Alejandro Ni un maldito día pasó, y ya Philip actuaba con la misma decepción de siempre. Por semanas buscamos este maldito palacio. Por semanas recorrimos tierras sin descanso, y cuando por fin llegamos, supe que algo no estaba bien. Desde el primer instante, tuve la bendición de ver a Rowan otra vez. Aún respiraba, aún estaba de pie. A su lado, vi a Rosita… en cinta. Ver sus rostros iluminados de alivio al verme me hizo pensar que, a pesar de todo, habían sido protegidos por mi Luna. Pero al mirar los ojos de Rosita, no vi paz. Vi dolor. Vi silencio forzado. Vi miedo. Y en ese instante, deseé más que nunca matar a Philip. Por eso ahora duerme en una jaula, bajo su propia cama, como el perro que es. Y su padre, el viejo rey, encerrado en la prisión, olvidado por todos. Katerina, des

