No iba a poner resistencia; estaba consciente de lo que él quería y la forma en que su mano acariciaba su trasero lo dejaba claro. No podía mentir, lo deseaba tanto como él, y aunque quizás hacerlo fuera un error, ¿quién era ella para negar a su cuerpo ese placer que le exigía tanto como los pulmones exigen un poco de aire? Sintió su cuerpo rebotar en el colchón cuando entraron a la habitación y Andrey la lanzó en la cama. No iba a negarlo, estaba nervioso. Se le quedó viendo, al igual que él la miraba a ella, mientras empezaba a desabrochar su camisa. Le dedicó una sonrisa de lo más sexy que la hizo apretar las piernas. Le encantaba ese hombre; le gustaba demasiado. No lo perdía de vista mientras él dejaba su pecho tatuado al descubierto al sacarse la camisa. Andrey estaba divertido p

