En el primer piso, las empleadas preparaban todo para la cena. Todos en la casa estaban tensos y expectantes; no sabían lo que pasaba en los pisos inferiores y, por la forma en que la pareja había irrumpido hacía ya más de cuatro horas en la casa, suponían que estaban envueltos en una inmensa pelea o discusión. Sin embargo, descartaban ya la posibilidad, al no escuchar gritos ni objetos romperse, lo que alteraba los nervios de todos, incluidos los de Gled, quien caminaba de un lado a otro, preocupado por no saber nada de ella después de tanto tiempo de haber regresado a casa. El hombre fumaba un cigarro, dándole tiempo a ella para comunicarse, pero no lo había hecho. Estaba frente a la puerta principal de la mansión, sopesando la idea de entrar y verificar por sí mismo que ella estuviera

