Al llegar al castillo, me envía un enlace un guardián.
“Alfa, soy Carlos. Sentí tu regreso y deseo poder hablar contigo, pues tengo unos omegas que tienen el valor de liberarse, pero no tienen a dónde ir para ser libres.”
Su enlace me da un poco de paz, pero deseo saber quién pudiera ayudarme en los próximos meses a llevar y regresar sin ser detectado.
Carlos suena como una buena opción si está dispuesto a encontrarme para ayudar a otros en necesidad, como lo estoy haciendo yo.
Caminando, pero manteniéndome oculto para llegar a mi pareja, le respondo con cautela:
“Esta mañana se descubrirá que maté a muchos. Indícales que pueden hacer lo mismo y, al terminar, correr al bosque. Carlos, necesito que los lleves, pues el enfoque estará en mí todo el tiempo y no podré llevarlos.”
Carlos escucha las instrucciones para llevarlos a salvo y, después de unos minutos, justo cuando veo la puerta donde duerme mi amada, cierra el enlace para llevarse a muchos desde el noreste del palacio.
Al llegar a la puerta, me detengo al ver que unos humanos terminaron de encerrar a algunos de los míos en jaulas de metal, con la dichosa planta en toda el área donde están.
Como no los puedo matar en este momento, entonces removeré a mis compañeros. Removiéndolos de sus jaulas, los libero a todos. Cuando intento eliminar a los cazadores, me detengo al ver que uno se ha levantado para salir de su jaula. Me escondo para seguirlo, y cuando lo veo ir detrás de un árbol, lo tomo por la boca con mis manos. Le tuerzo el cuello y muere en el instante.
Veo que el cielo empieza a aclarar y me vuelvo lobo para regresar con mi amada dama, antes de que le hagan daño por estar separada de mí. Al llegar, veo que está dormida. No escucho a nadie, así que intento descansar.
No pasa mucho tiempo cuando escucho que la puerta se desbloquea.
El despertar de esta mañana fue como el de un sueño. Sueños que nunca creí volver a tener después de tanto sacrificio solo por sobrevivir. Pero esta noche… me sentí libre, deseada y amada, aun sin saber con certeza si el ser que duerme a mi lado es hombre o animal.
Me muevo para verlo, y noto que está abrazando mi espalda. Su respiración es cálida, sus manos fuertes me protegen de todo aquello que alguna vez me quiso hacer daño. Veo en su cuerpo todas las marcas del trabajo que ha hecho para sobrevivir. Él es un hombre lleno de secretos… y pronto llevará muchos conmigo.
Quizás conocer sus secretos me ayude a entenderlo. Y quizás, también yo pueda ayudarlo a él.
Me levanto con cuidado. Al hacerlo, siento que todo mi cuerpo está adolorido… pero al mismo tiempo, me siento como una mujer nueva. Llevo mi mano al cuello al sentir algo metálico colgando de él.
Me lo sobo, aunque no duele. Entonces siento unas manos recorrer mis caderas desnudas. No tengo miedo, pero sí siento unas chispas calientes por todo el cuerpo. Me deja tranquila, en paz, con cada caricia. Se mueve para sujetarme con firmeza, solo para comenzar a besar la marca que ahora lleva mi cuello… y me estremezco.
—Buenos días, mi Dama —me dice con voz grave y cansada.
Me giro para ver su rostro tierno. Su sonrisa provoca que las mariposas en mi estómago vuelvan a revolotear, y no puedo contenerme: lo beso. Él responde con la misma pasión, y me enredo entre sus caderas. Me alza con facilidad hasta dejarme sobre su pecho. Me aferro a su cuello y siento algo rozar mi entrada baja, haciéndome jadear.
—Buenos días, Señor… perdóname, pero solo estoy siguiendo lo que mi cuerpo me pide. Anoche… no esperaba nada de lo que sucedió. Y si soy honesta… fue lo más increíble que mi cuerpo ha experimentado jamás —le susurro con voz suave, mientras él sigue besándome con labios abiertos y sedientos.
—Es un placer hacer mi trabajo mejor de lo esperado, mi Dama. ¿Deseas continuar? —me pregunta con seducción.
Yo solo muevo las caderas para responderle.
Me toma de la cintura y me baja con firmeza de la cama. Me sostiene mientras caminamos hasta el clóset de agua. Allí, entra en mí sin pedir permiso, y muerde mi pecho con vicio. Muevo mis caderas para seguir su ritmo, pero su fuerza me domina. Me dejo llevar por mis deseos.
Con mucho control trato de no gritar, intento evitar emitir sonidos que puedan atraer a otros del palacio. Pero entiendo a mi cuerpo… el calor que creamos y las chispas que siguen creciendo dentro de mí hacen que se me vuelva cada vez más difícil contenerme.
Alejandro sigue empujándose dentro de mí con una energía que me deja sin control sobre mí misma. Escuchar su respiración acelerarse, sus gemidos crecer, y luego sentir sus besos cargados de hambre me derrite por completo. Cuando siento su m*****o temblar dentro de mí, el deseo de liberar toda la presión acumulada me gana… y me dejo ir con él.
Aferrándome a su hombro y agarrándole el cabello, se mueve unas cuantas veces más antes de salir de mí.
Me besa con la misma pasión de antes… hasta que escuchamos a una mujer hablar. Con dolor, detenemos nuestros besos. Al mirarlo a los ojos, los veo llenos de pesar por tener que frenar justo en nuestro momento más intenso e íntimo. Eso me deja una punzada en el pecho.
Me duele verlo así… en tanto dolor. Y también me duele tener que parar estos momentos llenos de sensaciones que me vuelven loca de deseo. Anhelo seguir jugando con su m*****o, jalar su bello cabello y dejar marcas de mis uñas sobre su piel.
Marcas que mostrarían a todos que yo fui la culpable de desatar y controlar a esta bestia de hombre que me destruye con cada caricia, sin temor a ser descubiertos.
Deseaba seguir sintiendo nuestros latidos volverse uno, crecer hasta que ninguno de los dos pudiera más… y luego dejarnos llevar por el sueño. Dormir en sus brazos una vez más… hasta que volviéramos a despertar para amarnos otra vez.
Moviéndome para darle un beso de promesa, le entrego la certeza de que esto que tenemos no termina aquí, que tendré la valentía de continuar… si él responde a mi beso. Lo hace. Y un pequeño gruñido humilde escapa de su garganta, haciéndome sentir la cara arder.
—¿Reina Mónica, en dónde se encuentra? —escuchamos la voz de la Señora Floraly, y con esas palabras me muevo para esconderme mientras Alejandro se apresura a tomar unos pantalones que están afuera de la ventana.
Toma una camisa rota, se la pone para verse presentable y recoge mi bata que estaba en la silla del clóset para ayudarme a cubrirme.
Al salir, veo a la Señora y a mis damas detrás de ella. Floraly tiene una expresión tan severa que, si pudiera matar con la mirada, yo estaría enterrada bajo este palacio.
—Reina Mónica, hemos tenido mala fortuna. Hoy debemos prepararte para tu boda, pues ocurrió un ataque dentro del palacio, y tristemente, nuestra seguridad está en riesgo. Vamos a arreglarnos, ya que tendremos visitas llegando pronto.
Su urgencia me impide procesar lo que Alejandro y yo acabamos de hacer, porque el miedo me consume al saber que… personas murieron durante la noche en que nosotros dormíamos.
Viendo a mis damas moverse a mi alrededor, me encontré atrapada en un pensamiento: me acaban de llamar reina… cuando aún no me he casado.
Siento como si todo a mi alrededor se estuviera moviendo a gran velocidad, mientras yo permanezco congelada, suspendida en una pausa causada por el miedo. Una pausa llena de incertidumbre, de temor a ser descubierta… de que alguien sepa que estuve con mi guardián como si fuéramos amantes bajo la luna.
El recuerdo de sus manos aún arde en mi piel. El sabor de sus labios todavía vive en los míos. ¿Cómo puedo vestirme para otra persona sabiendo lo que acabo de hacer?
Al sentir el agua tocar mi piel, salto con un sobresalto que no logro disimular. El sonido ahogado de mi propia sorpresa hace que Floraly se acerque de inmediato, observándome con sospecha, sus ojos fijos en mi cuello.
Y es ahí… justo en ese momento… que escucho su voz en mi mente.
La voz de Alejandro.