El invierno apenas estaba empezando. El pronóstico del clima había sido acertado: sería un invierno extremadamente frío. La tormenta repentina que amenazaba con azotar gran parte del país empezaba a hacerse cada vez más presente. La cantidad de nieve que empezó a caer era considerable; se mezclaba con algunas gotas de lluvia que se congelaban al hacer contacto con el suelo. Los hombres de Andrey que permanecían a las afueras de las cabañas se habían marchado con tiempo, dejando todo lo necesario allí para su jefe, quien decidió quedarse en medio de la nada. Habían tomado una que otra precaución por si el clima empeoraba, ya que Andrey había sido tajante en que se quedarían en aquel pueblo. Dado el clima, sus hombres no podían quedarse en la cabaña, que aunque acogedora y lujosa, solo podí

