Había subido a su habitación sintiendo que necesitaba un baño; necesitaba despejar la mente. No le importaba lo que la gente dijera, siempre y cuando ella supiera la verdad, pero le molestaba que esa arpía quedara como una santa paloma cuando ella sabía la verdad: que era una mujer con falta de amor propio, una loca frustrada por una v***a que nunca fue suya realmente y que, ante los ojos de Andrey, siempre fue un simple polvo más. Le molestaba que se hubiera salido con la suya, pero sobre todo le molestaba estar en el ojo público; no podía darse ese lujo debido a lo que se dedicaba. Graduó el agua, poniéndola para que saliera caliente, moviendo el manubrio con un poco más de fuerza de la que requería, demostrando su enojo en la soledad de la ducha. Cerró los ojos con satisfacción cuando

