas para beneficios de los trabajadores. Mateo, conocedor de su área de trabajo, le detalla su amigo los posibles pro y contras de las medidas que pretenden implementar.
Los segundos se convierten en minutos, y los minutos en horas. Para cuando los dos vienen a darse cuenta faltan diez minutos para la una de la tarde. Una vez finiquitado los temas que los llevaron a esa reunión, Mateo interviene por su hermana.
—Tío, soy consciente que no gustáis de mezclar el trabajo con lo personal, pero esto es un favor para mí —comienza hablar, pero sin ningún orden—. Sé que estáis trabajando con el departamento de Marketing para innovar…—toma una pausa porque no pensó que le costase hablar con su amigo.
—¿A dónde queréis llegar, cabrón? —cuestiona Jared, se hace una idea a donde quería llegar con eso. Entre ellos solo había una persona que se especializó en esa área, pero que trabaja como asistente del director ejecutivo.
—Venga, hombre. No me lo hagáis más difícil, que sabes perfectamente de quien estoy hablando — A sus treinta y cinco años, Mateo se sintió avergonzado por tener que pedir un favor de esa índole, pero sabe que esa es una oportunidad única para su hermana y más siendo Contreras Company donde se desempeñaría.
Jared suelta una carcajada.
—¿Te lo ha pedido ella? —inquiere curioso. Porque su querida asistente prefiriere estar muerta que pedir de su ayuda.
—No, y os lo agradecería que ni se lo mencionases o me castrará la tía —Sí, lo imagina. Rosanny Ríos lo aborrece, es más cree que escuchar su nombre le produce jaqueca, pero claro él mismo contribuyó con su comportamiento hostil a eso.
—No prometo nada —le hace saber—. Primero debo ver como se desenvuelve en esa área para pedirle que brinde apoyo en el departamento de Marketing.
—Jared, no me vengáis con esas pavadas, que sabéis que mi hermanita es buena.
—No prometo nada —le repite a su amigo—. Seguro tu hermana me salta a la yugular en lo que comience hablarle tío.
—Nunca entenderé por qué vosotros os lleváis como perros y gatos —le hizo saber Mateo. Se levanta de su silla—. Piénsalo y me estáis avisando tío. Me voy, quedé de almorzar con Macarena.
—¿Macarena la de administración? —en esa empresa solo hay una mujer con ese nombre y concretamente es una de las asistentes de su hermana Paulina—. Solo voy a deciros esto una vez: guarda la polla en tus pantalones y no ocasionéis problemas en mi empresa.
—Hombre, pero ve quien habla —se burla Mateo—, el experto en propiciarlos.
—Cabrón, por eso mismo os digo.
Mateo Ríos sale de la oficina de su amigo, el director ejecutivo, y mira a su hermana en compañía de Paulina Contreras. La saluda y la rubia se va con él para comentarle unas cosas. No pasan ni diez minutos cuando el teléfono de su escritorio suena. Rosanny no debe ser adivina para saber quien es.
—Sí, buenas tardes. Departamento de Dirección Ejecutiva, ¿en qué puedo ayudarle? —habla con voz monótona. Escucha la risa irónica de su jefe.
—Por favor cancela la reservación, me salió algo de último momento y no podré asistir.
¿QUEÉÉÉÉ?
—¿Estáis jugando cierto? —pregunta atónita, ¿él no quiso decir eso verdad?
—No, no es ningún juego, señorita Ríos —Jared en su oficina se divertía de lo lindo—. No creo que hayáis conseguido la reservació…
—Pues te equivocáis, porque si la he conseguido y no…no voy a llamar para cancelar la puñetera reservación, cuando me habéis tenido toda la mañana consiguiéndolo.
—Lenguaje.
—Ya te voy a decir yo a ti, por donde voy a meteros tu puñetero lenguaje —dice molesta y le tranca el teléfono. Ahora más que nunca lo odiaba.
Rosanny agarra su monedero, su móvil y se dispone a bajar para almorzar. Escucha la puerta de la oficina de su jefe abriéndose, da un paso y Jared la llama.
—¿Acaso os he dado permiso para bajar?
¿Cómo? ¿pero ese tío que se ha creído?
Lo mira fulminándolo. Jared ve a su alrededor y se asegura que ninguno de los pocos empleados de esa planta lo escuche.
—Lamento decirle señorita Ríos, que usted no tiene permiso de bajar —hace una pausa solo para verla enfurecer, sus ojos azules parecen hielo— porque ha de acompañarme.
—¿Cómo? —cuestiona sin dar crédito—. No tenemos ninguna reunión pendiente, y le recuerdo que estoy en mi hora de almuerzo así que no podéis exigirme nada.
—Sí que puedo exigiros —Jared con su estatura imponente llega a donde se encuentra Rosanny, la toma del brazo y la lleva camino al elevador ejecutivo—. Porque como os negáis a cancelar la reservación, vendréis conmigo.
«¡NI EN MIL SUEÑOS!». Piensa la chica.
—Y no aceptaré una negativa, vendréis conmigo queráis o no, Rosanny —Jared la suelta en lo que entran al elevador.
Rosy se ve encerrada en ese pequeño espacio con él, y la ira comienza a correr por sus venas, ¿le está tomando del pelo?
—Te odio, como no os imagináis.
Jared suelta su carcajada y aguijonea donde sabe que le dolerá.
—Deja el resentimiento en el pasado, querida Ros. Ha pasado tanto tiempo. Madura y acepta el rechazo de un h… —no termina de hablar porque la mano de la chica lo calla del bofetón que le da.
—¡MIERDA! —exclama ella por el dolor en su mano y al ser consciente de lo que acaba de hacer.