Esa chiquilla malhumorada, con ojos fieros, hacía su vida menos aburrida mientras ponía su paciencia al límite. Por un momento, pensó en dejarla caer de boca; es que su espalda estaba resintiendo todos los golpes que le propinó para intentar que la bajara. Mientras él sujetaba sus piernas fuertemente, la verdad es que sería una lástima ver ese lindo rostro afectado por algún golpe. La sujeto más fuerte cuando sintió que se removía como un remolino, intentando que él la bajara. - ¡No puedo creer lo que hiciste, qué maldita vergüenza! - le gritó en medio de un berrinche que casi la tira al suelo, pero lo prefería; prefería quedarse sin dientes a seguir como un costal de papas sobre su hombro. - ¡Atravesaste todo ese maldito burdel conmigo en tu hombro como si fuera un costal de papas! ¡Báj

