Prohibida, prohibida, prohibida. ¡Mierda! Si que besaba bien, tenía una lengua muy ágil y sus labios seguían sus demandantes modos, los cuales eran pasionales y casi desesperados. Joder, si continuaban con ese beso, no respondería por lo que pasara después. Sintió cómo ella lo agarraba casi agresivamente por la solapa de la camisa, atrayéndolo más hacia ella cuando sintió que él iba a apartarse. Joder, joder, joder. Inevitablemente, terminaron profundizando más el beso. Esa mujer lo estaba poniendo en una situación difícil, muy difícil. - Irina - formuló su nombre con un tono de advertencia. Cuando se separaron, estaban casi jadeantes por la falta de aire. - Tienes miedo - afirmó, mirándolo a los ojos fijamente con ese aire provocativo que se lo estaba poniendo realmente duro. -

