Indira abrió la ventana para refrescarse con algo de aire fresco, la clase le había agotado un poco, tenía algunos meses que no daba una lección, aunque aquellos temas los dominaba con total perfección, sin embargo las cosas nunca eran tan fáciles en el mundo. La sala de profesores era justamente como la recordaba, gente ocupada pasando folios de calificaciones, y las planificaciones de los profesores para las clases que darían a sus estudiantes, de momento estaba todo en orden, la clase fluyo con gran avidez y los muchachos se comportaron completamente bien, solo alguna que otra broma de parte de algún grupo de brabucones. Casi había olvidado las sensaciones que le daba dar clases, ella se sentó en el asiento de alguien más sin tener cuidado, entonces cerro los ojos y estiro los brazos, por fin llegaba la hora del descanso, recordaba muy bien porque quiso dejar su puesto en el campus de las mejores universidades del país, comparada con Oxford, y era nada más porque sentía la necesidad de aplicar un cambio en su vida. Aires nuevos, como los aires que entraban por la ventana.
—Qué bonita profesora fue a dar a mi silla—Un hombre se acercó a Indira.
—Perdón no sabía que era su silla—Indira tomo una posición rígida y formal con el hombre, también se levantó inmediatamente al escuchar su voz.
—No tiene que disculparse, usted es la nueva profesora.
—Si—Afirmo con humildad.
—Entonces dejo las comodidades de una universidad de elite por venir acá, me parece impresionante.
—Algo…
El hombre que tenía adelante era el profesor de educación física, un moreno alto y fornido como un gimnasta, media un metro setenta más o menos, y era bien parecido. Indira se incomodó un poco ante su presencia, sabía que él, era de tipo: Machoman, en donde él tenía el control total de todo, detestaba a ese tipo de hombres.
—Y a qué se debe el cambio tan brusco.
—Nada en especial quería probar nuevos aires en mi carrera.
—Me llamo Salazar y usted es…
—Indira me llamo Indira. Disculpe que me senté en su silla pero no encontraba otra y como soy nueva no me han dado un lugar apropiado.
—No se tiene que disculpar.
Indira quería abandonar la sala de forma educada pero no encontraba la manera, hasta que Jimy entro en la oficina y vio una vía de escape segura.
—Indira —Dijo Jimy—ven acá vamos para donde estará tu oficina.
—Exacto. Discúlpame Salazar me tengo que ir.
—Bueno como usted desee, sabe que siempre estaré para ayudarla.
Era tan repulsivo que no sabía si vomitar o reírse, pero hasta en su punto más indeseable, también guardaba cierto atractivo por esas palabras.
Reconfortaban
Dio dos pasos y se colocó a la par, con Jimy, entonces el indico que la siguiera con un gesto amable, ella le brindo una sonrisa y le siguió con parsimonia. Recorrieron un amplio pasillo en donde se podía ver el reflejo de las personas en el piso, una prueba de que estaban siempre bien cuidados. Ella admiro que aquellas instalaciones estuvieran tan bien cuidadas, rápidamente llegaron a una oficina al otro extremo de la sala de profesores, ¿Por qué estaba tan lejos? Bueno es que Indira no solamente iba a ser aquella que dictara las clases de inglés, a los profesores comunes no se le daba una oficina para ellos solos, Indira iba a ser aquella que manejara todos los casos sobre abusos en la escuela, entonces tenía que tener un espacio adecuado para ella, abrieron la puerta, adentro esperaban sin tiempo unos estantes señoriales que parecían de la biblioteca central del estado, y algunos escritorios simples. Nada de lujosos paneles en donde poner tablets para conferencias, como estaba acostumbrada en la universidad. Era un gran cambio que estaba abordando. Por suerte la oficina tenía una pequeña ventana por donde podía verse a una parte de la cancha de futbol. Sería perfecto para coger el aire y relajarse después de cada clase.
—Aquí podrá trabajar a gusto, y si necesita algo hágalo saber.
—Sí, estoy muy agradecida.
—Nosotros somos los que estamos agradecidos, tener a alguien tan excepcional como usted trabajando con nosotros nos hace sentirnos muy honrados.
—Vale no es para tanto me vas a hacer sonrojar.
—¿Tuvo problemas con algún estudiante?
—Para nada me parecieron monos en realidad.
—Bueno sabe que si tiene algún problema me tiene que decir a mí.
—Tranquilo le avisare si pasa algo.
—Por ultimo—Él la miro de arriba abajo— Sé que usted es partidaria de usar vestidos cortos y ser muy femenina, pero si pudiera traer algunos vaqueros que estén a la moda sería mejor, ya que como decirlo, puede ser una distracción para los estudiantes.
—Perdone—Ella se horrorizo— no lo pensé, y tampoco volverá a pasar, me lo puse porque me desperté muy tarde esta mañana.
—Descuide.—Dijo sugerentemente.
—Oiga profesor Jimy, ¿sabe usted donde hay un bar cerca de aquí?—Jimmy arqueo una ceja antes de responder.
—A dos cuadras de aquí. Hay uno muy bueno.
—Gracias.
—¿Le gusta beber?
—Para nada, solo me tomo unas copitas para relajar el cuerpo y voy a casa.
—Ok le entiendo, parece que hace lo mismo que yo, aunque yo lo hago con cigarrillos.
—Vale, los cigarrillos son malos causan cáncer.—Dijo Indira acusadoramente.
—Si pero que remedio.—Jimmy se encogió de hombros.
—Puede dejar el vicio si se lo propone.
—Lo sé solo es que… me gusta mucho. No se quede hasta tarde las calles son peligrosas.
—Tranquilo solo revisare unas cosas en mi ordenador y luego me iré a casa directamente.
Jimy salió de la oficina a cubrir sus asuntos, ella acomodo un poco el resto de papeles importantes que estaba haciendo, saco su portátil y encomendó varias tareas, entre ellas busco la planificación que estaría dispuesta a dictar para los chicos, y al pensar en chicos, recordó la imagen de Yosem. Ahora volvía a su cabeza con más fuerza, ese chico era de lo más atractivo y tenía aquella esencia que lo hacía indómito. Su rostro impasible lo hacía incomprensible, era como tratar de descifrar alguna de las estatuas del campus.
Fue a la ventana para tomar algo de aire fresco y al asomarse pudo ver a Yosem abandonando la institución ¿ya saldría de clases? ¿O se escapaba? De verdad él era alguien más que único en la vida, como alguien podía ser tan atractivo y no tener siquiera una chica a su lado, aunque fueran decisiones tempranas a su edad, el resto de chicos parecía tan inmaduros y tan niños que apenas mostraba un interés por ellos, pero con Yosem era todo lo contrario, él era más centrado, solitario por lo que pudo ver en pocos minutos y concentrado en su labor. Eso lo hacía ver más maduro que cualquier otro que estuviera a su alrededor. Sin mencionar aquellos buenos par de brazos que pondrían loca a la misma afrodita si lo viera, como profesora sabía que ese chico tenía problemas, pero como mujer quería solucionarlos con una buena dosis de sexo.
Indira vio como Yosem se montaba a una moto ¿sería suya? Pensó al instante, pero luego solo vio como arrancaba apresuradamente mientras dejaba una nube de humo blanco elevándose por el cielo.
Ella regreso a los papeles y en menos de una hora había terminado con ellos, rápidamente comprobó que hora eran en su pequeño relojillo de muñecas, como era temprano decidió ir al bar que le recomendaron, cogió su bolso y los llevo hasta el coche pequeño que había comprado hacia un par de años atrás, entonces prendió el motor y luego condujo las dos cuadras que Jimy dijo. Las carreteras por aquella parte de la ciudad eran más estrechas que lo común y a Indira le costó muchísimo estacionar el carrito.
Más tarde entro al bar, un lugar con una fachada parecida a la de un barco pirata, con algunos barriles de madera que hacían como sillas y mesas de madera rustica interpuestas con una tabla, una decoración que inducia a un caverna del siglo catorce, comparado con las que habían cerca de la universidad, esta era más acogedora, entro sin problemas hasta que pudo encontrar un lugar bonito en la barra en donde sentarse a tomar unas cuantas cervezas para luego irse a casa, espero a que alguno de los camareros le atendiera.
Yosem llego con cinco minutos de retardo, tuvo que conducir hasta su casa para cambiarse de ropa y además volver para el bar, entro por la puerta de atrás, en donde su jefe ya lo esperaba de antemano con los brazos cruzados, sabía muy bien que un reproche vendría después de eso, como si adivinara el futuro el jefe le dio un buen regaño por llegar tarde, calmándose y pensando en cuanto le había costado conseguir este trabajo solo fue al probador para cambiarse de ropa y empezar la jornada que dudaría hasta las doce de la noche como mínimo, farfullaba quejas en su boca, pero era la única fuente de ingresos que tenía por los momentos, y con cada colaboración que le estaba pidiendo la escuela para los actos y honorarios de la graduación tenía que mantenerlo, así tuviera que partirse en tres para poder mantener todo con normalidad.
Des pues de ponerse aquel vestuario tan ridículo; que consistía en un pantalón que parecía sacados de las aventuras de Peter Pan y unos zapatos puntiagudos, abrió la puerta de mala gana y salió a atender a la gente de la barra, estaba lleno como de costumbre, atendió a dos hombres que estaban en la parte más próxima de él y también atendió a la chica morena que siempre venia y le ponía conversa, nunca salían ni nada pero eran buenos amigos que siempre se mantenían informados, Luciano también venia en las noches solamente para pasar el rato y ayudarlo en las ocasiones que estaba muy atareado, él era el único amigo que había mantenido desde que salieron de la escuela, porque el resto se habían alejado continuamente. Yosem siguió atendiendo gente que llegaba, hasta ir a otro extremo de la barra que estaba pasando por alto, se acercó atendiendo a unas mujeres mayores que se lo comieron con la mirada, luego de atenderlas fue más allá, para quedar petrificado como una piedra al ver a la figura de su profesora de inglés Indira sentada en la barra, mirando al horizonte y jugando con su cabello. Enseguida trato de escaparse, pero Indira volteo la mirada como lo hizo cuando estaban en clase y lo reconoció inmediatamente.
—Yosem—Pronuncio.
Él no sabía qué hacer, pero si sabía cómo comportarse y fue por la segunda opción que era más rentable, que salir corriendo y dejar todo así.
—Hola profesora.
—Yosem no sabía que trabajabas aquí.—Declaro sorprendida.
—¡Eh! Pues lo hago porque necesito el dinero y bueno creo que ya estoy grande como para cuidarme solo.
—Vale que coincidencia, me impresiona que un chico de tu edad haga estas cosas, los demás solo están concentrados en… bueno en otras cosas.
Yosem respiro hondo, control era lo que necesitaba para ese momento. ¿Qué hacía le pedía la orden o le pedía los tópicos para la tarea de mañana?
—Profesora cual va a ser su orden.
Ella pensó por un momento.
—Tráeme una cerveza y unas papas fritas creo que con eso basta.
—Enseguida.
Yosem hizo lo que pido Indira, al momento llego con un plato lleno de papas fritas y una cervezas de las grandes para su profesora. Aun no sabía cómo tratarla, en la escuela era su autoridad pero allí en ese bar, era su ¿amiga?
—Aquí tiene profesora—Él puso las cosas en la mesa.
—No tiene que decirme profesora aquí.
—Pero…
—Indira estará bien—Le interrumpió sin dejarlo hablar—, sabes por alguna razón te considero un amigo, creo que me tomare más libertades contigo.
—Profesora—Él la miro indignado y a la vez conforme
—Yosem porque no te sientas y me cuentas acerca de ti.
—Tengo que trabajar.
—¿Cierto, a qué horas sales?
—¿Profesora usted me está tirando los tejos?
Indira tuvo ganas de reír, aquel comentario había dado en el clavo, si bien una parte de ella quería llevárselo a su departamento y hacerle el amor hasta que su cuerpecito de adolescente hormonado quedara encima de ella, dormitando como un bebe, también quería conocerlo un poco.
—Si te digo que sí, tendrías problemas con tu novia.—Pero la profesora era inteligente.
—No tengo novia.—Exclamo vanagloriándose de aquel hecho futil.
Indira quería levantarse de la silla a bailar la danza de la lluvia, esa era una de las noticias más buenas que le pudieron dar ese día, pero… ¿Por qué se alegraba por la soledad de ese chico? O mejor dicho ¿Por qué se alegraba de su soltería?
—¡Vaya no me lo esperaba!
—¿Y usted su novio no le haría preguntas si la escuchara diciéndome esas cosas?—El chico no solo tenía unos músculos abultados parecía que sabía jugar con la psíquica de las personas.
—No tengo perro que me ladre.—Indira subió sus brazos hasta la barra y posándolos a la tabla se inclinó un poco—Estoy disponible Yosem.
—Pues yo tampoco lo esperaba.
Algo en el corazón del muchacho creció y lo hizo ser más ligero, que sería aquello que le invadió en el estómago, solo era una atracción física nada más, al tener a una chica tan sexy como su profesora no podía contenerse, entonces dejo la conversa en pausa por algunos momentos para atender a los demás clientes que llegaban, Indira se mantenía atenta, no iba a soportar que una devoradora se le acercara solo para hacerle cosas malas, como su profesora de inglés estaba destinada a protegerlo, ella era la única que tenía derecho a comérselo con la mirada, pero aquello que parecía un más lindo del muchacho, era que no se fijaba como el resto de mujeres parecía que se lo iban a violar, pero el parecía no entender. Eso le gusto a Indira la hacía sentir un poco más aliviada, y cuando él venía a conversar con ella, y las demás los veían juntos, se hinchaba más de orgullo, presumiendo al chocolate de primera que tenía en su posesión aunque solo fuera en sus fantasías.
—Volví.—Él se colocó en la barra. La barra impedía verlo bien, pero con solo aquellas vistas espectaculares de sus hombros anchos y voluminosos tenía una idea de lo delicioso que estaba.
—¿Yosem por esto es que no quieres aceptar la propuesta de ser el estudiante guía?
Una pregunta importante, porque Yosem no sabía cómo venía esa mujer, si como su profesora o solo la recién conocida.
—Profesora tengo muchos problemas para que se lo voy a negar, estoy lleno.
Ella gruño.
—¿Estarás lleno hasta para echar un polvo?
—Profesora.—Yosem miro a todos los lados avergonzado.
—vamos digo la verdad solamente.—Indira tomo la cerveza y bebió hasta la mitad de la misma de un solo trago, parecía a uno de esos camioneros que siempre frecuentaban el bar.
—Creo que eso tampoco es una tarea sencilla.
—¿Echar un polvo?—Indira arqueo una ceja anonadada.
—No es una cosa sencilla.
Por el modo en que Yosem se puso, Indira pudo pensar varias cosas hasta que dio a una deliberante idea absurda para ella, aunque tenía que comprobarlo.
—¿No me digas que eres virgen Yosem?
El tartamudeo y pensó en varias respuestas, aunque siendo acribillado de esa manera no podía siquiera pensar en las cosas que vendrían de esa mujer, estaba a la merced de sus encantos.
—Entiendo—Dijo ella al ver como el chico no respondía.
—No piense eso de mi profesora. Ósea no salgo casi con chicas, y tampoco soy gay, pero… es que quiero que sea algo especial.—Los ojos de Yosem se dilataban poco a poco, Indira se llenó de exquisitez, ¿cómo un hombre podía ser tan tierno y a la vez tan alfa?
—Creo que esa frase la dicen las chicas.
—Bueno no solo ellas.
Indira vio como otros dos estudiantes que antes estaban en el salón de clases entraban al bar.
—¿Ellos también trabajan aquí?—Pregunto.
—No. Solo viene por mí.
Yosem no se cansaba de escuchar la voz de su profesora mencionándolo, lo llenaba de alegría lo llenaba de placer, quería escuchar esa voz gimiendo de placer entre sus brazos, aunque los más descabellados pensamientos llegaban cuando ella estaba enfrente. Tal vez ni siquiera se pudiera controlar cuando estuviera desnuda en sus brazos. Yosem inmediatamente fue a detener a Luciano y a Marrwon, quienes siempre lo visitaban en el bar, cuando este los vio sentándose les dijo que ni se atrevieran a mirar para donde estaba la profesora. Los chicos acataron perfectamente, Luciano le dio una palmada y un consejo para cuando pasara lo siguiente. Dejándose de hacer ilusiones Yosem recorrió el pasillo para volver a la barra, Indira estaba esperando mientras jugaba con su cabello, eso lo ponía como un león salvaje, esa mujer lo iba a terminar devorando si no se cuidaba.
—Volví de nuevo.—Exclamo.
—Yosem me gustaría saber más de ti, y como dices que siempre estas ocupado para sacar una cita te hare una propuesta.
—¿Cual es profesora?—Dijo torpemente.
—Fácil trabajaras para mí y yo te pagare, solo los sábados y los domingos, ordenaras mi casa y también te encargaras del jardín.
—Pero ya tengo un trabajo.
Ella resoplo. El hombre era terco no sería fácil hacerlo cambiar de opinión.
—¿los fines de semana también?
—No.
—Entonces vendrás a mi casa los fines de semana y haremos algunas cosas, eso es todo, te pagare cien duros por los dos días, creo que es más de lo que te pagan aquí.
La suculenta oferta estaba aún más suculenta quien la hacía, cien solo por hacer unas cosas era un regalo, en el bar a duras penas le pagaban cincuenta a la semana y la propina de algunos piadosos que por lastima dejaban un par de billetes enrollados por ahí, con esas propinas Yosem compraba cigarrillos para relajarse por tanto estrés. Últimamente entre todo fumaba con más regularidad.
—Vale pero quiero pedirle algo profeso… —Al ver que ella le iba a dar un coscorrón por volver a llamarle por su título de docente él se corrigió y continúo— Indira vale, Indira, tienes que prometerme algo…
A Indira le encanto como los labios pesados y completamente morados pronunciaban su nombre con tantas ganas, quería sentir esos labios por todo su cuerpo.
—¿Qué es?
—Me dejaras dormir hasta tarde vale.
Ella rio.
—Vale dormirás todo lo que quieras, solo debes venir después de las doce a mi casa y empezaremos con lo del trabajo.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué aceptaba más trabajo del que ya tenía? Es que ella lo estaba manipulando como quisiera, ella podía hacer con él todo lo que quisiera, es que aquella belleza era tan potente que podía traspasar todos los escudos que alguien pudiera tener. Indira también estaba al tope, ¿Para qué había convocado a Yosem para hacer aquellos trabajos? El jardinero siempre dejaba todo en su lugar y no quería despedir al buen Ernesto, pero también tenía la necesidad de tenerlo cerca, conocer que cosas tan dolorosas ocultaban aquellos ojos que brillaban en la oscuridad, quería escuchar su nombre pronunciado por esa boca, quería contemplarlo, quería acariciar su cabellera, quería tenerlo. Lo deseaba.
Yosem fue a servir otros tragos a la vuelta trajo una cerveza a la chica.
—Indira toma otra cerveza.
—Claro.
Indira tomo la cerveza mientras que rosaba sus dedos con los de Yosem, ahí pudo sentir un pequeño calor que le causo un chisporroteo inmenso, esas manos eran como las de un jornalero, duras y callosas el trabajo no era en vano, era alguien que frecuentaba cosas duras.
—Yosem quiero bailar porque no me acompañas.
Yosem inmediatamente trago saliva, se le paro el corazón, y le temblaron las piernas, —Aunque lo último lo disimulo por detrás dela barra— todo se le estaba viniendo encima, parecía irreal aquella escena tan infame, una chica tan explosiva como ella no podía estar pidiéndole que bailara, no era posible, a él, el estudiante más malo de toda la escuela, al que consideraban criminal pero que no lo era, solamente fue un error del pasado lo que le llevo a ser lo que hoy todos conocían.
—Indira estoy trabajando.—Apunto señalando con los ojos a la barra atiborrada de gente tomando.
—¡Vamos!—Ella se inclinó por encima de la barra, hasta que parecía que iba a besarlo.—Tengo ganas de bailar, quiero bailar, y tú eres el único con quien puedo hacerlo. —Miro a un hombre que no era en lo mínimo como Yosem pero que sabía, que iba a estar dispuesto a bailar más de una pieza con ella—O lo hare con él.
Yosem sintió unos celos enfermizos que casi le provoco una gastritis en su estómago. Pero tampoco quería permitirse ellos bailaran acaramelada mente enfrente de sus narices, en lo absoluto.
—No, lo hare yo—Declaro con autoridad, esa autoridad que le encantaba a Indira.
—Así me gusta.—Ella aplaudió un par de veces.
Rápidamente fue a la mesa en donde estaba Luciano y le dijo que le cubriera, le explico todo por el camino, Luciano alucinaba con cada cosa que espetaba la boca de Yosem, con una sonrisa algo vaga accedió a ayudarle en todo lo que pudiera, y se quedó detrás de la barra atendiendo a dos hombres que estaban compitiendo, querían comprobar quien podía tomar más cervezas. Los brazos de Yosem estaban sudorosos, y además estaba casi temblando, tenía nervios y no sabía qué hacer, esa mujer lo estaba volviendo loco solo con mirarla, podía ver a través de él, es como si estuviera en su mente y lo dominaría continuamente, tenía que ser cuidadoso para no perder la razón, acto seguido se lavó en el lavamanos del baño, se echó agua en la cara y con aquello que puedo conseguir se arregló un poco, aunque no dejaba de estar ridículo con aquellos zapatos puntiagudos con los que parecía al genio del Aladino. Pudo conseguir sus vaqueros, pero con los zapatos no pudo hacer nada, solo esperar a que Indira no se fuera a reír y salir corriendo suyo gritando descontroladamente.
Salió del baño y fue a la parte de adelante, salió por una pequeña puertecilla de debajo de la barra y fue a ponerse al frente de Indira. Ella estaba esperándolo. Subiendo y bajando un pie, ella era una mujer tan sensual, seguramente no le gusta esperar y él ya lo estaba arruinando todo.
—¿Te hice esperar mucho?—Ahora con una ropa más decente se presentó nuevamente.
—Para nada, me encanta este estilo. Aunque lo que más llama la atención son los zapatos. No pensé que te gustaría el Aladino.
—Es… una decoración que nos obligan a usar aquí en el bar.
Ella rio dulcemente.
—Profesora debo admitirlo, no se bailar.
—Entonces yo te enseño no hay problema con ello.
¿Por qué ella hacia todo eso por él? El resto de los profesores siempre lo acusaban de ser una porquería de alumno y además una sola vez pudo hacer un amigo, que fue Marrwon, aunque no lo hubiera conocido si Luciano no se lo presentaban, Indira tomo los dedos de Yosem entre los suyos, una llama enardecedora se apodero de su cuerpo, ahora estaba envuelto, la profesora corrió entre las mesas escabulléndose para llegar a donde quería, una pista de baile para los dos, otras parejas también bailaban a buen gusto, pero ellos querían esa pista solo para ellos. Indira acorto más los centímetros entre sus cuerpos dejándose sentir y sintiendo aquellos rígidos músculos, de verdad era un hombre escondido en el cuerpo de un muchacho, ella giro bruscamente y quedo a centímetros de la boca de Yosem. Pudo contemplar mejor la belleza de ese indómito personaje, Yosem se hinchaba poco a poco, la profesora era aún más sensual cuando estaba en ese modo tan fresco y natural, cuando explicaba la clase se contenía porque su imagen estaba de por medio, pero ahora que estaban ellos dos solos, solo pensaba en besarla hasta hacerla gemir.
Ambos se detuvieron en medio de dos parejas que estaban bailando con parsimonia, ella deslizo sus manos por los fuertes antebrazos de Yosem estos parecían una viga de cemento, ambos brazos los deslizo con sensualidad hasta sus hombros, donde apretó fuertemente al finalizar. Yosem ya tenía la respiración trabajosa y su m*****o duro, tan duro como el piso en donde estaban parados. Las caricias de Indira eran más fuertes de lo que pensaba, si eso nada mes eran sus caricias, no quería imaginar lo que podía pasar después. Y no quería imaginarlo, solo quería vivir aquel momento idílico mientras su corazón latía fervientemente como una locomotora, Indira también podía sentir como el corazón de Yosem estaba desbocado, Indira le encanto como se esforzaba por calmarse, era una buena señal también sentía aquel deseo que ella sintió desde el comienzo. También se estaba excitando aquel cuerpo duro y rígido también pasaba factura. Aunque se le estaba haciendo agua la boca y no solo eso…
Ella empujo sus brazos y lo obligo a permanecer en la cintura.