Alexander
¿Qué nos pasó? No podía dejar de mirar a Loraine y esos hermosos ojos marrones que me hipnotizaban. Estábamos tan cerca, nuestros rostros apenas separados por el aire que no quería romper. Pero siempre hay algo que lo arruina, y eso me molestaba, porque realmente quería seguir admirando la belleza de Loraine. Ese molesto sonido nos obligó a separarnos, y su mirada se desvió de mis ojos, pero luego noté que se había dirigido hacia mi teléfono, lo cual me sorprendió. Provocó que ella se levantara de la cama y saliera del cuarto. No entendí su reacción en ese momento, pero cuando vi quién llamaba, comprendí y mi mente se llenó de miles de posibilidades basadas en nuestra cercanía y en gestos anteriores.
Suspiré antes de contestar el maldito teléfono que no dejaba de sonar y que ya me estaba irritando. Me senté en la cama, apoyé mi espalda en el respaldo y me preparé para hablar con Gwen, quien demostraba ser la persona más insistente del mundo.
—Bueno —dije mientras suspiraba.
—Cariño, al fin contestas —dijo Gwen del otro lado—. Cuando me cortaste, me preocupé mucho. ¿Qué ocurrió?
—A ver, Gwen, te mencioné antes que estaba trabajando y que no podía hablar —respondí un tanto brusco, pero realmente me desesperaba.
—Lo sé, y lo siento, pero no puedes enojarte porque me preocupé por ti —dijo Gwen, molesta—. Soy tu prometida y es normal que lo haga.
—Sabes que este compromiso es arreglado y no porque nos amemos —dije, frustrado por su comportamiento—. Ahora, si me disculpas, debo seguir con mi trabajo y, por favor, no me llames.
Hablé por última vez para cortar la llamada. No podía creer lo desesperante y pesada que era Gwen. Solté mi celular en la cama y observé detenidamente la habitación de Loraine. Realmente se veía sencilla y delicada, como ella; en sí, su departamento llevaba su esencia. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al darme cuenta de lo hipnotizado que me tenía esa bella mujer, logrando lo que ninguna otra había conseguido en años. Volví a agarrar mi móvil, me levanté de la cama y salí en busca de la joven.
Loraine
Después de salir de la habitación para dejarlos hablar a él y a esa mujer, de quien aún no sabía quién era ni qué lugar ocupaba en su vida, me preparé una taza de té y me senté junto a la ventana para observar las gotas de lluvia caer afuera, descendiendo lentamente, casi con pereza.
Di un sorbo a mi taza y mis pensamientos comenzaron a inundarme nuevamente. Todo lo relacionado con Lion y la reciente presencia de Alex en mi vida me volvían loca. Estar en peligro y huyendo de mi ex me agotaba, pues nunca imaginé que algo así me podría pasar.
Saqué nuevamente mi celular y leí el mensaje de Lion, en el cual expresaba claramente que nadie le impediría que yo fuera suya. Suspiré y apoyé mi cabeza en la pared, cerrando los ojos y permitiendo que algunas lágrimas descendieran por mis mejillas.
—¿Cuándo podré tener paz y tranquilidad? —murmuré mientras volvía a abrir los ojos y contemplaba la lluvia.
Estaba tan concentrada en mi té que una presencia me sobresaltó. Me giré y mi respiración se calmó al verlo apoyado en el umbral de la puerta. Él me miraba detenidamente y yo no podía articular palabra. Su presencia me ponía nerviosa y despertaba sentimientos inexplicables en mí.
—¿Está bien, señorita Grayson? —preguntó Alex, acercándose a donde me encontraba.
Se sentó a mi lado y me miró con una intensidad profunda, pero a la vez preocupado por mi bienestar.
—Sí, aunque solo estaba pensando en mi ex —dije, suspirando—. En el mensaje que me envió, no sé qué hacer —agregué, dejando la taza en la mesita—; nunca imaginé que enamorarme sería mi perdición.
—Enamorarse no es malo, sino de quién se enamora —respondió, mirándome, y luego observó el cielo de Londres, que estaba gris, aunque ya no llovía—. Creo que es mejor irnos antes de que algo malo ocurra.
Cuando estaba a punto de levantarse, tuve un impulso y tomé su mano. Alex miró nuestro contacto y luego levantó la vista hacia mí. Mordí mi labio, realmente nerviosa, mientras inhalaba profundamente para acercarme más.
—Gracias por protegerme y por estar aquí, arriesgando tu vida —dije con tristeza—. Realmente te lo agradezco —le sonreí y le di un beso en la mejilla.
Ambos nos separamos, manteniendo una corta distancia. Nos mirábamos hipnotizados y ninguno podía apartar la mirada del otro. Estábamos perdidos, y ninguno de los dos quería alejarse. Esto cambió cuando la foto de esa mujer en su teléfono provocó que apartara la vista de Alex.
—Es mejor que nos vayamos —susurré, mirando al suelo.
Estaba a punto de dirigirme a buscar mis cosas cuando Alex fue el que me detuvo. Tomó mi mano con delicadeza, provocando una extraña electricidad en mi cuerpo, especialmente cuando me acerqué a él. Lo miré con confusión, y él únicamente acercó mi mano a sus labios para besarla con dulzura, sin despegar sus ojos de los míos.
—No tienes que agradecerme nada, señorita Grayson —dijo, mientras nuestros ojos se mantenían fijos—. Cuidarte es mi deber, pero... —mientras hablaba, nos íbamos acercando más el uno al otro—. Pero, sobre todo, es porque me agradas y me gusta protegerte —susurró antes de darme un suave beso en la mejilla.
Esto provocó que un sonrojo apareciera en mi rostro, a lo que le sonreí en respuesta a su gesto. Alex correspondió con una sonrisa y luego me dejó ir para que pudiera buscar mis cosas, luciendo tanto él como yo con una sonrisa en el rostro.
Caminé con el corazón acelerado y una felicidad inexplicable, pero podía sentir que la situación con Lion me acechaba. Volví a sonreír mientras seguía mi camino hacia mi habitación, en busca de mi bolso y seguramente llevaría un objeto que, a veces, me ayudaba a disfrutar de las noches y que había encendido la imaginación de Alex cuando lo vio. Mordí mi labio con picardía mientras buscaba en la caja donde lo había guardado después de lo ocurrido con Alex. Lo busqué hasta que lo encontré y una sonrisa se dibujó en mi rostro al esconderlo en mi maleta. Cerré la maleta y la bajé de mi cama, cerrando los ojos mientras algo se encendía dentro de mí.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que no sentí la puerta abrirse ni percibí la presencia detrás de mí, pero me sobresalté cuando unas manos me agarraron de la cintura y se deslizaron por debajo de mi camiseta, sintiendo el calor de esas manos en mi piel. Escuché entonces una voz que nunca imaginé que tendría tan cerca de mí, y que sonaba ronca.
—¿Lista para irnos al paraíso y entregarnos a esta pasión que estamos acumulando en nuestros cuerpos? —dijo, mientras sus manos acariciaban mi piel desnuda—. Dios, eres tan delicada y dulce, pero a la vez tan sexy que me estás volviendo loco por desvestirte aquí y poseerte con toda la pasión del mundo.
Corrió mi pelo y besó mi cuello con ternura, haciéndome suspirar de placer. Me dio vuelta en sus brazos y mi mirada se transformó de asombro a miedo al ver a Lion. Enfrente de mí, su rostro y torso estaban llenos de sangre. Quise zafarme de su agarre, pero él me ganaba en fuerza.
—Tú serás mía, Loraine, y de nadie más —dijo con una sonrisa malévola.
Quería gritar por Alex, pero él no venía en mi ayuda. Lion me tiró a la cama y se subió encima de mí, intentando sujetarme a la fuerza, mientras yo seguía gritando y defendiéndome de sus asquerosas manos que intentaban tocar mi cuerpo y desnudarlo.
Grité y lloré pidiendo que Lion me soltara, hasta que de repente me desperté, sobresaltada, y los brazos cálidos de Alex me sostenían.
—Tranquila, ya está —dijo Alex, meciéndome en sus brazos—. Solo fue una pesadilla, estás a salvo.
Lloraba con desesperación, acurrucándome aún más en los brazos de Alex, recordando la horrible pesadilla que tuve con Lion y cómo quería tomarme a la fuerza.
—Estás a salvo y no permitiré que nadie te haga daño —dijo Alex mientras me abrazaba y besaba mi cabeza.
Me acurrucaba aún más en sus brazos, deseando borrar esa terrible pesadilla de mi mente y que Lion desapareciera por completo de mi vida. Alex me mecía suavemente y comenzaba a tararear una melodía que logró relajarme. Ambos nos encontrábamos en mi cama y poco a poco el sueño comenzó a invadirme, pero recordé que debíamos irnos de mi departamento.
Levanté la mirada y encontré la vista de Alex sobre mí. Por impulso, secó las lágrimas que caían por mis mejillas con su pulgar y besó mi frente con dulzura.
—¿Debemos irnos? —suspiré, mirándolo atentamente.
—Si tú te sientes tranquila, podemos irnos... —dijo, mirándome con atención—. Pero si no, podemos irnos en la madrugada.
—Me siento más o menos, pero necesito tomar fuerzas para irnos —dije, sonriéndole mientras me sentaba despacio en la cama—. Gracias por consolarme, sé que no es tu trabajo, pero te lo agradezco de corazón.
Alex se acercó y tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo. Besó mi frente y sostuvo mis manos con delicadeza.
—No me agradezcas, Loraine —dijo, sin apartar su mirada de la mía—. Además de ser parte de mi trabajo, me gusta cuidarte y protegerte —mientras besaba mis manos con dulzura.
Sonreí ante su gesto y lo abracé para expresar mi agradecimiento. Realmente me hacía sentir segura y en paz. Él correspondió al abrazo y ambos nos quedamos así, envueltos en una sensación de calma que no podía reemplazar por nada en el mundo.