Estaba seguro de que no sería fácil una vez se enterara; eso lo tenía más que claro. Ahora dudaba en que fuera el momento correcto para haberse confesado. La mujer era orgullosa, como le dijo no le gustaba perder y era más que obvio que se sentía engañada. Ese sentimiento reinaba en ella. Carajo, ahora debía cuidar sus flancos. Estaba loca, no se contenía cuando quería lograr algo y ahora su mirada le gritaba una sola cosa: "Voy a acabar contigo". No había forma de hacer las paces con ella, no al menos por el momento. No era quien dijo ser; era cierto que la hizo necesitarlo, también era cierto, pero sentía que ella exageraba con su enojo. Una alianza con él le convenía. ¿Por qué no podía verlo? ¡Vale! No era que saltara en un pie por la felicidad de saber que era un mafioso, tal y como

