Es poco el afecto de un hijo para un padre que nunca estuvo presente. Pero en el mundo de la mafia, lo que valía era ser reconocido al nacer y tener lo necesario al momento de heredar. Era todo lo que le interesaba al heredero de los Smirnov. No le dolía la muerte de su padre; al contrario, los hombres que le seguían estaban seguros de que, de no ser porque debía guardar apariencias, estuviera saltando en un solo pie de felicidad. Había heredado el apellido por nacimiento; ahora heredaba todo el dinero y la posición. El hombre se sentía como si hubiera ganado la lotería y lo disimulaba bien detrás de un rictus serio. Unos lentes negros cubrían sus ojos mientras veía a los demás bastardos que había tenido su padre buscando la manera de sacarlos de la jugada. Su padre era un v***a alegre;

