Jared Contreras le da una rápida mirada su asistente, verifica la hora en su reloj. Ocho y tres minutos. Si hay algo que no tolera es la impuntualidad y eso se la hace saber.
Rosy suspira armándose de valor para no mandarlo a tomar por culo, porque sus padres se sentirían decepcionada de ella, al igual que la familia Contreras. La chica cuenta hasta diez y responde.
—Tal vez deba llamar a Recursos humanos para que verifiquen mi marcaje —dice la asistente con voz hostil.
Jared para tocar los hilos de la chica con todo el descaro dice:
—Ten por seguro que lo haré, porque no consentiré tu impuntualidad.
Arruga su entrecejo y voltea para que el mismo vea el piso, desierto, nadie ha llegado. ¿Acaso eso solo aplica para ella?
—Jared...
—Oh, Jared... ¿Ya no soy señor? —la interrumpe.
—Eh...
—No, que no se os olvide con quién estáis hablando, y a quien os estáis refiriendo de esa forma —la chica voltea los ojos, toma un respiro profundo y clava en él sus ojos azules.
—Mira guapo, no me toques los ovarios o te voy a mandar a que te d ...
—Eh, eh, eh. Lenguaje, señorita Ríos.
El DING del elevador los hace partícipe de las personas que acaban de llegar. Jared con gesto enfurecido ladra:
—A mi oficina —la chica va a protestar —, ahora.
Se voltea en dirección a su oficina sin necesidad de verificar si su asistente lo sigue. Sabe que lo hará, porque Rosanny no decepcionará a sus familiares y tampoco va a darle el gusto a él de verla renunciando.
Si con los años algo ha aprendido, es que la hermana de su amigo del alma es orgullosa.
Y... Joder ...
Bien que le había sentado los años. Ya no queda nada de esa niña que conoció en la primaria. Ya no queda nada de la tierna Rosy que conoció. Entre ellos las cosas se torcieron en sí adolescencia y adoptó esa postura con ella.
Algunas veces debía admitir que se le iba la mano, como otras veces solo lo hacía por diversión. Mateo no está al tanto de eso, porque en lo que supiera por muy amigo que fuesen, está seguro que cortaría sus bolas en pedacitos por meterse con su hermana.
Jared entró a su fría oficina seguido de su asistente. Se va a su lujosa silla y se sienta. Todo ante la mirada de hastío de Rosanny.
—Dos cosas —su voz autoritaria hace hervir la sangre de la chica —. Pero, que sea la última vez que me habláis en ese tono, no olvidéis quién soy, ¿Entendido? —Jared hace silencio para escuchar su respuesta — ¿Entendido?
La joven enfurecida por su trato y por su falta de sueño.
—Hey, Jared no os paséis de listo, porque me va importar mierda quien sois y te voy a mandar a tomar por culo.
«Jared sentado se ve inofensivo, pero detrás de toda esa máscara se esconde un ser mezquino, cruel, egoísta, frío y vacío» piensa la chica.
El aludido le dedica una sonrisa que para nada tiene que ver con la situación.
—Esta ofensa querida Rosy, no te lo tendré en cuenta, pero a la próxima os pongo de patitas en la calle —cada vez que Jared destila veneno, coloca aquella voz que la pone de los nervios —. Lo segundo, consígueme una reservación hoy en el María.
«¿Qué? ¿Hoy? Sabe que eso es casi imposible». Piensa «¿Cómo voy a conseguir una reservación para hoy en ese restaurante?» «Que me lo está haciendo al posta el muy gilipollas».
Rosy inhala y exhala, para no volver a mandarlo a tomar por culo.
Jared nota el cambio en ella y pregunta:
—¿Difícil?
Rosy con una perfecta sonrisa donde lo mandaba de paseo, responde.
—Para nada. ¿Hora?
El hombre sonríe burlón.
—Para el almuerzo, mesa para dos por favor —la mujer hace nota mental—. Ah ... Y que cuente con intimidad.
—¿Se os ofrece algo más, mi señor? —aquella pregunta desde su inicio a su fin, es puro sarcasmo e ironía.
—No, podéis retiraos y daros prisa porque dudo que consigáis mesa.
«Capullo, que se os caiga la polla». Desea con todas sus fuerzas.
Rosanny sale de la oficina del Director Ejecutivo de Contreras Company echando humo por las orejas. Llega a su escritorio y se sienta.
Inhala y exhala para drenar la furia que siente. Mira la hora en su computador, más le valía ponerse a llamar ya o terminaría dándole la razón al cretino Contreras.
En el momento que pidió la reservación se la negaron, para ese día no tenía mesas disponibles. Rosy quería cavar un hueco en la tierra y enterrar a Jared vivo para que sufriera.
Contacta con un amigo que trabaja allí mismo para ver qué puede hacer él. El sándwich que se preparó de desayuno ni lo llega a saborear gracias a Jared. Porque todo su mal genio de esa mañana es gracia Jared.
«¿Cómo se le ocurre a Hugo que Jared podía asumir la presidencia? Si ese tío no era más que un c*****o, idiota, gilipollas, y todos mil improperios habidos y por haber». Piensa mientras gruñe molesta.
Levanta su mirada del computador y se encuentra con Paulina Contreras, la hermana de Jared.
Rosanny se pregunta, ¿Por qué Jared no tiene los mismos modales que su hermana menor si ambos fueron criados del mismo modo?
—Rosy, buen día.
—Lina, buen día —comenta tratando que su voz sea efusiva y no refleje lo molesta que está, pero fracasa. Porque la rubia de ojos grises —iguales a los de su hermano— la conoce desde que estaban en el kínder.
—¿Que hizo mi hermano ahora? —Paulina Contreras, una mujer rubia de ojos grises como su hermano y su padre, conoció a Rosanny Ríos en el kínder. Las dos tienen la misma edad, 29 años, y éstas a pesar de no estudiar juntas en la universidad, entre ellas quedó una gran amistad que ha perdurado con el transcurrir de los años.
La rubia es sabedora de la poca relación entre su amiga de la infancia y su hermano. Ella, como Mateo, desconocen el motivo de la rivalidad entre ellos, pero es algo que se ha ido acentuando, y ahora más estando Jared a la cabeza de la compañía.
—Tía, sabéis que mi hermano es un c*****o de primera —murmura, porque Lina, como le gustaba que la llamasen sus amigos, presenció una fuerte discusión entre los dos la semana pasada—. Venga, cuéntame, ¿Que te hizo ahora?