Mónica Esperar por Alejandro… fue lo único que me quedó después de aquel día. Pero nunca volvió. Jamás. El hombre que prometió protegerme, amarme, construir un hogar conmigo… desapareció en el silencio, dejando solo el eco de sus promesas vacías. Ahora, madre de trillizos, reina desde mi juventud, mi corazón lleva una capa de hielo que ni el calor de la corona pudo derretir. Un frío que nació el mismo día que entendí que el amor de mi vida no vendría a buscarme jamás. —¡Mami! ¡Mami! ¡Mira mi pez, mami! La vocecita dulce de mi hijo me arrastró de mis pensamientos oscuros. Miré hacia donde el pequeño corría, con una sonrisa resplandeciente y un pez entre sus manitas aún torpes. Mauricio. Mi primer hijo, mi orgullo y mi reflejo más puro. Su cabello rubio como el oro, sus ojos bril

