Mientras escucho que los tres fueron a encontrar una soga, olfateo el aire fuerte pues no me agradan ellos tres, me muevo un poco cerca de mi mate, el aroma de ellos ya lo tengo guardado ahora.
No vi quien fue que llegó primero, pero mi Luna toma la soga y me la da, yo me la amarro al cuello para después, darle el último extremo de la soga y, al ella tomarlo, se mueve para caminar a mi lado.
Que tierna compasión me tiene aun después de comprarme, aún después de mandar a estos para robarme de mi libertad y aún así solo deseo amarla.
Memorizo el lugar pues, estoy seguro que una noche después de conquistar a mi Mate regresaré a eliminar este mercado. Ni uno más de mi r**a vivirá por tantas destrucciones y uso para otros.
MÓNICA
El caminar con el hombre más alto que he conocido me daba miedo. Es un hombre corpulento, los músculos perfectamente proporcionados en todos los lugares de su cuerpo que me hacen sentir un poco extraña, siento calor en lugares que no debería. ¡Soy una dama no una prostituta!
Mi cara se siente caliente al gritarme esas palabras, pero aun así me pregunto, ¿entonces porque deseo tanto que me toque de manera que no es de una dama?
Pensando en esto mientras caminamos, recuerdo lo lindo que fue de su parte en enseñar que mis palabras no fueron realmente desagradables, si no que él desea estar confiado, y si esta es la manera cómo será conmigo, pues le daré mi confianza, ya estoy maldecida en todo esto de matrimonio, tener a alguien a mi lado será de bendición.
Su gesto de furia al ser tratado por estos bárbaros fu cambiado por un gesto tierno en cuanto me miró. Él era un hombre lobo con un corazón tierno, alguien que no podría ser malo, malo es con quien me estaré casando muy pronto… Si tan solo no me tuviera que casar con ese príncipe.
Tengo un plan y por ese plan voy a seguir adelante. Si todo sale como lo espero, seré una mujer libre y rica, lista para vivir en paz, hasta darle la libertad a mi guardián, si me ayuda y no está en mi contra.
Al salir del lugar, Alejandro se queda como un perro obediente al frente de mi carrusel, me abren la puerta y me paro en seco al saber que el empezará a caminar por fuera, pero yo no deseo que camine cuando todos están adentro o encima del carrusel.
Mientras solo los guardias asignados a la iglesia se quedan afuera, me tomo mi tiempo en sentarme para entonces, dirigirme a Alejandro. Sus ojos de miel toman mi respirar una vez más.
Alejandro, un nombre que significa fuerza, y valentía, ¿acaso me ha robado mi atención como mujer?
Al darme cuenta de lo que dije para mis adentros, parpadeo rápidamente mientras mi cara comienza a arder por la vergüenza que siento al pensar en mi guardián como lo haría un amante.
Aclarando mi garganta me dirijo a Alejandro, tímidamente. —Entra, Alejandro —. Él me mira con deseo de actuar más de lo que debería —. ¿Acaso usted no está encargado de mi vida? —Le doy una sonrisa y él me mira por un momento contemplando lo que le pedí para preguntarme.
— ¿Puedo tener el permiso para hablarle, Duquesa? —Me responde. Siento que su voz es un poco alta, pero no grosera. Su voz y mirada tierna me deja sintiéndome calmada gracias a su voz.
—Sí —respondo más tranquila, moviéndome a un lado para hacerlo entrar.
Él mira un momento y después, pasa su mirada a los guardias, al darse cuenta que nadie se opondrá a mi orden, continúa.
—Si está bien con usted…, ¿el permitir que me cambie aquí? Así tengo ropa cuando me vuelva a mi forma humana.
¡Qué pregunta más extraña!, me digo a mí misma. Después de que me ha preguntado, me volteó a un lado para que él pueda hacer lo que me ha pedido, y mirando al otro lado le contesto; —Sí, pero por favor, hazlo de este lado donde está mi ventana. No deseo que otros te vean.
No resistiendo más la necesidad, volteó a verlo. Esa mirada suya me hace sentir tan expuesta que me siento como mi temperatura sube de nuevo.
—Sí, mi Duquesa. Gracias —. Alejandro baja la cabeza en respeto a mi título, y empieza a caminar para donde lo mande.
Escuchar a mi lobo me da una paz indescriptible, es aquí donde pienso en algo que acabo de decir. Mis ojos se abren en sorpresa. ¿Acabo de llamarlo mi lobo en mi mente?, ¡estoy loca!
Esto me hace mover mis manos para tapar mi boca, es lo único que puedo hacer para no sentir tanta vergüenza por mis palabras. ¿A qué animal no le gustaría ser mío en vez de tener su propia libertad?
Sintiendo sus ojos en mí, volteo a ver a donde está Alejandro. Verlo caminar un poco rápido hacia mí me da paz. Por una extraña razón que creo empezar a conocer, no me agrada la idea de que él se muestre desnudo frente a otros.
¿Será esto algo nuevo de mi nueva etapa en ser mujer y no niña?, me pregunto mientras bajo mis manos. Me empiezo a tranquilizar mientras inhalo y exhalo.
No conozco la razón por la cual Alejandro me deja sintiéndome de esta manera, o quizás es mi nueva etapa de niña a mujer.
En estos momentos, pérdida en mis pensamientos vuelvo a la realidad cuando veo a un lobo de color n***o, casi como el pelo del pecho de Alejandro, tan n***o como la noche, aparece en la puerta de mi carrusel y me doy cuenta que es Alejandro debido a sus ojos miel.
Las historias que he escuchado sobre tener un guardián dicen que no es bueno, que ellos tienen malas intensiones, que son crueles, criaturas viciosas que sólo persiguen para tener hijos, para comer a las mujeres, para usarnos como quieran y luego, matarnos.
Sin embargo, aquí estoy al frente de uno de ellos, y lo menos que siento es miedo, Alejandro me da paz en medio de toda esta etapa de mi crecer en la vida de los aristócratas.
El verlo frente al carrusel, después de un gesto de mi parte, él entra cuidadosamente y detrás de él, cierran la puerta. Muevo mis manos a mis muslos y él sigue mis movimientos.
—Alejandro, ven, pon tu cabeza aquí y acuéstate aquí, el camino es largo —le digo con cariño.
Alejandro me mira para después, poner su cara sobre mi regazo. Al momento me hace sentir una tensión indescriptible, un tipo de calor y chispas que recorren por todo mi cuerpo. La calma se ha ido de mí, Alejandro lo siento pues hace a que saque la lengua de manera adorable.
¿Qué es esta sensación que me hace sentir libre al tenerlo tan cerca de mí?, me pregunto mientras el mueve su cola como si estuviera feliz de escuchar mis palabras, me rio de cuan fácil se le hace ser un lobo en mi presencia.
—Ahora estoy más tranquila —expreso con un poco de libertad.
El carrusel está completamente cerrado, y el único aparte de mí, es Alejandro, no sé qué es lo que me motiva a seguir hablando pues sé que los demás están afuera y no me pueden escuchar.
—Pero temo lo que va a pasar, entiendo que no es malo el decirte lo que nos espera —digo. Alejandro baja sus orejas mientras me mira con ternura. A esto le doy una sonrisa delicada y añado —, primero que nada, yo no vivo con mis padres y tampoco vivo con el hombre con el que me han hecho casarme —empiezo acariciar la cabeza de Alejandro—. Soy huérfana, y comprometida por decisión de la iglesia, pues aparentemente es la decisión que ellos tomaron para el bien de la sociedad —me muerdo el labio inferior —. Por eso estoy sumamente agradecida, pero eso no quita que detesto el lugar donde vivo, una iglesia de monjas —, ruedo mis ojos—. Ellas me han puesto como pago a un hombre, él es el príncipe, hijo del Rey. Philip Crusales I, es un hombre no tan mayor, pero tengo apenas veintiuno y el veintitrés —le hago saber al lobo que está en mi regazo, siendo acariciado por mis manos.
Entonces insisto en preguntarle con toda la intención de escuchar su respuesta, pero aun así, sabiendo que él no me puede contestar —. ¿No crees que ya es muy mayor? —Alejandro pone su pata en mi falta y creo que me comprende.
ALEJANDRO
Al mirar a mi Mate me distraigo de lo hermosa que se ve y es, sus expresiones faciales me dicen que ella también está pensando en otra cosa, algo que no quiere decir en voz alta.
Tratando de descifrar lo que está pensando, paro al escuchar cuantos años tiene, cuantos años el príncipe, y no puedo evitar preguntarme. ¿Veintitrés? Yo a penas cumplí mis diecinueve años dos semanas atrás, ¿ese es un hombre de edad para ella? ¿Pero ese tal Philip será igualmente como mi Luna?
Temo que este tal Philip vaya a tomar a mi Mate, y la esconda de mí para siempre porque si este es tan inteligente como mi Mate, temo por nosotros.