ALEJANDRO
Viendo a Mónica estirarse para empezar a bajar del carrusel, empiezo a oler los alrededores y encuentro que hay muchos de mi r**a por aquí. Me levanto en el segundo que Mónica se levanta para ver al guerrero de antes poner de nuevo su mano en su espada.
Me acuesto como una manera de mostrarle mi obediencia y que no pretendo hacerle ningún daño, el me mira enojado, pero se gira para darme una bolsa que contiene algo.
Sin moverme me grita; —es tu ropa, perro, tómalo para que te cambies. La Duquesa está a salvo mientras yo esté aquí.
Abro mi boca para tomar bolsa, él empieza a murmurar algo debajo de su aliento, entiendo que no espero caerle bien, pero si ve que soy sumiso a su especie no me harán más daño de lo que ya me han hecho.
Al tener la bolsa en mi boca, me voy corriendo, en segundos soy humano, me pongo rápido mi camisa de dormir, corro para atrás en mi velocidad de lobo, lo cual es más rápido que las del humano. Al llegar al carrusel veo que Mónica acaba de salir y ahora está caminando a la iglesia.
Parándome al frente de un guardia del Rey me dice; —indique su nombre y propósito de estar aquí. ¿Es por negocio?
Es entonces cuando quien me dio la bolsa, le grita; — ¡Es el guardián de tu Duquesa, anormal, déjalo pasar! —El guardia real mira para atrás y le responde con temor—. ¿Él es el guardián de la Duquesa? —Me mira de nuevo con miedo en sus ojos y añade—, Coronel Del Salvador, el lobo n***o es grande para ser un guardián, es tan competente como usted—. El guardia toma unos pasos a su lado, dándome espacio para caminar.
Tomando mi camino el hombre que ahora conozco como el Coronel Del Salvador de dirige a mí.
— ¿Sabes cómo hablar? —Me pregunta molesto.
Más yo le contesto honestamente; — sí.
Él mira a los que nos rodean para después decir; — ¡Todos aquí escúchenme! —Saca su dedo para apuntarme mientras continúa hablándole a todos—. Él es el guardián de la Duquesa Mónica de la Mendoza, llamado Alejandro, es un lobo de abrigo de piel negra con ojos color avellana, sabe cómo hablar, si ustedes lo tratan menos no seré responsable por su mordida, ¿he sido claro?
Nadie dijo una palabra, mirando a mi alrededor veo a tres hombres lobos mirando a mi Mate, gruñendo dejo salir mi autoridad como Alfa, y los veo someterse a mi autoridad cuando escucho a mi Mate dirigirse a mí.
—Alejandro, ven, llegarás tarde —. Escucho miedo en su tono, al escuchar tanto miedo corro en la misma velocidad de lobo.
Mónica entró a un jardín en medio de la iglesia. En verdad era una iglesia majestuosa, con muchas esculturas, fuentes, y personas vestidas con mucho lujo como mi Luna lo está.
Estando a su lago Mónica trata de subirse en puntitas para decirme algo en voz bajita—. Trata de no actuar en contra de la Madre Luisa, la odio pero me mataría si le haces algo —dice cerca de mi oído mientras yo aguanto el deseo de sonreírle.
Con mucho gusto, Mate, pero si solo supieras que todos los que están aquí morirían antes de tocarte con un dedo, no tendrías a una monja, digo para mis adentros.
Miro para ver si un lobo me habla y me encuentro mirando a uno, si los dos seríamos de la misma manada, podría saber que ellos dicen sin que un humano supiera.
MÓNICA
Esperando al frente de la iglesia a una de las monjas de la clase baja para que me lleve con ella al recinto a lado de la Iglesias donde sé que me harán el chequeo de rutina, veo venir a una monja con su hermana, las cuales se detienen frente a mí, ambas me hacen una pequeña reverencia y luego dicen; —bendecida Duquesa, por favor acompáñenos a conocer a la Madre Luisa, quien nos espera en estos momentos.
Creo que cuando Alejandro vino a llegar a este lugar conmigo, le dio un poco de paz al escuchar que tendrá un poco más de libertad que los otros guardianes.
Cuando creo que puedo respirar una vez más al salir del pequeño jardín, la puerta que nos lleva a los recintos se abre solo para ser la aparición de la Madre Luisa la que me asaltara.
Con enojo la Madre Luisa corre a las dos monjas. — ¿Creen que al padre le gusta la tardanza? Vayan a sus tareas, ¡ahora! —. Las dos monjas se me despiden rápido, y se van corriendo por detrás de mí.
En ese momento, Alejandro entra y se queda parado como uno de los guardianes que lo siguió, y Madre Luisa se gira para entrar al cuarto.
La iglesia de este lado es mayormente exclusivo para las damas y los caballeros de alta sociedad, la iglesia está pintada en su interior de colores claros, el cielo con los ángeles arriba, las estatuas por todos lados son de ángeles también, los colores de oro solo están en el centro de la iglesia.
Todos los muebles son de alta calidad, hechos de oro y fina madera color de roja. Me siento muy incómoda de lo cual, estoy segura que Alejandro se dio de cuenta. En ese momento me ponen en el mismo lugar de en medio de la sala para comenzar la revisión, en cada esquina ahí una monja, en el sofá está el padre, quien está acompañado por dos hombres que no conozco. Están sentados en la sala de este lado de la iglesia.
Madre Luisa camina con sus vestiduras negras, y poniendo su rosario en un bolsillo, toma la cadena de un collar que está en la pared de ladrillo al lado de la puerta.
Viendo a Alejandro mirarla con curiosidad al ella mover el collar de su cuello, dice; —póntelo, perro—. Madre Luisa ordena con su voz gruesa. Está claramente enojada con algo que seguramente le sucedió atrás, y ahora lo está sacando con Alejandro.
Pero como un completo caballero que es Alejandro, él toma el collar de las manos de Madre Luisa y se lo pone en su cuello, asegurándose de estar haciendo lo que le dicen, aunque no sea lo justo.
Mirando cuanto le duele, me parte el corazón. Alejandro se mueve para estar al lado de la cadena, y se queda quieto mirándome fijamente, es aquí donde Madre Luisa cierra la puerta con candado, después exclama a las otras monjas que están en sus esquinas con expresiones de temor al escuchar a Madre Luisa de nuevo.
— ¡Ustedes! —apunta a las dos que están detrás de mí —, háganle el baño a Mónica ahora—. Las dos corren a hacer lo que se les fue mandado.
Mientras las otras dos personas que estaban a cada extremo del lado que se encuentra Alejandro ahora, camina para estar a mi lado. Aguantando sus manos al frente le dicen unánimemente a Madre Luisa; — ¿Qué hacemos, Madre Luisa?
Madre Luisa entonces le dice a la persona a mi lado izquierdo, —cierra las cortinas, ¿acaso esto es una burdel? —. La monja va corriendo a cerrar las cortinas.
Mientras están haciendo eso, las primeras cortinas les cierran la vista a los que están afuera y en poco tiempo, la habitación solo es visible por la luz de las velas.
Todos los años que me tuvieron que hacer esto, lo detestaba. Creí que mientras crecía sería más fácil, pero cada año me da aún más miedo, y me siento más vulnerable que nunca, incluso más que en mi vida cotidiana.
—Remueve la ropa, Mónica. Tú sabes ya cómo se hace esto —. Madre Luisa me ordena con las cejas fruncidas y sus labios en línea recta, mientras sus manos están en su cintura.
Removiendo mi ropa escucho un gruñido a lo lejos, el escucharlo me da escalofríos, pero no me aterra más. Y cuando por fin mi cabeza está afuera de mi traje por completo, veo que Alejandro movió su mirada para ver directo a la pared y nada más. ¿Por qué se ha desviado la mirada de mí?
Miro a mis lados solo para darme cuenta que los demás siguen vigilándome. Madre Luisa empieza a chequearme de arriba abajo, hasta la punta de los pies.
Satisfecha con ver que estoy intacta me dice; —Al baño para terminar el proceso —. Dicho eso, caminó al baño cuando por detrás escuchó al padre hablar—. ¡Qué lastima es que se nos va a la princesa!
Después de mi baño y ser chequeada en mi lugar más privado, Madre Luisa me lleva a un cuarto en el que nunca he estado. Dentro de esta habitación todo es oscuro pero las puertas que nos rodea son todo de madera con pequeños huecos que tienen una tela negra detrás de ella.
Curiosa estoy por saber por qué este cuarto está echo de tal manera y a la vez, me hace sentir expuesta, pensando en esto mientras sigo mirando a las puertas de madera, Madre Luisa manda a traer a alguien de afuera.
—Al saber que tu estado está en orden, en general con tu cuerpo, que venga y entre tu guardián—. Dijo al ver a Alejando entrar al cuarto, y visiblemente veo que él se calma debido a su expresión.