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Olvidando a Alejandro

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Blurb

Como parte de un pago al Rey, la Iglesia acordó criar como propio a una huérfana de un Reino con la cual fue caída para unir su tierra y su gente.

Hace mucho tiempo, se descubrió que los hombres lobos pudieron ser los mejores guardianes, perfectos para los humanos en contra de otros y tan pronto como supieron que el metal con otras cosas peligrosas los lastimarían o matarían, corrieron para no ser usados ​​entre sí hasta que poco o nada de las líneas Alfa originales empezaron a caer, los humanos en un momento llegan a pensar que todos los del linaje Alfa fueron eliminados hace mucho tiempo.

Después de que Mónica alcanza la mayoría de edad, es costumbre tener un guardián en la alta sociedad, desde la conquista de los lobos. Pero su guardián es el último Alfa de sangre, ¿podrá Mónica olvidar a este guardián o su destino les costará la vida?

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Capítulo 1: Libre
ESPAÑA; AÑO, 1558 ALEJANDRO Después de un día largo en el trabajo y haberme secado el cuerpo con éxito, descansar es lo único que me importa. Y ya, dormido enteramente escucho. — ¡Corre! ¡Si nos alcanzan será la última vez que nos encuentren con vida! Y yo no veo mi muerte con esto —, escucho de lejos a un hombre que va a prisa. Mi hogar es el bosque en una pequeña aldea, hago cualquier trabajo mientras me paguen por él. Despertando, al momento de abrir los ojos veo a dos hombres robando el oro y mis pertenencias. Me levanto para echarlos de mi hogar cuando escucho una espada salir del saco de uno de ellos, haciendo que retroceda hasta sentarme en mi cama nuevamente, sintiendo el arder del metal en mi cuello. —Quédate quieto, perro —. Escuchó una voz gruesa dirigida a mí. El gruñido de mi pecho es su respuesta. Esto hace parar a los dos que me roban, haciendo que me miren de repente con miedo. Si solo me dejaran un segundo, los atacaría sin misericordia y les arrancaría la cara de idiotas que tienen. Están en mi hogar y creen ser dueños de mis pertenencias, esto me hace gruñir más fuerte. — ¡Dije que te calles, perro! —Grita el hombre que no puedo ver. La luz solo deja iluminar a los dos, quienes están frente a mí. Aún sentado en mi cama es cuando siento cómo alguien me pega por detrás de mi cuello hasta que termino viendo todo a mi alrededor moverse lentamente, cierro los ojos para terminar por no saber más. Seguramente, tiempo ha pasado desde aquel golpe, no he sentido nada hasta ahora. Vuelvo a levantarme, pues siento algo quemarme. Al ver mi hombro derecho me doy cuenta que me marcaron con metal caliente un número. El número trece. No grito, pues, mi boca está tapada con algo y mis manos están atadas. Es ahí cuando veo al hombre de la espada, quien me pregunta con sarcasmo; — ¿Sientes algo, perro? —dice mientras camina de un lado a otro para seguir preguntándome en sarcasmo —, ¿o estás todavía cansado? —. Se ríe en mi cara. Estirándome para verlo mejor, veo que es un hombre vestido como un guerrero del Rey de España; pelo n***o, ojos oscuros y un bigote manillar. El solo hecho de ver a un militar me hace gruñir. —Perro inútil, ¿me gruñes antes y ahora te haces el más santo? Patético —Molesto me acusa moviendo el metal que uso para marcarme. En ese momento me da una patada, haciéndome caer de lado. Me quedo callado mientras él sigue ordenando a sus guerreros. El dolor de la marca es más difícil de soportar, claramente algo me han hecho pues estoy demasiado débil. Detesto ser levantado tan temprano, y ahora estoy pagando las consecuencias, mis deseos de estar en paz se han esfumado gracias a estos imbéciles. Ellos siguen robándome todo lo que poseo, cuando escucho hablar a otros hombres de los que apenas me di cuenta de su presencia en mi hogar. Pensando que estoy en mi hogar, miro a mi alrededor solo para caer en la realidad de que no estoy en mi casa sino, estoy en un tipo de granja, porque solo basta ver alrededor detectar a mi especie. Es aquí donde me doy de cuenta que estoy en un mercado de lobos, todos quienes están aquí están para ser vendidos. Todavía en el suelo, el hombre de la espada prepara todo para marcar a otros, pues rodea el hierro con el número catorce, y levantándose se dirige a alguien. —Llévenlo con los otros —ordena con prudencia. Dos hombres que no tienen el uniforme militar se mueven a mi lado. Los dos me toman por los hombros, ambos me muestran al sonreír que les faltan dientes, y uno de ellos tiene un ojo de repuesto. Retrocedo un poco cuando el hombre del ojo de repuesto habla raspado, me hace poner recto aun tomando mi hombro que arde por la marca. —Ven y no nos des más trabajo del que deberías —. El otro hombre toma una cadena, con la cual enreda mi cuello. Sintiendo el ardor del metal en mi cuello me hace reaccionar a sus órdenes. Mientras el hombre de los pocos dientes jala la cadena. Debido al dolor que me provoca el metal, gimo haciéndoles saber cuánto esto me puede lastimar. ¿Acaso no saben que soy un hombre lobo?, me pregunto mientras dejo que hagan lo que deseen conmigo. Y queriendo salir de este lugar conmigo, me amarran detrás de su caballo. Estos hombres ya deberían de saber que soy un lobo y aunque no supieran, no parece ser quienes respeten a mi especie. Por años he vivido a escondidas de todos, los humanos me han estado buscando desde que mi madre y nuestra manada fueron descubiertas por uno de ellos. Soy un hombre lobo, hijo de un Alfa. El ser hijo primogénito de un Alfa me da más fuerzas y poder de lo que otros pueden tener. Mientras me hicieron ir con ellos, arrastrándome por todo el lugar, caminando en dolor veo más de mi especie en la misma o incluso, peor situación que yo. — ¡Ah! —. Escuchó a una mujer gritar de dolor a distancia. Mi gruñir no era suficiente para expresar mi enojo al ver a un anciano caminar cojo. Llegando a donde ellos me desean estar es cuando veo que empezaron a meter en pequeñas manadas de mi especie en diminutas jaulas de plata, entendí que nuestra vida de paz terminó. Años atrás mi madre me dio a otra manada para criarme, nuestra manada fue atacada cuando yo vine al mundo, pero esa manada me maltrató por años, metiéndome en la cabeza que no valía nada, haciéndome aborrecer este lugar hasta que un buen día tomé lo poco o mucho que podía presumir como mío, producto de mi trabajo y me largué. Los dos hombres que me traían arrastrando con ellos, abren la puerta de una jaula. Mi turno ha llegado. — ¡Entra, tu nuevo amo vendrá por ti pronto! —Me grita uno de ellos. Deseando solo ser liberado, me bajo de mi altura de siete pies a una de cuatro pies, entrando por mi cuenta de rodillas. Al estar dentro de la jaula es entonces cuando cierran la jaula. Mis piernas casi llegan a mi pecho. Con calma, tomo un par de respiraciones para calmarme, tengo poca paciencia y todos mis sentimientos están siendo quemados por el dolor físico. Harto de la humillación, empiezo a mover mis manos amarradas por un tallo de planta para liberarme. Algo me dice que me han amarrado con esa planta llamada Wolf Bane que envenena a mi especie. Una planta que es de color amarillo verdoso, la punta de esta quema la piel de los hombres lobos, y ahora mismo me está volviendo loco con ardor. El acónito y todos sus derivados poseen venenos reales, su ingestión y, en algunos casos, el simple contacto con la planta, como me está sucediendo a mí, puede llegar a ser mortal para mi especie. Como Alfa de sangre pura que soy, lo resisto mejor que otros lobos de nivel más bajo, pero aun así me está matando poco a poco. Actualmente, la única cura que se ha encontrado para un disparo de acónito es encontrar una de las balas que fueron disparadas, sacar el acónito de dentro, quemarlo, he introducirlo en la piel del lobo infectado. Esto ya fue visto antes. Acónito Amarillo, esa es para curar, y la única manera de eliminar esta especie desde dentro de uno, misma que resulta ser tan poderosa que es capaz de matar a un Alfa, es quemarla en la herida, y echarle agua fría, si solo la tuviera. Mientras pienso en esto, mis manos se sienten ser liberadas cuando por fin siento que la planta es removida, respiro más en calma y me quedo tranquilo con el cuerpo quemado, cierro los ojos para calmarme de tanto caos que me rodea. ¿Cómo es posible terminar aquí después de esconderme por tanto tiempo?, me pregunto esto junto con mil preguntas más teniendo los ojos cerrados. El cansancio y el dolor tomó mucho de mi energía, pero no descanso por mucho tiempo, pues, escucho a todos los demás gritar a lo lejos. Nunca me interesó pelear por ser alguien. Mientras pueda vivir otro día más, es lo único que me importa pues al final, todos terminan abandonándome. Vivir era lo único que valía la pena, trabajando y mudándome constantemente me daba libertad de vivir. Hasta que escuché a alguien decir mi nombre. Esa voz que me dio escalofríos me hizo sentir libre de nuevo. No veo quién es, pero en unos segundos escucho la voz de un ángel. —Buenos días, señores, ¿está mi guardia listo? —Una voz infantil llama. ¿Cómo es posible pasar de tal estado de dolor a sentir amor, libertad, y un sentido de aceptación justo ahora?

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