La luz de la luna iluminaba la pequeña habitación del motel. En aquel tranquilo instante, lo esencial era observar a la joven Loraine, envuelta en su bata de dormir, que miraba detenidamente por la ventana, recordando lo sucedido con Alex minutos antes. Las caricias y los besos húmedos de Alex recorriendo su cuerpo provocaron en ella una sensación única y segura. Los ojos de Loraine se dirigieron hacia el hombre que dormía en la cama, y una sonrisa involuntaria se escapó de sus labios al pensar que él había sido el dueño de su virtud, algo que Lion nunca fue en los pocos meses de relación que compartieron.
Al recordar a su ex pareja, una corriente de nerviosismo recorrió su cuerpo ante la posibilidad de que aún estuviera en peligro. Volvió a dirigir su mirada hacia afuera y vio la luz de un auto acercándose al motel donde estaban hospedados. Una confusión se apoderó de su rostro al reconocer el coche de su amiga Isabella, lo que la hizo correr hacia la puerta sin pensar en su vestimenta. Al salir, el aire fresco de la noche la hizo temblar de frío, pero no la detuvo al acercarse a su amiga.
—¿Isa? —dijo Loraine emocionada al verla.
—Lora, ¡qué bueno que te encontré! —respondió Isabella con una sonrisa al ver a la pelinegra, acercándose a ella para darle un fuerte abrazo.
Ver a Isabella alegraba mucho a Loraine, ya que se sentía más segura. Sin embargo, de repente, la expresión en los ojos de la castaña confundió aún más a Loraine.
—Debes escucharme con suma atención, Lora —dijo Isa viéndola con tristeza.
Loraine miró a su amiga, desconcertada por sus palabras. Isa tomó sus manos y la miró con desánimo en sus ojos.
—Lion capturó a Ruth —dijo Isa, con tristeza— y sabe dónde te encuentras en este momento —añadió, viéndola con preocupación—. Lora, el traidor es Alexander Breidston.
Poco a poco, Loraine empezó a soltar las manos de su amiga, mientras su cuerpo comenzaba a colapsar ante las palabras de Isa. "Lora, el traidor es Alexander Breidston," repetía constantemente en su mente. La pelinegra negó con la cabeza y lágrimas brotaron de sus ojos.
—No debes estar confundida, Isa. Él me salvó de Lion y se aseguró de que no me pasara nada —dijo Lora, nerviosa—. Tus registros deben estar mal.
—No, Lora, así es... Cuando supe que la mansión había sido atacada, busqué rápidamente la información en los registros de Alex y no es quien dice ser —dijo Isa, mirándola—. Es uno de los hombres de Lion, él te delató y ahora es quien te llevará hasta Lion. Lo siento, Lora, pero debo sacarte de aquí rápidamente.
La castaña tomó la mano de Loraine, y esta se dejó arrastrar hacia el auto, mientras sus ojos marrones miraban hacia la habitación, donde Alex dormía plácidamente, ajeno a lo que sucedía. Isabella metió rápidamente a Loraine en el coche y se dirigió al asiento del conductor, arrancándolo con gran velocidad. Loraine seguía con la mirada fija en el lugar donde había dejado a Alex, con la convicción de que habían pasado una hermosa noche juntos, donde él le había entregado su confianza.
—Te llevaré a un lugar donde estarás a salvo... Lo siento mucho, Lora, no sabía que él era un infiltrado de Lion —dijo Isabella, con la mirada al frente, mientras Loraine no decía nada.
Ella se encontraba absorta, perdida en sus pensamientos sobre el momento íntimo que había compartido con Alex. No podía creer que el joven que la había cautivado y enamorado fuera, en realidad, un traidor destinado a llevarla directamente a su muerte. Mientras tanto, en la habitación del motel, la brisa fresca de la noche despertó a Alex. Al notar que la puerta de la habitación estaba abierta y que Loraine no estaba a su lado, se levantó con rapidez, vistiéndose de inmediato.
—¡Loraine! —gritó por la habitación, pero no recibió respuesta—. ¡Maldición!
Terminó de ponerse la ropa y revisó la habitación, buscando indicios de su amada, pero no hallaba señales de su paradero. Frustrado por la búsqueda infructuosa, se sentó en la cama, pasándose la mano por el pelo mientras intentaba ordenar sus pensamientos. Golpeó la cama con el puño y, decidido a no rendirse, salió para buscar cualquier pista sobre Loraine, y justo la encontró: marcas de llantas de autos estaban al lado de su motocicleta. Examinó detenidamente el lugar y notó que una cámara enfocaba el sitio donde su moto estaba estacionada. Volvió a la habitación, tomó su bolso, donde guardaba sus armas, y encontró un bolsillo oculto en el que había un teléfono celular, aparentemente destinado para rastreo. Lo encendió sin dudarlo y, cuando el aparato estuvo listo, buscó el contacto y llamó sin pensarlo. Necesitaba encontrar a Loraine a toda costa, o su misión fallaría.
El tono de espera siguió sonando, y cada vez frustraba más a Alex. Debía localizar ese contacto antes de que la misión se echara a perder, pero cuando estaba a punto de colgar, la voz de una persona se escuchó por la línea. Sin pensarlo, Alex interrumpió, dejando caer las palabras con seriedad.
—Tenemos un grave problema —dijo Alex, con tono firme.
Esas palabras provocaron impaciencia en la persona al otro lado de la línea, y rápidamente, la misión de encontrar a Loraine se convirtió en su prioridad principal. Ahora en los pensamientos de Loraine surgían preguntas fundamentales: ¿Por qué Alex había jugado con los sentimientos de Loraine? ¿La amaba o solo la usó para atraerla y llevársela en bandeja de plata a Lion? Había muchas preguntas y ninguna respuesta clara, solo resonaban en su mente las palabras de Isabella Frankfort:
"Alexander Breidston es el traidor."