Habían pasado tres horas desde esa desastrosa cena. Andrey había dejado todo claro con Irina, y su hermana pareció entender cada una de sus palabras a la perfección cosa que Andrey agradecía. Había salido al jardín, sintiendo que necesitaba aclarar sus pensamientos y poner sus siguientes movimientos en orden. Dio otra calada al cigarro que permanecía en su mano, recordando los ojos cristalizados de Dasha. Negó mientras soltaba el humo despacio, cuando esa mirada llena de miedo que le dedicó lo atormentó. Estuvo a punto de cometer un error; iba a ordenar que mataran a Gled, nublado por el enojo y la frustración de que ella no cedía cuando él quería que lo hiciera. Darse cuenta de que ella lloraba lo hizo retroceder. Podía entenderla; cuando se ponía en su lugar, prácticamente se había lev

