Estaba verdaderamente furiosa. Se repetía internamente que debía mantener la calma, que sería un error sacar su alma y acabar con ella allí mismo. Todos los comensales del lugar presenciaban la escena y, además de enojada, se sentía muy avergonzada; todo había sido un espectáculo. —¿Estás bien? —Asintió, pero Irina sabía que no era así. Encontrarse a Kira allí no estaba en los planes; fue una casualidad de lo más incómoda para Dasha, al igual que para ella. No dudaban que el escándalo sería filtrado a la prensa. —Te has pasado, Kira, vámonos —susurraba su madre, intentando hacerla entrar en razón. —La trajiste al lugar donde tanto habíamos compartido tú y yo. Veo que, al igual que tu hermano, eres una... —Una cosa no tiene que ver con la otra —refutó Irina, enojada. Nunca pensó que Ki

